lunes 30 de marzo de 2020 - 10:54 AM

Conservar la calma desde la ‘trinchera’ de un supermercado

Aunque algunos no los reconocen, los que trabajan en los supermercados también son ‘héroes’ que siguen laborando por usted y por mí. Esta es la historia de su oficio en tiempos de COVID-19.
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Hace algunas semanas, el mundo entero pudo presenciar el pánico que produjo el coronavirus en miles de personas. En redes sociales se compartían videos y fotos de supermercados y tiendas desabastecidas casi en su totalidad por ciudadanos que, ante el temor, querían aprovisionarse de alimentos y útiles de aseo.

Aunque las imágenes eran impresionantes y algunos usuarios comparaban la situación con la de cualquier película de suspenso, era una realidad que parecía lejana porque se producía en China, algunos países de Europa y Estados Unidos, lugares en donde ha ocurrido el mayor número de infectados por el COVID-19. Pero esa lejanía aparente se disipó desde el pasado 6 de marzo cuando se confirmó el primer caso en nuestro país -ya van más de 702 infectados confirmados y diez muertos por la enfermedad- y los colombianos hoy somos los protagonistas de esas escenas.

En Bucaramanga, por ejemplo, hace dos semanas, antes de que se decretara la medida del aislamiento preventivo obligatorio, se compartían distintas fotos y videos que mostraban cómo la mayoría de estantes de los supermercados quedaban vacíos. A pesar de los llamados a mantener la calma, en el área metropolitana y en el departamento, se registraba un pánico colectivo que parecía replicarse en todo el territorio nacional.

El martes de esta semana, luego de que casi todo el país estuviera en cuarentena durante el puente festivo, las personas se volvieron a aglomerar en distintos lugares, algunos de ellos, las tiendas y supermercados.

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Si bien la intención es que todos nos quedemos en casa, están aquellos que deben salir, no solo porque son necesarios para proteger la integridad y la salud de los ciudadanos, o porque realizan labores que son indispensables para que la sociedad siga con su curso habitual. No obstante, los cajeros y quienes trabajan en las tiendas y mercados deben seguir trabajando, no pueden quedarse en sus hogares porque su oficio también es importante para todos nosotros, así, en ocasiones, no lo veamos de esa manera.

Trabajar a pesar del miedo

Cada día, Andrea* toma un bus de Metrolínea y se dirige a su trabajo, uno de los almacenes de cadena más importantes a nivel nacional. Allí labora como cajera desde hace dos años, y aunque puede llegar a ser difícil por los horarios que maneja, el tiempo que dura de pie y porque tiene que lidiar con el carácter de los clientes, para ella es una bendición porque puede estudiar y ayudarle de alguna forma a su familia.

Andrea se ha enfrentado a ‘viernes negros’, ‘madrugones’, ‘trasnochones’ y temporadas de descuentos, pero asegura que nada de eso se compara con el auge frenético de compras nerviosas que ha desatado el COVID-19 en las personas.

“De un momento a otro, la gente empezó a llevar mucho mercado. Llegaban al almacén asustados por las imágenes que mostraban de otros países donde desocupaban los estantes de comida. Se escuchaban comentarios de que tenían que llevar cosas antes de que aquí pasara lo mismo”, relata.

Sí, ella, como sus compañeros, fue testigo presencial de la histeria generada por el virus, y a pesar de lo que vio y de los comentarios de la gente, la regla era mantener la calma, la serenidad y no dejarse afectar.

“Fue como una bomba, todo se disparó de una forma muy loca. El martes colapsamos, ese día no quedaban frutas ni verduras. En la tarde llegó pedido de nuevo y volvimos a surtir, pero la gente volvió y se llevó todo. No era que se presentara desabastecimiento, solo que iban una cantidad exagerada de clientes al mismo tiempo y no llevaban un solo artículo, sino varios”, cuenta.

Entre los artículos que más llevaron los clientes se encontraban el arroz, las verduras, las frutas y las pastas. También hubo mucha gente que llevó carnes y enlatados, “algunos se dieron el lujo de llevar bastante trago”, comenta.

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De inmediato el temor también se apoderó de ella y de sus compañeros. Aunque en el almacén sí había productos básicos de la canasta familiar, era imposible encontrar alcohol, gel antibacterial y tapabocas. Incluso, hubo momentos en los que los mismos trabajadores tuvieron que ingeniárselas para desinfectar con vinagre blanco.

“Para esos días las ventas se registraban el doble. La gente llevaba mercados de millones, uno se quedada impresionado, hasta a mí me dio miedo y pensé que me tocaba comprar algo, si no me iban a dejar sin nada”, dice.

Otros ‘héroes’

Muchas personas son las que tienen que salir de sus casas a trabajar. Andrea y sus compañeros hacen parte de ese grupo. Por eso, ante esta crisis, el tema de transportarse ha sido complicado, porque aunque los horarios de la empresa se han modificado, la flota de buses es menor, por lo que a veces recurren a taxis o los llamados ‘colectivos’, que significan un gasto más de dinero y que no reducen el riesgo de contagio.

Por otro lado, como en todas las organizaciones, Andrea asegura que en la empresa donde trabaja se están tomando las medidas necesarias para proteger la salud de sus empleados y de los clientes que los visitan. No obstante, les es imposible negar que ella y sus compañeros sienten miedo al estar en constante contacto con distintas personas, las cuales, muchas de ellas no cumplen con los cuidados que el gobierno y la Organización Mundial de la Salud han recomendado para evitar la propagación del COVID-19.

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“Nosotros estamos expuestos, quizás no tenemos la labor tan importante de salvar vidas, que ahorita son las personas que más necesitamos, pero de todas formas nos estamos arriesgando, no solo los cajeros, sino los de seguridad, limpieza y demás. La gente debe tomar las medidas necesarias y mercar de forma responsable, que vayan por lo necesario. La invitación es que también nos consideren a nosotros, porque también tenemos a seres importantes en nuestras casas y no queremos que nada malo les pase”, expresa.

Así, aunque trabajadores como ella no usen batas ni estetoscopios y la ovación de aplausos no vaya dirigida hacia su labor, sí son héroes, porque cada día deben salir de sus casas, dejar a sus familias e ir a trabajar, para servirle a usted, a mí, a nosotros, porque aunque a veces no lo reconozcamos, están para facilitarnos las cosas, están porque son importantes.

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