Lesiones, soledad, la pérdida de su padre y un regreso inesperado: Diego Novoa habla en Vanguardia de los momentos que marcaron su carrera y de lo que hoy significa Bucaramanga para él.

Hay futbolistas que llegan a una ciudad buscando un nuevo equipo y terminan encontrándose con algo más. Diego Novoa llegó al Atlético Bucaramanga después de cerrar una etapa de casi tres años en Millonarios, el club de sus amores, y lo hizo en un momento en el que su vida personal y deportiva atravesaba una situación completamente distinta a la que cualquiera podría imaginar.
Hoy, después de ser figura en los triunfos 3-1 ante Once Caldas y Junior, el arquero comienza a escribir una nueva historia en el arco del conjunto auriverde, pero detrás de sus actuaciones hay una vida marcada por decisiones, golpes, sueños cumplidos y otros que todavía están pendientes.
Novoa aceptó conversar con Vanguardia precisamente porque quería salir, por un momento, de ese personaje que normalmente aparece frente a los medios. “El 98% de las entrevistas nuestras siempre es con el disfraz puesto, hablando como profesional, hablando del rival, hablando de lo que sucedió”, explicó.

Por eso, esta vez decidió hablar de Diego, el hombre que existe detrás de los guantes, el padre de familia, el deportista apasionado por distintas disciplinas, el hincha de Millonarios, el hombre que tuvo que aprender a convivir con la soledad y también aquel que, en algún momento, pensó seriamente que su carrera había llegado a su final.
Bucaramanga, una ciudad que conocía de oídas
Su llegada a Bucaramanga también significó un cambio importante en su vida. Durante gran parte de su carrera estuvo cerca de su familia en Bogotá, donde tenía a sus padres, hermanos, esposa e hijas. Por eso, instalarse solo en una ciudad diferente no fue sencillo. Antes de venir ya había escuchado hablar de Bucaramanga, una ciudad que a nivel nacional muchos llaman la ‘Ciudad Bonita’, pero fue hasta que llegó que pudo comprobarlo por sí mismo.
“Sólo los que conocen comprueban que es realmente la ciudad bonita”, contó entre risas. Sin embargo, más allá de lo agradable de la ciudad, el proceso de adaptación tuvo una parte difícil. “Los primeros 10 días fueron caóticos acá en Bucaramanga porque estaba muy solo y pues me costó adaptarme a esta nueva vida”, reconoció.

Poco a poco comenzó a construir su círculo en la ciudad. En el equipo encontró a Félix Charrupí y Freddy Hinestroza, mientras que también ha conocido personas cerca de donde vive. Aun así, admite que todavía le falta ampliar ese grupo porque es una persona que disfruta mucho estar acompañada. La distancia con su familia pesa, especialmente porque decidió que sus hijas no se trasladaran con él para evitarles un nuevo cambio de colegio y de entorno.
Publicidad
No es una situación ajena para los futbolistas. Novoa sabe que detrás de cada transferencia existe una familia que también tiene que adaptarse a una nueva ciudad, nuevos colegios, nuevos vecinos y nuevas rutinas. Por eso entiende que la carrera de un jugador no solamente implica cambiar de camiseta.
La amistad que encontró con Cristopher Fiermarín
En el vestuario del Bucaramanga también encontró una relación especial con Cristopher Fiermarín. Aunque ambos llegaron para ‘“competir” por el puesto, entre los dos nació una amistad que Novoa describe como “única”.
Fiermarín se ganó rápidamente el puesto como titular y sus buenas actuaciones hicieron que Diego Forlán, técnico de la Selección de Uruguay, lo convocara para la gira de amistosos en Asia. Fue entonces cuando apareció la oportunidad para Novoa.

Pero no la vivió desde la rivalidad. Todo lo contrario. “La conexión que tuvimos con Christopher de entrada fue única”, contó. Según explicó, ambos tienen una amistad muy transparente y comparten el deseo de que al Atlético Bucaramanga le vaya bien. Incluso asegura que ha celebrado las atajadas de Fiermarín y que cuando su compañero es figura, los dos lo disfrutan.
Esa relación terminó siendo todavía más importante cuando llegó su oportunidad de jugar. Mientras Fiermarín estaba con Uruguay, Novoa asumió la responsabilidad del arco y respondió con dos actuaciones sobresalientes.
Un regreso al fútbol después de pensar en dejarlo
La historia detrás de esos partidos es mucho más profunda. Novoa llevaba casi cuatro meses sin competir y venía de atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida. Su papá había fallecido hacía dos meses y, después de ese golpe, había perdido la motivación para continuar jugando.
Publicidad
No era la primera vez que pensaba en abandonar el fútbol. Años atrás, las lesiones también lo llevaron al límite. Estuvo tres años y medio fuera de las canchas y llegó a decidir que no volvería a jugar. Sin embargo, personas cercanas de La Equidad, entre ellas el médico, el presidente y Alexis García, lo ayudaron a levantarse y regresar.

Esta vez apareció Juan Carlos Quintero, actual entrenador de arqueros del Atlético Bucaramanga y quien había trabajado con Novoa durante 13 años en La Equidad. Quintero lo conocía profundamente y fue quien consiguió convencerlo de regresar. “Él me trae de vuelta al fútbol, me recupera físicamente, me recupera anímicamente, psicológicamente y estoy acá es por él”, aseguró.
Por eso, cuando tuvo que salir al campo en Manizales para enfrentar a Once Caldas, no estaba simplemente jugando un partido. También estaba enfrentándose a una decisión que meses atrás parecía definitiva.
Antes del inicio se arrodilló y pensó en su papá. “Pa’ esto es para usted”, recordó que le dijo. Después llegaron los 90 minutos, dos pases gol, una actuación sobresaliente y el reconocimiento como figura del partido. Para Novoa, sin embargo, el verdadero premio fue otro: sentir que había podido cumplirle a su padre.
Publicidad
“La vida del futbolista es una mentira”
Novoa también habló de una realidad que pocas veces aparece en las transmisiones o en las fotografías de los equipos: la vida del futbolista puede parecer perfecta, pero no siempre lo es.
“Todo es mentira”, dijo cuando se refirió a esa burbuja en la que viven los jugadores profesionales. Hoteles, viajes, alimentación, ropa y comodidades hacen parte de una realidad que desde afuera puede parecer ideal, pero que no necesariamente representa lo que ocurre cuando el jugador tiene que enfrentarse a la vida cotidiana.

Y él lo aprendió de una manera dolorosa.
En 2011 pasó de disputar un torneo aficionado en Bogotá a jugar una final del fútbol profesional colombiano con La Equidad. En apenas seis meses pasó de cero a cien. Su teléfono no dejaba de sonar, las invitaciones aparecían por todas partes y tenía una gran cantidad de personas alrededor.
Publicidad
Hasta que llegó la lesión.
Un mes y medio después se rompió el primer ligamento de la rodilla y, de repente, el teléfono dejó de sonar. Novoa recuerda que revisaba constantemente el celular pensando que se había dañado, pero la realidad era otra: quienes estaban alrededor cuando todo iba bien habían desaparecido.

“Simplemente cuando se acaba cambian de estación”, explicó al recordar aquella experiencia. Para él fue un golpe psicológico muy fuerte y una de las primeras grandes lecciones que recibió en el fútbol. Desde entonces intenta transmitirles esa experiencia a los jóvenes para que no tengan que aprenderla de la misma manera.
De las lesiones a aprender quién estaba realmente
Aquella etapa también le enseñó a distinguir entre las personas que realmente estaban con él y quienes solamente disfrutaban de su buen momento. Novoa incluso habló de esos “amigos sanguijuelas” que aparecen cuando todo marcha bien y desaparecen cuando llega una dificultad.
La experiencia le dolió, pero también terminó formando al hombre que es hoy.

Por eso, cuando mira hacia atrás y le preguntan qué le han quitado los años de carrera, responde que prácticamente nada. Considera que todo lo que ha vivido, incluso los momentos más difíciles, hizo parte de su formación.
Tiene más de 23 años de carrera, una familia, hijas, títulos, experiencias en equipos grandes y una historia que comenzó casi accidentalmente. No siente que tenga motivos para reprocharse.
Sherman y lo que significaba llegar a Bucaramanga
Antes de convertirse en jugador del Atlético Bucaramanga, Novoa también tuvo referencias del club y de la ciudad a través de personas que conocían el entorno. Entre esas voces estuvo Sherman Cárdenas, quien le habló de lo que significaba Bucaramanga y de la importancia que tiene el equipo para la región.
Pero una cosa es escuchar historias y otra vivirlas.

Ahora Novoa está conociendo de primera mano la relación entre el club y la ciudad, el ambiente del estadio Américo Montanini y la manera en que la gente ha comenzado a recibirlo después de sus primeras actuaciones.
Llegó como alternativa de Fiermarín y terminó teniendo una oportunidad inesperada. La aprovechó y, en apenas dos partidos, pasó de ser una cara nueva a convertirse en uno de los nombres de los que más se habla alrededor del equipo.
El niño que soñaba con Millonarios
Si hay una camiseta que tiene un significado especial para Novoa es la de Millonarios. Toda su familia es hincha del equipo y durante años escuchó la misma pregunta: ¿cuándo iba a jugar allí?
Hubo un momento en el que él mismo dejó de creer que ese sueño pudiera cumplirse. Millonarios tenía a Álvaro Montero y Juan Moreno, ambos en buen momento, mientras Novoa estaba en América de Cali atravesando una situación personal y deportiva complicada.

Entonces apareció Ricardo Salazar, ‘Pitirri’, quien le preguntó si quería ser arquero de Millonarios.
Novoa no lo dudó.
Terminó su contrato con América incluso sin tener un acuerdo firmado con Millonarios y todo quedó inicialmente en una cuestión de palabra. Finalmente llegó al equipo y tuvo la oportunidad de disputar más de 50 partidos durante casi tres años.
Pero de todos ellos hay uno que guarda especialmente.
Su primer himno en El Campín.

“Fue muy, muy lindo verme con la camiseta, con mi gente, con mi familia en la tribuna y cantando el himno que tantas veces cantaba mentalmente, pero que llevaba en el corazón”, recordó.
Ese día sintió que aquel niño de la fotografía que llevaba el uniforme de Millonarios finalmente había cumplido su sueño.
Un error también puede enseñar
Su salida de Millonarios no fue como la había imaginado. Novoa quería continuar en el club, pero los directivos tomaron otra decisión. Uno de los momentos que marcó esa etapa fue el error ante São Paulo en Brasil.
Más allá de la equivocación, el arquero reconoce que aquella experiencia le dejó una enseñanza importante: no mezclar la pasión con el profesionalismo.
“Al final de esos últimos partidos con Millonarios dejé salir ese hincha”, reconoció.

Fue una forma de entender que incluso cuando se defiende la camiseta que uno ama, el futbolista tiene que mantener la cabeza fría y actuar como profesional.
Todavía le quedan tres sueños
A pesar de lo que ha conseguido, Novoa no siente que su historia esté terminada. En su proyecto de vida, elaborado al comienzo de su carrera junto a un psicólogo deportivo, todavía aparecen tres objetivos: ganar un título internacional, jugar con la Selección Colombia y disputar fútbol en el exterior.
Con la Selección ya estuvo en microciclos y partidos amistosos, aunque no en encuentros oficiales. Por eso todavía considera que ese sueño no está completamente descartado.
“De resto nada es imposible”, aseguró.
Y quizá esa frase explique buena parte de su historia. El hombre que comenzó siendo arquero por un castigo, que pasó de un torneo aficionado a una final profesional en seis meses, que estuvo tres años y medio lesionado, que dejó de escuchar su teléfono cuando más necesitaba compañía, que cumplió el sueño de jugar en Millonarios y que después pensó en abandonar el fútbol, hoy vuelve a sentirse futbolista.
En Bucaramanga encontró una oportunidad cuando menos la esperaba.
Encontró a Juan Carlos Quintero para convencerlo de volver, a Cristopher Fiermarín para compartir el arco y una nueva ciudad que apenas empieza a conocer. También encontró dos partidos que le devolvieron sensaciones que creía perdidas.
Y quizás eso sea lo más importante de esta nueva etapa de Diego Novoa: no llegó al Atlético Bucaramanga solamente para reemplazar a un arquero durante unos partidos. Llegó cuando necesitaba volver a creer en él mismo.

















