domingo 09 de febrero de 2020 - 12:00 AM

‘Tengo miedo de morir a manos de mi pareja’

Vanguardia, a través de la campaña “No te quedes callada, denuncia si fuiste agredida”, abre un espacio pensando en las mujeres que han sido agredidas, discriminadas, abusadas o vulneradas. Buscamos visibilizar los casos que se “normalizaron” por miedo o porque no se denunciaron a tiempo, para demostrar que sí se puede hacer algo para defenderles sus derechos.
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Después de tres años de relación con un hombre nueve años mayor que ella, Adriana, la protagonista de este caso, a quien se le cambió el nombre para protegerle la identidad, decide separarse. Falta de comunicación y la ausencia de aquellos detalles que en un principio la habían enamorado, fueron algunos de los motivos para tomar tal determinación. Fruto de esa unión quedaron dos hijos.

Ella tomó la decisión de unirse a otro hombre, sin saber lo que le esperaba esa nueva relación. De hecho, sus hijos nunca estuvieron de acuerdo con su nueva pareja, pues la consideran como una persona celosa y posesiva.

De la casa de su familia, ella salió como si los estuviera abandonando. Tampoco estuvieron de acuerdo con la presencia de aquel hombre que había escogido ella para que fuera su nuevo compañero de vida.

Según Adriana, “nunca han estado de acuerdo con que yo esté con él. Entonces, creí que la solución era irme a vivir con él porque así estaría más seguro de mí. La verdad, todo fue un error. Las cosas empeoran cada día, los maltratos se hicieron constantes”.

Claro está que antes de mudarse a su nuevo hogar, había empezado a trabajar con él por falta de oportunidades laborales. Literalmente, todo el tiempo estaban juntos y aún así los celos excesivos no cesaban.

“Entregué demasiadas cosas por él, pero nunca me ha valorado. Siempre me grita, me insulta y me golpea. Lo que pasa es que después de tanto maltrato ahora me le enfrento y me defiendo como pueda. Ya no aguanto más y me siento sin fuerzas para seguir con mi vida”, comentó.

En su doloroso relato, esta santandereana hace eco de las amenazantes palabras y de las agresiones físicas a las que ha sido sometida por este sujeto. Se han convertido en su peor tormento.

“Me dice que un día se le va a salir el demonio conmigo y va a hacer cosas imposibles de creer. Me ha golpeado muy fuerte, también ha salido a decirme delante de la gente que ‘soy una zorra sucia, una prostituta’ y muchas palabras más que prefiero censurar”, acotó.

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Sin apoyo

Adriana, prácticamente, se ha quedado sola. El hombre con el que ella decidió compartir estos últimos años se encargó de alejarla de sus hijos, de su familia y hasta de sus amigos. No permite que le hable a ninguna persona.

El desmedido consumo de alcohol, por parte de él, ha desencadenado temor, angustia, zozobra en Adriana: “Mi vida está en peligro, es celoso, entregado al alcohol. Una hermana de él está a punto de llegar a Bucaramanga y me ha amenazado también porque él las llama a decirle bajezas mías”.

Voz del experto

Gina Elizabeth Pineda Garzón, psicóloga, magíster en Ciencias Biomédicas y consultora de violencias de género y feminicidio, fue la experta consultada por Vanguardia para analizar este caso.

A su juicio, allí existe un ciclo de violencias en contra de Adriana por su condición de ser mujer; el cual, por lo general, involucra diversas modalidades de violencias, como la psicológica, sexual, física, económica y simbólica.

“Estas violencias, que son una forma de discriminación, se sustentan en una cultura que considera de menor valor a las mujeres respecto a los hombres. Se avala el control sobre las decisiones, cuerpos y vidas de las mujeres, se naturaliza el castigo cuando la mujer se aparta de los roles sociales que le han sido impuestos, y se vulnera su libertad, autonomía, dignidad e integridad”, comunicó.

Pineda Garzón aseguró que en la narración de la víctima se aprecia un continuum de violencias ejecutado por su compañero sentimental, caracterizado por maltrato físico, verbal y psicológico, evidenciándose riesgo de feminicidio.

“La misma víctima percibe que su vida se encuentra en peligro, resultando indispensable la prevención y la protección; reconociendo, además, que el riesgo de feminicidio involucra tanto las violencias perpetradas por la pareja como las amenazas realizadas por familiares de este”, precisó.

¿Existe delito?

En este sentido, se hace necesario hablar de la presencia del delito de violencia intrafamiliar, que viene enmarcado por los hechos de violencias psicológica y física perpetrados por el compañero permanente.

En consonancia con instrumentos internacionales de derechos humanos de las mujeres ratificados por Colombia, toda forma de violencia y discriminación contra las mujeres por razón de su género debe ser investigada seriamente y sancionada.

“Resulta urgente que sea valorado el riesgo de feminicidio y sean brindadas las medidas de protección y atención integral con perspectiva de género que precisa la víctima, así como la garantía de los derechos a una vida libre de violencias y al acceso efectivo a la justicia”, subrayó la experta.

Ella recomendó, tanto para la víctima como para las mujeres que experimentan una situación similar de violencias, disponer de acompañamiento psicológico y asesoría jurídica, con miras al reconocimiento de sus derechos y de las violencias en su perjuicio; asimismo, abordar temáticas sobre aspectos emocionales y posible red de apoyo; implementar medidas iniciales para su protección; conocer y activar la ruta de atención para mujeres víctimas de violencia y en riesgo de feminicidio.

Si bien la víctima puede acudir a las autoridades, también tiene la posibilidad de iniciar un acompañamiento psicosocial y orientación jurídica especializada que le fortalezca en instituciones y organizaciones de mujeres de su región. En el caso de Bucaramanga se encuentran, entre otras, el Centro Integral de la Mujer y la Fundación Mujer y Futuro.

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¿Cómo detectar la violencia psicológica y física?

En este caso, según la consultora de violencias de género y feminicidio, fueron aspectos como:

*Conductas de control, dominio y cosificación reflejadas en la actitud de celos y las manifestaciones de posesividad del agresor sobre la víctima. Generalmente enuncian un sentido de propiedad sobre la mujer, como si se tratara de un objeto del cual puede disponer.

*Maltrato verbal a partir de gritos e insultos a modo de castigo y humillación, con miras a generar perjuicio emocional a la víctima.

*Conductas del agresor tendientes a evitar o limitar la red de apoyo y afectiva de la víctima (hijos, familia, amigos y amigas), incluyendo la destrucción de artículos personales de la víctima como su celular para generar aislamiento.

*Constante maltrato físico a partir de golpizas aunado a mecanismos combinados de violencia contra la víctima, como son expresiones sexistas en público cuando la víctima ha intentado repeler el ataque físico.

*Amenazas contra la integridad y vida de la víctima, incluso con facilitación de la violencia por parte de familiares del agresor y manipulación para evitar denuncias.

‘Tengo miedo de morir a manos de mi pareja’

¿Por qué no denuncian?

Gina Elizabeth Pineda Garzón explicó que existen múltiples factores que inciden en la ausencia de denuncia por parte de las víctimas:

*Afectación psicológica derivada de las violencias, desesperanza, dificultad en la toma de decisiones e imagen negativa de la víctima sobre sí misma.

*Red social y familiar deteriorada debido al control ejercido por el maltratador.

*Temor ante las amenazas del agresor de recrudecer las violencias o atentar contra la integridad y vida de la víctima y/o sus familiares.

*Desconocimiento de la víctima sobre las alternativas para finalizar la relación violenta o mantener protección.

*Vulnerabilidad social y económica.

*Desconfianza institucional ante barreras de acceso a la justicia y temor a la revictimización.

*Estigmatización y culpabilización de la sociedad sobre la víctima por “tolerar” la relación sentimental violenta.

*Manipulación por parte del agresor para justificar las violencias infligidas o para convencer a la víctima de continuar la relación.

*Deseo de la víctima de no “causar daño” al agresor con la denuncia o por las represalias que el maltratador pueda tener, una vez sean denunciadas las violencias.

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