En un interesante conversatorio, en el marco de la Feria Ulibro 2024, se contaron las historias que unen al puerto petrolero y a Barranquilla a través del río Magdalena.

El río Magdalena es un testigo, no tan ‘mudo’ por cierto, de una gran cantidad de historias que se tejen a lo largo de sus orillas.
En su curso, que abarca amplias extensiones de Colombia, une y desune realidades, llevando consigo los ecos de relatos ricos y diversos de dos grandes ciudades: Barrancabermeja y Barranquilla.
Se trata de dos mundos que son puertos que florecen a orillas de este gran río; y que comparten un destino marcado por la mezcla de culturas, donde los cuentos de propios y de aquellos que llegaron de lejos, se entrelazan con las tradiciones.
El Magdalena, con su caudal interminable, ha sido el hilo conductor de estas historias, cargando en sus aguas las voces de diferentes generaciones que, como el río mismo, se adaptan, fluyen y perduran.

Tales argumentos, en síntesis, se escucharon en la Mesa de Literaturas Regionales que se vivió en la Feria Ulibro y en el marco del panel que se tituló: ‘Lo que cuenta el río Magdalena’.
Óscar Daniel Campo y Tawny Moreno, bajo la moderación de Leonardo Gil, disertaron sobre los cuentos de esfuerzos y las luchas de hombres y mujeres que construyeron los dos puertos.
Por un lado está la capital petrolera de Colombia, en donde todo giró en torno al oro negro, un recurso que transformó la región y atrajo a personas de todos los rincones del país.
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Barranquilla, por su parte, refleja en sus aguas la historia de una ciudad cosmopolita, un crisol de culturas donde la influencia extranjera ha dejado una huella indeleble en su desarrollo.
En ambas ciudades, el Magdalena ha sido testigo de cómo las visiones del mundo, traídas por quienes se establecieron allí, han enriquecido su tejido social, creando un mosaico de tradiciones, costumbres y perspectivas que, al igual que el afluente, se entrelazan dando forma a la identidad única de cada una.













