Nelson Crispín está disputando sus cuartos Juegos Paralímpicos.

“Mami yo quiero ser grande”, decía nostálgico el pequeño Nelson Crispín Corzo, quien era víctima de burlas en el colegio porque era mucho más pequeño que todos los niños de su edad.
Para él, no fue fácil aceptar su discapacidad: acondroplasia, una enfermedad que afecta el crecimiento, pero en la natación y sus ganas de ser grande, no solo de tamaño, sino como persona y deportista, lo llevaron a cumplir el sueño.
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A los 12 años llegó a las piscinas olímpicas de Bucaramanga para acompañar a su hermano, que tenía pruebas para el ejército, y allí se enamoró del ‘deporte más completo’, por invitación del entrenador William David Jiménez.

“Al principio no lo tomaba muy en serio, pero en ese momento de mi vida estaba en la etapa de la aceptación de mi discapacidad, entonces me refugié en el agua”, dijo Nelson, quien en los Paralímpicos de Londres 2012 confirmó que tiene una mentalidad inmensa.
Eran sus primeras justas y solo cuatro centésimas lo separaron del podio. En aquel entonces, al pequeño en tamaño (1,35 metros), pero gigante en perseverar y superar las adversidades, le costó un poco asimilar que la anhelada presea se le escapara por poco y se puso una meta clara: ganar una medalla paralímpica.
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Un Nelson más maduro arribó a Río de Janeiro 2016 con la firme convicción de subirse a lo más alto del podio y finalmente lo consiguió.
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No fue una medalla, sino tres las que cosechó en suelo brasileño, todas de plata. Pero Nelson aún tenía la ‘espinita’ de la medalla de oro, la cual se convertía en una obsesión.
Una vez más, comenzó con todo el ciclo paralímpico, con la mira puesta en Tokio 2020, donde apostaría por la gloria: era oro, o oro. En el trasegar, el hijo de Ana María Corzo y Luis Antonio Crispín, que estudió su bachillerato en el Colegio Normal Superior de Piedecuesta y se crió en el barrio Bucarica de Floridablanca, intensificó sus entrenamientos y empezó a superarse a sí mismo, para aterrizar más fuerte que nunca a sus terceras justas.
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Fue así como en suelo nipón por fin se subiría al escalón más alto del podio, en los 200 metros combinados y, no contento con eso, logró dos platas y un bronce más.
Las ganas de ganar, para Nelson, quien también se divierte jugando fútbol y es un seguidor orgulloso del Atlético Bucaramanga, que hace poco ganó el título, no tiene fecha de vencimiento.

Todo lo contrario, el éxito se convierte en esa medicina cargada de motivación, que lo impulsa a ir por más.
A los Juegos Paralímpicos de París 2024 arribó con la meta de mejorar sus actuaciones del pasado e imponer nuevas marcas y, en su primera competencia, corroboró que la palabra ganador está estrechamente relacionada con él.
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#Deportes | 🤩🇨🇴🏊Orgullo santandereano: Nelson Crispín, medalla de plata en los 200 metros combinados de la natación de los Juegos Paralímpicos de París 2024, se mostró satisfecho por el deber cumplido, destacó a sus rivales y le agradeció a Dios por el resultado. pic.twitter.com/1LN5wVSc9W
— Vanguardia (@vanguardiacom) August 30, 2024
En los 200 metros combinados, Crispín consiguió su octava medalla en las justas más importantes, al bañarse de plata para corroborar toda su calidad.
Lo mejor, aún tiene pruebas en el camino de estos Juegos y, seguramente, sus brazos y piernas se moverán a toda velocidad, pero especialmente, el corazón de guerrero que posee, que lo empujará a la gloria.

















