En San Nicolás estaban los bares de chicas que atendían a los trabajadores petroleros. Pero cuando se acabó la refinería, esta zona se convirtió en un sector deprimido. Hoy, este barrio es un enorme ‘lienzo’ que alberga 95 piezas de los mejores muralistas del mundo.

“Arte para la Vida”. Esto decía un mural que vio Tito Bolívar en Bogotá, el cual, según él, le cambió la forma de ver el mundo. En ese momento entendió que el arte también podía transformar entornos urbanos y de inmediato pensó en su natal Aruba, en el barrio rojo de San Nicolás.
En este sector, ubicado cerca de la refinería, se encontraba la zona de tolerancia de Aruba. Durante años, los trabajadores petroleros (la mayoría extranjeros) llegaban a esta parte de la ‘Isla Feliz’ para visitar los bares de chicas y los prostíbulos para satisfacer sus necesidades sexuales. Puede interesarle: Aruba: 10 experiencias que no se puede perder en la ‘Isla Feliz’

Pero el cierre definitivo de la refinería y la decisión de desmantelarla llevó a que San Nicolás se convirtiera en un área deprimida, llena de predios en abandono. Tito Bolívar cuenta que de un momento a otro se fueron todos los trabajadores y la ciudad se quedó con las mujeres y los locales vacíos. Le sugerimos: Inauguran ruta Bucaramanga - Aruba: ¿Cuál es el potencial para Santander?
A partir del mes de junio y durante las temporadas altas, Bucaramanga tendrá un vuelo directo a Aruba con dos frecuencias semanales con la aerolínea Wingo.
El contraste fue evidente. Para muchos, Aruba es sinónimo de playas hermosas, de arena blanca y agua cristalina, de grandes hoteles y resorts, de una vida nocturna dinámica y diversa, y de una gastronomía que fusiona lo mejor del Caribe, de Europa y del resto de América.

Es, además, una isla segura, donde la gente puede caminar por la calle en las noches sin miedo a ser robada y en donde el turismo ha sido el gran motor de su economía (el 80 % de la población depende directa o indirectamente de esta industria).
Pero también está esa Aruba obrera y trabajadora, lejos de Oranjestad (la capital) o de Palm Beach (la zona rosa o de rumba).

Es la Aruba de los arubeños, de los locales. Esos que aprendieron a hablar cuatro idiomas desde pequeños (papiamento, inglés, español y neerlandés). Los que ven a la isla como un hogar y no como un paraíso tropical para vacacionar. Esa Aruba que guarda la historia de los que nacieron y se criaron en la isla.
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Son esas historias, precisamente, las que están plasmadas en las fachadas del barrio San Nicolás, donde hay a la fecha 95 murales, algunos pintados por algunos de los principales muralistas del planeta (ya hay proyectos para pintar nuevos murales).

La transformación del barrio San Nicolás en Aruba
Esta transformación del barrio San Nicolás no se dio de la noche a la mañana. Tito Bolívar cuenta que fue un proceso largo que inició hace 10 años, donde primero se le tuvo que cambiar el chip a las personas, para que vieran a Aruba más allá del turismo.
Pero con el tiempo, gracias al respaldo de la comunidad y a la llegada de muralistas internacionales que participaron de manera gratuita en la iniciativa, el proyecto comenzó a tomar forma. Artistas de distintos países, incluyendo Colombia, pintaron decenas de murales que hoy hacen parte del paisaje urbano de San Nicolás.

Esto también dio pie a la creación del Aruba Art Fair, que este año se realizará en septiembre y tiene como tema central el contacto del hombre con la naturaleza. También hay varias galerías ‘sociales’ que promueven a los artistas locales y se han impulsado programas de formación en diseño gráfico, arte tridimensional y moda.

Tito Bolívar cuenta que esa experiencia surrealista en Bogotá le enseñó que el arte tiene la capacidad de transformar ciudades y reflejar la realidad de las sociedades.
Pero no solo cambió su vida, también la de cerca de 40 creadores locales que se han entrenado con muralistas de talla mundial y hoy ya son reconocidos y apetecidos por su talento en otras partes del planeta.


















