lunes 06 de abril de 2020 - 1:27 PM

Una fe que alimenta

El confinamiento en nuestras casas, como medida para prevenir el virus del COVID-19 no puede ser una excusa para encerrarnos en nosotros mismos. En estos tiempos de crisis es importante sacar nuestro lado más humano, así como el padre Álvaro José Prada, quien se ha dedicado a ayudar a los más afectados por el aislamiento.
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Sin duda alguna, el COVID-19 transformó el mundo, sobre todo porque cambió la forma de vivir de millones de personas. Nos hizo enfrentarnos a una realidad que, creíamos, solo sucedía en las películas.

Uno de esos drásticos cambios ha sido apartarnos físicamente de los demás. Se le ha llamado aislamiento preventivo, el cual tiene como fin evitar que haya cada vez más infectados. Colombia es uno de los países que ha decretado esta medida y pese a que se ha hecho un llamado a mantener la calma y estar positivos, para muchos es imposible evitar sentir incertidumbre.

Esta época nos ha obligado a aislarnos, pero no socialmente, como se dice, sino de forma física, y aunque es sabido que cada quien tiene sus propias preocupaciones, están los que también han tomado su tiempo para pensar en los otros. Algo bueno de esta pandemia es que ha demostrado que se puede ser solidario, que podemos sacar nuestro lado más humano, sobre todo con los más afectados.

El deseo de ayudar es más fuerte

Salir en estos días, para muchos, puede ser un acto de valentía. La recomendación es que se haga por lo estrictamente necesario. No obstante, el padre Álvaro José Prada sale todos los días a las 5:00 de la tarde y al frente de su parroquia, la iglesia episcopal San Pedro y San Pablo, de lunes a domingo les brinda un alimento caliente a cincuentas personas que lo necesitan. Pero, también, los jueves, sábados y domingos, en el parque centenario, alimenta a cerca de 300 personas que no tienen hogar, aquellos que antes salían a rebuscársela, y ahora, por motivo del aislamiento, no pueden salir a trabajar.

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“Son personas que viven en la calle, que trabajaban del día. Muchos se dedicaban a vender dulces, minutos, tintos, café. Es gente que en este tiempo de cuarentena no ha podido trabajar, o pedir limosna”, cuenta el padre Álvaro.

Por supuesto, esta hermosa labor no la realiza solo, a su lado hay varios voluntarios de la parroquia que deciden romper con la medida de aislamiento para cocinarle, con dedicación y amor, a todas las personas que con ilusión y alegría reciben ese plato de comida.

Detrás de aquellos rostros de agradecimiento están decenas de adultos mayores, personas en situación de discapacidad, madres cabeza de familia, niños, migrantes y habitantes de calle, trabajadores que fueron desalojados de las pensiones porque ya no tenían cómo pagar su cuarto. Para esta gente, desde que inició la cuarentena, el padre Álvaro y sus feligreses han sido un amparo, pero sobre todo una bendición.

“Esta obra nace, no solo por el hecho de ser seguidores de Jesús de Nazareth, sino también nace desde un punto de vista humano, de ayudarnos entre nosotros. Todo se financia con donaciones que dan las personas. Para que ellos no tengan que ir hasta la parroquia, yo voy hasta sus casas, recojo los alimentos y bendigo sus hogares”, expresa el padre Álvaro.

Por otro lado, el padre Álvaro explica que aun cuando esto es una obra de caridad, él y sus colaboradores no pasan por alto las recomendaciones que han dispuesto las autoridades sanitarias para no infectarse con el virus. Si bien, todos los días se arriesgan a salir de sus casas para ayudar y aportar su ‘granito de arena’, son conscientes que el COVID-19 no es un juego y deben protegerse.

“Nosotros hacemos la fila de forma organizada, como lo ha decretado la secretaría de salud, dejamos que haya dos metros de distancia, usamos tapabocas, guantes, desinfectante y guardamos todas las normas de salubridad para no tener ninguna dificultad con las autoridades.”, expresa el padre Álvaro.

Una fe a prueba de cualquier virus

Hay algunos que dicen que, en tiempos difíciles, la fe es lo que nos da fuerza y motivación para esperar por el cambio, para tener paciencia de que todo pasará. El padre Álvaro, desde su condición de sacerdote es consciente de ello, por eso, desde que se decretó el aislamiento, ha hecho lo impensable para que todos sus feligreses reciban esa palabra que, ante esta situación, puede llenarlos de regocijo.

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Así, aprovechando todas las herramientas que tiene a la mano y deshaciéndose de todas las barreras físicas, con su celular y una conexión a internet, empezó a transmitir sus eucaristías por videos en directo de Facebook, algo que nunca pensó hacer, pero que se ha ‘gozado’, pues, a pesar de que no está físicamente con sus feligreses, ha aprendido a interactuar mucho más con ellos y salirse de lo convencional. Además, desde su apartamento en el piso diez, asomado en su balcón y con un parlante, también ha podido dar las misas.

“En donde vivo, todo el mundo sale a sus balcones a escuchar la eucaristía. También, gracias a que afortunadamente existen los medios electrónicos, hemos transmitido nuestras celebraciones por el Facebook live. Todos los días me conecto a las 8:00 de la noche para hablar, no solo de padre a feligreses, sino como amigos, vecinos, hermanos, de una forma muy tranquila, relajada. Compartimos la palabra, nos reímos, hacemos chistes, adivinanzas. Es algo muy especial”, dice el padre Álvaro.

Así, de manera simultánea a la labor de alimentar a cientos de necesitados, en donde se pierde la cuenta de los kilos de alimento que gasta diariamente, desde su posición, también aporta a la calma, a la esperanza, guiado por las palabras de un ser supremo en el que muchos muchos creen y ponen en sus manos esta situación.

De esta forma el padre Álvaro es un hombre de destacar, pues nos recuerda a muchos que, por más que estemos confinados, no debemos encerrarnos en nosotros mismos, que es posible voltear nuestra vista hacia los demás, pensar, tener empatía. Y sí, aunque no podamos salir de nuestras casas, lo único que se necesita es un corazón que abrace y manos que, hasta más no poder, se extiendan para ayudar.

*Si ustede desea ayudar en la labor del padre Álvaro, puede comunicarse al 3123233176 o hacer su donación a la cuenta de ahorros Bancolombia 79571997008*

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