martes 21 de julio de 2020 - 12:00 AM

“Mi hija fue abusada y el caso podría quedar en la impunidad”

Vanguardia abre este espacio pensando en las mujeres que han sido agredidas, discriminadas, abusadas o vulneradas. Buscamos visibilizar los casos que se “normalizaron” por miedo o porque no se denunciaron a tiempo, para demostrar que sí se puede hacer algo para defenderles sus derechos.
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Lorena nunca pensó que le tocaría a ella. Pero la violencia intrafamiliar y el abuso sexual la tienen hoy escondida como si fuera una delincuente y como si le debiera algo a la sociedad.

Todo sucedió cuando tomó la decisión de separarse, debido a los constantes maltratos físicos y psicológicos que recibía por parte de su pareja que, incluso, en algún momento, la violó.

Sin embargo, ese tema fue quedando en un segundo plano cuando su hija rompió un pacto que había hecho con su padre para contar “el secreto” que se mantenía entre ellos dos.

Los hechos ocurrieron un 28 de junio de 2017, sobre las 3:00 p.m. La niña, de apenas tres años de edad, había estado compartiendo con su padre. Al llegar a casa ella anunciaba dolor y ardor. Madre e hija se dirigieron hacia al baño y fue ahí cuando la menor le confesó a Lorena que al orinar sentía cosquillas “como las que papá me hace con la boca en la colita”.

Las palabras terminaron siendo un estruendo que la dejó aturdida. La confusión, el miedo, el dolor, la rabia y la incertidumbre se apoderaron de ella en cuestión de segundos.

Ante el continuo relato de la menor, en el que alcanzaba a asegurar que se trataba de solo un juego con el papá, y la existencia de unas señales casi que imperceptibles, Lorena terminó a los dos días con la menor en una clínica de la capital santandereana, por recomendación de la pediatra. La médico que la atendió por el área de urgencias, tras un examen físico y una charla con la pequeña confirmó el abuso; de inmediato se activó una ruta que, a decir verdad, no ha servido para nada.

Lo que más le duele a esta mujer es que mientras ella intentaba de todas las formas posibles brindarle protección a su hija, porque algo en el fondo de su corazón le decía que su expareja causaría algún daño, fue una Comisaría de Familia la que terminó por abrirle las puertas al abusador.

“Yo me aguantaba de todo para que este señor, en medio de las visitas pactadas ante un notario durante la separación (en 2015), no se la llevara a dormir a otro lado. Una Comisaría de Familia de Piedecuesta fue la que ordenó que se la llevara porque él tenía derecho y ahí fue que pasó eso, incluso esa señora me dijo que fuera a terapia porque yo lo que tenía era paranoia”, precisó.

Según Lorena, tenía muchas razones para no confiar en su expareja. Pero la zozobra se despertaba cada vez que la menor llegaba de las visitas con el papá, donde se quedaba durmiendo con él; pues siempre duraba como unos cuatro dìas orinándose en los pantis y diciendo que lo hacía porque “sentía cosquillas rico”.

“Cuando yo le comenté eso al médico forense, él me decía que eso ya era un signo claro de un niño que está sufriendo de abuso, pero como ella no podía hablar porque estaba pequeña, entonces no dijo nada y yo tampoco sospeché. Cuando pasó el tiempo y estaba más grande fue que contó lo que este señor le hacía”, precisó.

Después de ese oscuro 28 de junio, recuerda Lorena, la niña empezó a tener conductas sexuales inapropiadas. Se masturbaba. Lo único que decía es que haciendo esas cosas recordaba las cosquillas que el papá le hacía.

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El 4 de julio de 2017 fue interpuesta la demanda ante la Fiscalía y fue así como logró una medida restrictiva. El fiscal que conoció el caso, en ese momento, creyó sin reparo alguno en el testimonio de la niña y hasta sugirió que no le volvieran a preguntar por lo que había ocurrido. En la historia clínica el relato era claro y contundente.

Pero después de superar esta primera etapa de lo que sería un largo y abrumador proceso, la historia dio un giro. Hubo cambio de fiscal, ahora era mujer, y desde entonces está rogando que crea en el testimonio de la niña. Todo es tan confuso, que lo único claro es que la balanza está inclinada hacia el victimario, quien aún las persigue y vigila, quién sabe con qué fin.

De hecho, en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, pese a todo lo que ha ocurrido, el año pasado le sugirió que “arreglara por las buenas” e incluso determinaron que el padre tenía derecho a ver la niña y quedarse con ella.

La fiscal que está al frente del proceso inició diciendo que “el caso no era grave, porque no pasó nada más. No había secuelas físicas”.

“Tengo toda la evidencia, los dictámenes clínicos, videos, de todo, y por eso estoy pidiendo justicia. La fiscal, que parece ser tiene algún vinculo con la familia de este señor, dice que mi hija se inventó todo, que yo estoy loca, que yo quedé traumada, que debo conciliar con él. Yo lo único que quiero es que este caso no sea de un niño más abusado, y que no se subestime el tocamiento porque eso deja secuelas psicológicas”, subrayó Lorena.

Hace poco, dice, tuvo que hacerle un peritaje psicológico. La niña tiene trastorno de ansiedad, no sabe manejar emociones, no duerme tranquila y cada vez que puede se despierta asustada, buscando si su mamá está. Incluso, se culpa de la separación de sus padres.

“La fiscal, desde el 21 de agosto de 2019, solicitó precluir el caso porque supuestamente no se encontraron evidencias de abuso en valoración por psicología forense. Pero lo que sucedió es que la psicóloga cogió a la niña y le pidió que le contara lo que había sucedido, luego de llevar dos años y medio en tratamiento para evitar seguir ahondando en el tema. Entonces la niña le respondió que no quería hablar más del tema y es por esto que quiere cerrar el caso; pero no dan validez a los videos y todos los diagnósticos”, manifestó la desesperada madre en busca de justicia y de que su hija no sea revictimizada. “He tocado todas las puertas legalmente, pero no he obtenido respuesta. Yo ya no sé qué más hacer, pero necesito que me escuchen. Yo lo único que quiero es que esto no se quede impune. Incluso, el 16 de junio de 2019 me la quiso robar cuando estábamos en un centro comercial, solo que la Policía lo evitó”, puntualizó.

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El experto dice...

Fernanda Restrepo, especialista en Crianza y Parentalidad, creadora del proyecto ‘Ni una palmadita’ orientado a la prevención del maltrato infantil, en su video sobre ‘Las Mentiras y el Abuso Sexual’, asegura que el primer abuso es difícil de prevenir. Sin embargo, considera que se deben establecer estrategias para prevenirlo, ya que el abuso es repetitivo porque los niños callan, piensan que nadie les creerá.

En su intervención, aclara que “una de cada cinco mujeres reporta haber sido víctima de algún abuso sexual cuando era niña. Nadie se merece que lo abusen, el único culpable es el agresor, pero nosotros estamos en el deber de prevenir la prolongación. Lo que necesitan todas las víctimas de abuso es tener un adulto incondicional y los padres tienen que serlo porque si no quien se disfraza de adulto incondicional es el abusador”.

Por otro lado, manifiesta que la gran mayoría de veces cuando las personas se convierten en víctimas, el gran problema no es meter preso al abusador, es que la víctima no hable, no tenga ayuda, no reciba procesos terapéuticos para poder superar el trauma.

“No es justo que una persona tenga que vivir solo eso (...) Esto es real, el abuso afecta a demasiadas personas y ocurre en la infancia. Para mí el abuso sexual es una guerra. Estamos en guerra con los abusadores. Es una guerra fría donde la confianza es el recurso más poderoso y ellos tienen la ventaja gracias a la crianza con golpes y castigos que además penaliza las mentiras en los niños como si los adultos no mintiéramos nunca”, subrayó.

DATO: 92 exámenes médico legales por presunto delito sexual practicó el Instituto de Medicina Legal desde el 1 de enero hasta el 31 de mayo de 2020.

Si desea que conozcamos su caso, no olvide contactarnos a través del correo electrónico ialbis@vanguardia.com

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