lunes 09 de diciembre de 2019 - 9:45 AM

La Ruta del Misterio en Santander: Las Ruinas de Cantabria

En 1529 fue Fundada una tierra, la cual dicen, era habitada por los guane. Este lugar, próspero y que prometía ser un foco de desarrollo económico de la región, un día desapareció para dar paso a lo que hoy conocemos como Lebrija.
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Son muchas las historias que se tejen al rededor de Cantabria y de su desaparición. Algunas crónicas y pobladores cuentan que este pueblo, que hoy es una vereda de Lebrija, fue uno de los primeros que se erigieron en Santander y Colombia.

Visitar las ruinas de este lugar, las cuales amenazan con sucumbir ante la severidad de la naturaleza y la inclemencia del paso del tiempo, es poder revivir cómo era, cómo por sus vías y pasajes, hoy cubiertos de polvo, transitaban aquellos habitantes que la edificaron.

Aunque solo queda en pie la fachada de lo que un día fue la iglesia y a pocos metros se encuentra una edificación muy antigua, que dicen, fue la casa cural, el patrimonio más importante son las historias que se transmiten de generación en generación y hacen parte de la cultura de esta población.

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La piedra del indio

Según cuentan algunos cronistas, cuando Ambrosio Alfinger, explorador alemán y fundador de Cantabria, llegó a esta tierra, los guanes eran quienes estaban asentados y lo expulsaron. Tiempo después, esta población indígena también desapareció y al lugar llegaron personas que migraban de diferentes partes del país.

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La huella de los guane es imborrable, su paso por esta zona está plasmado, no solo en cada habitante, sino en la tierra, precisamente en 52 piedras que se encuentran en el municipio y que contienen unos grabados en donde los indígenas expresaban algunos detalles de su forma de vida.

Las cinceladas que se le dieron a algunas de estas piedras llaman la atención por las extrañas figuras que los indígenas tallaron. Hombres con cabeza extraña y objetos misteriosos en el cielo han hecho pensar a quienes las han visitado, que es probable que los guane hayan tenido avistamientos de ovnis.

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“Estas piedras se encontraron por mera casualidad, cuando mi padre estaba paseando el ganado. Por las ilustraciones, hay personas que dicen que ellos veían a los extraterrestres”, dijo Ángela Pérez promotora de turismo de Lebrija.

Otro enigma que se forma al rededor de estas rocas es que pareciera que se mueven de lugar. Aunque esto puede ser debido a la falla geológica que se presenta en la región, muchos, atribuyen a que los indígenas son los responsables de mover aquellos bienes que les pertenecieron. Además, que los espíritus de estos nativos todavía se perciben en la zona.

“Mi abuela veía a los indios salir de una peña. Ella decía que les llevaba chicote y candela. A cambio, ellos le daban una bolsa con oro”, añadió Ángela.

La historia de cómo desapareció un pueblo

Aunque Cantabria hoy existe como una vereda de Lebrija, la idea era que esta tierra fuera un poblado con un desarrollo económico importante y fundamental para el departamento.

Hay quienes dicen que, sencillamente, el terreno no era el adecuado para establecer allí un importante pueblo, otros aseguran que no había agua, y están los que afirman que el desplazamiento de Cantabria a Lebrija se produjo por la promesa de importantes vías e infraestructura.

No obstante, también se trenzan relatos sobre maldiciones, plagas, conflictos, temas religiosos, e incluso, un terremoto, lo que provocaron que Cantabria pereciera para que surgiera Lebrija.

“Aquí habían dos aldeas, la aldea del Valle de Cantabria y la aldea del Valle de Los Ángeles, hoy Lebrija. En cada uno de estos lugares había una población diferente, y entre ellos se empieza a generar una disputa para saber en qué sitio se debía erigir el municipio como tal. En el Valle de Los Ángeles, la Iglesia Católica tenía una incidencia muy fuerte, lo que provocó que muchos feligreses del Valle de Cantabria empezaran a venir a este lugar”, comentó Ramón Díaz, artista de Lebrija y amante de la historia del municipio.

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De esta manera, se podría decir que la religión estuvo involucrada en la transformación de lo que se conocía como Cantabria, pues además, añade Ramón, “el padre del Valle de Los Ángeles decía que las personas que vivían en ese espacio andaban en pecado, y que cuando venían aquí, estaban más cerca de la iglesia”.

Es entonces cuando un amigo del padre decide robar todas las noches la imagen de San Antonio de Padua, patrón de Cantabria y cuya imagen se encontraba en la iglesia, para colocarla en la iglesia del Valle de Los Ángeles y así argumentar que el santo no quería estar en dicho lugar.

Según cuenta las personas, en una de esas maniobras el padre y su amigo fueron descubiertos por los pobladores de Cantabria, quienes sin querer, dejaron caer al suelo la imagen de San Antonio de Padua y en ese preciso lugar y justo momento, empezó a brotar agua, lo que hoy es un pequeño pozo con agua cristalina que es usado por los habitantes de la zona para alimentarse.

Ademas, dicen que este líquido tiene propiedades sobrenaturales y que quien lo beba, se sanará de cualquier mal.

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Del mismo modo, según relata Ramón, hay personas que creen que el lugar estaba maldito.

Algunos habitantes dicen que eran muchas las jovencitas de la Villa de Los Ángeles que iban a visitar la imagen de San Antonio, pero los pobladores de Cantabria empezaron a hacer comentarios que asociaban estas visitas con el padre del lugar, por lo que el cura, indignado, decidió abandonar el pueblo y antes de irse sacudió sus zapatos y exclamó que no quería llevarse el polvo de esta tierra que iba a destruirse.

“Yo creo que eso es cierto, porque aquí han venido muchos sacerdotes y nunca se ha podido reconstruir esta capilla”, contó doña Martha Lucía Gómez, habitante de Cantabria.

De lo que fue el pueblo, solo queda la fachada de la iglesia, que hoy ha sido alterada por palos y bases de cemento para impedir que colapse. Lo que dicen que fue la plaza central, hoy es una cancha de Fútbol y una escuela.

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Por otro lado, la casa cural resguarda dentro de sus paredes algunas piedras, baldosas y objetos que hicieron parte de la iglesia, el más destacado es la original pila bautismal. Sin embargo, el mejor refugio de la historia de esta tierra es la memoria de sus habitantes, que ha sabido hacerle frente a la crudeza del tiempo y al abandono del sitio, con la promesa de perpetuar la historia de aquel lugar que fue un maravilloso pueblo y que hoy solo es tangible gracias a unas pocas ruinas.

Texto: Danilo Prada Álvarez

Video: Milton Velosa Araque

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