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Domingo 25 de julio de 2010 - 10:04 AM

Dos atrevidas de la confección, que nunca se conocerán

Vanguardia Liberal decidió seguirles la pista durante una tarde de trabajo a estas amantes de la costura y el diseño. Aunque viven en mundos distantes, la española Ágatha Ruiz de la Prada y la monteriana radicada en Bucaramanga, Sixta Carrillo Pastrana, coinciden en creatividad y empuje para aprovechar muy bien su talento.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE xmontanez@vanguardia.com

Ágatha Ruiz de la Prada, sinónimo de realeza, ícono de la moda pop y dueña de un centenar de tiendas en todo el mundo pasea por uno de los centros comerciales más importantes de la ciudad gozando su fama, mientras Sixta Carrillo Pastrana, corta y zurce bonitas piezas ‘made in Santander’ labrando el camino que ya ha recorrido la famosa española. No se conocen, y muy posiblemente nunca lo harán. Tampoco las prendas que crean y confeccionan son materia de inspiración en ellas. Sin embargo, el amor por los colores intensos, los trazos sin rumbo, el diseño de prendas poco convencionales y la creatividad puesta sobre el cuerpo, las unen en la escena de la moda. Definitivamente ambas maestras en su propio entorno -el arte de la confección- que pierden su fama a la hora de enhebrar una ajuga, de pegar un botón, de buscar las aplicacionespara una prenda y de reconocer el trabajo de sus ayudantes. Es en espacio íntimo de la costura en el que tanto Ágatha como Sixta son las mismas. Acompañando a estas dos mujeres, Vanguardia Liberal encontró que en el mundo de vestir a los famosos se ganan méritos, pero crear con ganas y con creatividad es lo único que le permite alcanzar la cúspide y encontrar seguidores.  Ágatha en la pasarela bumanguesaSe despertó preocupada en un lujoso hotel de la ciudad pensando en los 30 trajes que escogió para mostrar en el desfile de ropa infantil de la feria Eimi y que aún no habían tocado tierra santandereana. Esperó calmarse con la cita que tenía programada para ser maquillada y peinada, y así llegar a la rueda de prensa citada a primera hora del jueves. Pero la sorprendió la entrada de una mujer inexperta en el arte de la belleza.   Sumando las dos cosas, Ágatha Ruiz de la Prada en su primer día en Bucaramanga explotó de la ira y canceló toda su agenda del día.Bastó la hora del almuerzo. El caluroso recibimiento de los empresarios del evento logró calmarla y así disfrutar como en otras oportunidades de una nueva visita a Colombia. Tranquila, descomplicada, detallista y agradecida. Así se comportó durante el recorrido que hizo con Vanguardia Liberal por uno centro comercial de la ciudad. Los que la conocían y no recordaban su nombre, decían 'es la mujer de los corazones y de los colores ‘chinches’'. Ella creía pasar desapercibida a las miradas bumanguesas, pero cuando vio que sus seguidores de un momento aparecieron a su espalda, de inmediato quiso cambiar sus sandalias. Gritó: '¡Joder!, que no quiero que vean así, tráiganme las zapatillas'. Como una niña recibió regalos, dio consejos de moda a las mujeres que se le acercaron y pidió ser llevada a la tienda donde ofertaban sus productos. 'Nunca pensé que en Bucaramanga todos fueran tan organizados. Tienen jefes de prensa, asistentes de administradores en las tiendas, trabajan mucho ustedes', dijo.Finalmente, pudo hablar de moda, pero nunca con precisión, 'La precisión se necesita cuando estás cortando una tela o cuando das vida a una figura. En el mundo de la moda cualquier cosa puede suceder. Yo, a estas alturas del año, estoy completamente descerebrada', respondió.Al hablar del reconocimiento y admiración que le tienen en tierras colonizadas por sus antepasados, sonrío, y a pesar de querer explorar en diversos temas sus diseños, hay uno en el que duda ‘meterle la mano’: El Bicentenario. 'Muy difícil el tema, lo intentaría. Fue hace 200 años, no lo sé, es un tema un poco ‘dificilillo’ para crear', añade.  El tema mundialista no pasó desapercibido y menos cuando su país tiene en su poder la Copa Mundo 2010. No aseguró lanzar una colección inspirada en ‘la roja’, pero tampoco lo descartó. '¡Campeones, ha sido la pera! La verdad es que el único partido que he visto  enterito en mi vida. Cuando dijeron media hora más casi me da un ataque. Yo estaba allí por apoyar, pues no entendía nada', explicó. Si de consejos de moda se trata, de la Prada no duda en pedir a las mujeres colombianas que usen lo hecho y diseñado en su país. 'Me han dicho que la nueva primera dama de Colombia es espectacular y guapísima. No la conozco, pero creo que se tiene que vestir siempre de diseñadores colombianos, claro, que si va hacer una excepción que lo haga con mi marca', pidió. Finalmente, supo que sus vestidos estarían para el desfile del viernes y el relax fue total. No se complicó con nada y reveló en medio de las cámaras y el público su cumpleaños. Según varios portales de entretenimiento cumplió 50 años, pero que ella prefirió dejar el tema en interrogantes. 'Bueno a lo que vinimos dijo', refiriéndose a la colección que trajo a Bucaramanga, una retrospectiva de sus diseños de ropa infantil. Pero más allá de modelos y de tendencias, dejó en claro su fuente de inspiración, su hija quien ahora tiene 19 años. 'Cuando ella tenía 2 años, el almacén Corte Inglés me pidió una colección infantil, fue el ‘boom’ de mi vida, empecé a vender de verdad con los niños. Creo que el primer año vendimos 700 mil trajes sólo en España', aseguró. Como buena aprendiz, recordó que todo le costó mucho trabajo, pero las horas de sueño, las tardes de trazos y los disgustos con los colores terminaron regalándole zapatos, los calcetines (medias), las gafas, las mochilas, botas, bufandas, guantes y abrigos, entre otros artículos inspirados en su pequeña hija.Aseguró que no tiene secretos, pero que si a alguien debe agradecer su labor es a las costureras, que según ella, ahora están muy de moda. 'Hubo algunos años en los que se deshumanizó la moda y ahora la tendencia en general es demostrar que hay una persona detrás de cada traje, que lo hace con cariño, que lo hace con tiempo y con calidad. Es lo que se ve y lo que hay que reconocer', asegura. Antes de despedirse y sin muchos detalles, dijo que su amor por los artesanos colombianos no es sólo de boca, también es de vínculos laborales. 'Estoy preparando un trabajo sobre el folclor de Colombia pero voy despacito. Es con artesanos que trabaja en Bogotá. No sólo conocerán ropa, sino toda clase de artículos, como siempre', concluyó.

Sixta, antes, durante y después de la función Como buena representante de la región Caribe, Sixta Carrillo Pastrana se mueve en los colores fuertes y llamativos, en los ritmos musicales y la adrenalina. Y lo define su profesión, modista y diseñadora empírica de trajes de espectáculos y de eventos de porrismo. Es una tarde de prueba de vestuarios y Sixta no se ve afanada. Sus clientes, estudiantes de un colegio privado de la ciudad la esperan para probarse las faldas cortas y los chalecos que lucirán durante los espectáculos de porrismo. Sabe que la prueba es importante y que de esto depende un nuevo contrato. Sin embargo, al ver el rostro de las adolescentes que portan sus diseños más se inspira para que ellas se vayan contentas.  'En esto hay que estar tranquilo, paciente, detallista y sonriente. Ellas me conocen y saben que con calma todo resulta', añade. En medio de agujas, telas y moldes fue contando su labor. 'Llegué a la costura por los uniformes que he le hecho a mis tres hijas. Compraba el primer uniforme y de ahí les hacía el resto del vestuario. Las mejores promotoras de la ropa que hago siempre han sido ellas', cuenta. Su salto al mundo de la danza y el teatro lo dio en la obra ‘El jorobado de Notre Dame’ hace más de 10 años en una clausura del Colegio La Presentación. Desde ese momento ha sido las más querida y buscada en la ciudad para este tipo de vestuarios, cargados de velos, bordados y finos detalles. Sin embargo, es enfática al afirmar que no es fama sino trabajo, creatividad y dedicación lo que la han llevado a ser ‘al dura’ en el tema en toda la ciudad. También fueron sus hijas las que la llevaron al mundo del porrismo. Una de ellas estuvo compitiendo y en medio de un entrenamiento le comentó a su profesor de la habilidad que tenía su mamá Ahora goza de gran reconocimiento en colegios y universidades por su labor, a la que se le suma la costura de uniformes especiales para jornadas de interclases, en las que ha llegado a elaborar hasta 400 trajes en un solo pedido. 'Creo empatía con las personas. Siempre voy con lo que la gente me pida, comunico lo que ellos quieren sin dejar de lado mi criterio. Los productores de espectáculos saben lo que quieren y yo los sigo. Así es el negocio', añade. A pesar de su reconocimiento en el medio, asegura que el diseño de este tipo de vestuarios no es constante y que esto la bloquea para lanzarse al mundo de la moda con un taller. 'Una empresa genera muchos costos que a lo mejor no voy a poder pagar. Mejor sigo dándole trabajo a mis costureras de talleres satélites, a las que he tenido que enseñarles todo mi arte para sacar una producción de calidad. Por eso no me arrepiento', explica. No se preocupa por la competencia, asegura que si necesitan de su trabajo ella con mucho gusto puede colaborarles. 'Bucaramanga es un mercado muy bueno para dedicarse a la producción de ropa de espectáculos. Las clausuras de colegios cada año son mis pasarelas, es el gran desfile de cierre de mi temporada de producción y de trabajo', comenta con orgullo. De Colombia admira al diseñador Alfredo Barraza, a quien define como alguien sutil y colorido por sus diseños. De vez en cuando también le gusta Silvia Tcherassi.Sobre Agatha Ruiz de la Prada sabe que diseña de todo un poco, pero asegura que siente empatía con ese tipo de personas porque a ella también le gustaría hacer cosas así. Pero mientras no pula lo que tiene, no se mete en otro negocio, afirma.'Mi hija tiene un perfume de Ágatha Ruiz de la Prada y le encanta. Hasta en eso mis hijas me ayudan para que aprenda y conozca a otras personas que trabajan en lo mismo que yo hago', asegura.Un día, queriendo formarse como diseñadora, descubrió que no tenía empatía con las escuelas y muchos menos cuando supo que en cuatro meses de estudio sólo iba a trabajar diseñando una falda. 'Con tanto oficio en la casa y yo demorándome tanto en eso. ¡Fue terrible!'. Finalmente me salí'. Afirmó que el gusto por la moda lo heredó de su madre, a quien veía cocer durante horas. A pesar de que ella le insistía en que aprendiera otra cosa, además de su formación como asistente de trabajo social, Sixta nunca la escuchó. 'Estoy en lo mío, es lo que importa. Algún día volveré a mi tierra para descansar o a lo mejor para seguir creando', concluyó.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE xmontanez@vanguardia.com

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