La empresa a la que estaba afiliado el bus intermunicipal que conducía, no había pagado la extorsión mensual a la guerrilla y por eso lo secuestraron. Todo ocurrió en un caserío de Saravena conocido como Los Bancos, ubicado antes de cruzar el río Arauca en límites con ese país. La mayor sorpresa en su cautiverio fue llegar a un campamento camuflado en la selva dotado con la mejor tecnología en comunicación.
Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE xmontanez@vanguardia.com
Sentado en la sala de su humilde vivienda en un barrio popular de Bucaramanga, Pedro Mejía Alzáte* enciende la televisión al mediodía para ver qué ha pasado luego del rompimiento de relaciones entre Colombia y Venezuela. Sin pensarlo dice de manera recia, 'todo es una cortina de humo; a lado y lado desde hace tiempo se sabe qué pasa y si Chávez no encuentra explicaciones se le puede ir hondo'. Es en ese momento cuando decide relatar su amarga experiencia después de siete meses de guardarla y de ser casi un secreto familiar. Duró 24 horas privado de la libertad, pasando de las manos del Eln a las Farc hasta terminar en un campamento de este último grupo guerrillero en tierras venezolanas. Además de soportar insultos y amenazas, de aguantar hambre, de ver a un hombre de avanzada edad encadenado a un árbol y de observar cómo daban órdenes a mujeres y hombres de las Farc para el entrenamiento, pudo ver en acción los modernos sistemas de comunicación que están a la orden de los insurgentes en el hermano país para delinquir. *Nombre cambiado a petición del entervistado. 1. La sorpresa bombaPedro Mejía Alzáte* siempre escuchó las amargas experiencias narradas por muchos de sus compañeros conductores. 'Eran asaltos en la carretera; sus vehículos eran incinerados y muchos tuvieron que pagar vacunas para regresar a sus casas. Recuerdo que uno no contó con esa suerte y la guerrilla lo asesinó. Pero otra cosa es vivirlo', asegura. Todo ocurrió el 22 de diciembre del año pasado. Pedro Mejía Alzáte* llegó a las 6:10 de la mañana junto con el dueño del bus a Saravena. Se detuvieron en una estación de gasolina ubicada a las afueras de esta ciudad para cargar combustible. En un abrir y cerrar de ojos dos hombres con cascos que se movilizaban en una motocicleta pasaron por sus lados y les gritaron: 'Ahí les queda ese regalito', y se fueron del lugar a toda máquina. Tanto Mejía Alzate* como el propietario entraron al bus, corrieron a mirar y encontraron activada una bomba. Los hombres vestidos de civil, además de ese regalo, les habían marcado el bus con un mensaje 'Farc y Eln presentes'. No les quedó más remedio que alertar al administrador y los trabajadores de la estación de servicio y correr. Asustados llamaron a la empresa para avisar lo que pasaba. Ésta a su vez se comunicó con las autoridades y al lugar llegaron el Ejército, la Policía, las Sijin y antiexplosivos a sellar el sector. 'Supieron hasta en Bogotá lo que pasaba porque llamaron a generales y ministros', dijo Mejía*. Con una grúa lograron correr el vehículo 30 metros de la estación de servicio. A las 2:30 de la tarde el grupo de antiexplosivos logró desactivar la bomba, pero según Pedro Mejía*, fue necesario explotar otro artefacto de manera controlada para destruir la bomba de la guerrilla, averiando el vehículo'. Todo salió bien y finalmente lograron llevarlos sanos y salvos hasta la Sijin para que pusieran el denuncio. Ese mismo día abandonaron Saravena en el bus prácticamente a media máquina (vidrios rotos, la cabina destruida, el piso levantado, la contrapuerta rota y sin cojín delantero). 'El bus podía andar pero estuvimos muy asustados y pensábamos todo el tiempo que nos iban a salir para matarnos. Además, no pudimos borrarle el letrero', comentó Mejía*. Luego de llegar a Bucaramanga y de pensar que todo había terminado, el día 23 en la tarde recibió una llamada. 'Era la Sijin diciéndome que tenía que presentarme otra vez en Saravena. Les dije que me presentaba el 26 temprano. Pensaba regresar ese mismo día en la noche, pero me secuestraron.2. La llegada al campamento en VenezuelaAsí narró Pedro Mejía* el día de su secuestro: 'Yo sabía desde hacía mucho que por la vereda Los Bancos los guerrilleros pasaban mercancía y que ocurrían secuestros. Llegué a ese lugar luego de que un hombre me encañonara y me subiera a un carro a la salida de la Sijin, después de dar la información sobre los hechos del 22 de diciembre. Fui escoltado por dos hombres que iban en una motocicleta. Me dijeron que eran del Eln y me dieron varias vueltas en el pueblo. Al llegar a Los Bancos, en los límites del río Arauca con Venezuela, me taparon la cabeza, me montaron a una canoa y pasamos al otro lado. Supe que iba para allá porque escuché cuando un guerrillero le dijo a otro, 'pase al otro lado de la frontera para que lo lleven al campamento'. Al pisar tierra, con la cabeza aún tapada, dimos varias vueltas; creo que caminé como 100 metros. Luego me quitaron el trapo con el que me cubrían el rostro y me dejaron en un campamento. Allí supe que mi secuestro era porque la empresa no quería pagarles una vacuna. Ellos pensaban que yo como iba con el dueño del carro el día de la bomba, también era socio y querían sacarme la plata. En medio de los insultos por un momento me aislé de todo. Qué sorpresa, así como lo muestran en la televisión, me encontraba en un moderno campamento donde primaba la tecnología. Ellos podían recoger la información que querían. Tenían computadores portátiles, antenas, radios portátiles, radios de comunicación, antenas de aire de comunicación y otros equipos sofisticados. No sé de dónde sacaban la corriente para mantener todo eso prendido. Escuchaba órdenes, que creo, eran interceptaciones a militares y policías de esa zona. No podía creer lo que estaba viendo y también como lo han mostrado en los medios, vi a un hombre de unos 70 años encadenado a un árbol, con la barba larga y la ropa vieja. Creo que llevaba mucho tiempo ahí, pero a mi llegada se lo llevaron. Vi mucha gente joven uniformada, especialmente mujeres. Algunos con armas largas y otras con armas cortas que recibían órdenes de entrenamiento. Eran como 100 guerrilleros, todos colombianos; ninguno tenía acento venezolano y tenían distintivo de las Farc. Me insultaron mucho, decían que era por culpa mía que la empresa no pagaba. Me anunciaron que se las cobrarían con mi familia. A cada rato me decían, 'ya sabe lo que le va a pasar si no paga'. Nunca supe de dónde sacaron todos los datos. Una guerrillera se acercó y me dijo que estuviera tranquilo, que no me iba a pasar nada. Ya cansado les dije que a la empresa le daba lo mismo si me mataban o no, pero ellos no me decían nada.No sé a donde llamaban, pero hablaban por radio de mi situación. Había comandantes y el resto de la tropa recibía órdenes. No dieron comida, sólo un poco de agua.Habían pasado 24 horas, eran casi las 7:00 de la noche del 27 de diciembre y yo seguía en cautiverio. Vi cuando se reunieron en una habitación y luego salieron.Sentí que mi vida llegaba a su fin cuando escuché que un guerrillero le dijo a otro: 'ya sabe chino, llévelo para el río'. Pensé, me mataron y dentro de poco me encontrarán flotando'.3. La prisa de llegar a casaPedro Mejía* cuenta que de regreso a Saravena, al parecer, hizo el mismo recorrido de ida a Venezuela, que lo montaron en una canoa y que no pudo ver nada porque tenía la cabeza cubierta. 'De nuevo en tierra colombiana me recibieron hombres con uniformes de la guerrilla, quienes me sacaron hasta un punto de la vía y allí me recogió un hombre mayor en un carro que me dejó en el centro de Saravena', explica Mejía*. En ese momento de la entrevista este hombre toma aire y descansa su relato. Se detiene a ver la noticia sonde dicen que van a eximir de impuestos a los empresarios colombianos que llevan sus productos hasta Venezuela por la crisis. 'Pero si allá casi nadie paga impuestos. Los Bancos es un caserío, un pasadero clandestino de mercancía, donde a todos les cobran la vacuna para pasar productos', añade. Corta ese momento contando: 'la guerrilla me dijo que no podía regresar a Arauca y que si en algún momento me volvían a buscar que no los hiciera esperar.' Regresó a su hogar el 28 de diciembre. Lo esperaban su esposa, su único hijo y dos hijastros. Así terminó su pesadilla en tierras venezolanas.












