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Miércoles 07 de octubre de 2026 - 01:00 AM

La otra cara del tren

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Nos subimos al tren. Bueno, no específicamente a un tren, pero sí a dos vehículos que se movilizan por la vía férrea. En un trayecto fue en una “chiva”, como popularmente se conoce, una especie de vagón con ventanas “destapadas”. De regreso fue en un ferrobús, la carrocería de un bus modificada para desplazarse sobre la carrilera.

Debo confesar que ambos vehículos llamaron mi atención por su estructura y operación, pero, además, ver el ingenio de las personas para mantener vivo un modo de transporte que conecta pasajeros con sus familias, sus trabajos, sus escuelas y sus actividades cotidianas. También, ver a la comunidad esperando en las estaciones, ver un vagón destinado a la carga: mercado, electrodomésticos o cualquier elemento de gran tamaño que encuentran en el tren una alternativa práctica para movilizarse. Todo un sistema funcionando.

Mientras muchos pensamos y hablamos del transporte férreo como una apuesta por la competitividad, la movilización de carga, la reducción de costos y tiempos o la disminución de emisiones, para otros el tren es, sencillamente, el medio que les permite llegar a su destino, sea por accesibilidad, practicidad o costos y ha estado presente siempre en sus vidas.

Esa es la otra cara del transporte férreo en Colombia. No el de los renders, las grandes inversiones o las APP, sino el que todos los días moviliza alrededor de 200 pasajeros entre Barrancabermeja, Puerto Parra y Puerto Berrío, a través de sus 3 frecuencias diarias.

Y es que mientras en el país hablamos de que el tren está regresando, aquí, como en Boyacá, nunca se fue. De hecho, el conductor de la “chiva” en la que viajamos fue trabajador de los antiguos Ferrocarriles Nacionales de Colombia. Después creó una cooperativa para el transporte férreo de pasajeros y, por esas vueltas de la vida, hoy está vinculado a este sector como empleado de la empresa que presta el servicio de transporte de pasajeros.

Detrás del transporte férreo hay oportunidades, progreso y desarrollo, pero también hay historias. Hay familias cuya vida ha girado durante generaciones alrededor de locomotoras, vagones y carrileras. Por eso, cuando hablamos de recuperar el tren en Colombia, hay que mirar también ese tren que ya existe. El que no necesita que le expliquemos que los rieles pueden ser una oportunidad, porque hace años forman parte de su cotidianidad.

Quizás el gran desafío no sea solamente volver a poner en funcionamiento las vías férreas, sino lograr que esta infraestructura pueda servir cada vez mejor a quienes nunca dejaron de usarla y, por supuesto, también a quienes quieran hacerlo en el futuro.

Para algunos, el tren es el futuro. Para otros, siempre ha sido el presente y su pasado.

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