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Martes 11 de agosto de 2026 - 01:00 AM

¿La literatura sigue en peligro?

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Con la posesión del presidente Abelardo de la Espriella, Colombia inició un nuevo gobierno y, con él, un debate sobre el rumbo de la educación. Uno de los nombramientos más controversiales fue el de la ministra de educación, Viviane Morales. Sus posturas conservadoras y sus convicciones religiosas despertaron inquietudes en algunos sectores. Sin embargo, antes de anticipar el éxito o el fracaso de su gestión, conviene recordar que el ejercicio de la función pública no responde a las convicciones personales de quien ocupa el cargo, sino al mandato de la Constitución. Colombia es un Estado laico: ese principio constituye una garantía para todos.

Más allá de quién dirija hoy el Ministerio de Educación, debemos preguntarnos: ¿qué educación necesita el país? En esa discusión, el ensayo de Tzvetan Todorov, La literatura en peligro, ofrece una reflexión pertinente.

Todorov cuestiona una enseñanza de la literatura centrada en el análisis de la forma y el estilo, y propone recuperar lo que le da sentido: su capacidad para ayudarnos a comprender la condición humana. Los libros no deberían convertirse en un ejercicio de repetición de interpretaciones ajenas. Por el contrario, en el colegio se deberían formar lectores capaces de dialogar con las obras, hacerse preguntas y construir una mirada propia sobre el mundo.

Este propósito exige revisar cómo se construye el canon literario. En Colombia se introduce a los estudiantes en obras clásicas antes de acercarlos a pensadores como Fernando González. Quizá valga la pena recorrer el camino en sentido inverso: comenzar con autores más cercanos y, desde allí, llegar a los clásicos como Homero, Platón o Miguel de Cervantes Saavedra. La dificultad no está en los clásicos, sino en cómo llegamos a ellos.

También urge propiciar lecturas que permitan comprender el horror de las guerras. Obras como La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich; Todo lo que tengo lo llevo conmigo, de Herta Müller; Esta herida llena de peces, de Lorena Salazar Masso o En la tierra somos fugazmente grandiosos, de Ocean Vuong, muestran el conflicto desde la experiencia humana y despiertan una sensibilidad frente al sufrimiento ajeno.

La enseñanza de la literatura debería fomentar en los jóvenes la capacidad de pensar críticamente y comprender otras realidades. La mejor educación no es la que enseña qué pensar, sino la que ofrece las herramientas para pensar con libertad. Ningún libro, por sí solo, es un peligro. El peligro aparece cuando una lectura se convierte en un instrumento de adoctrinamiento. Defender la libertad también significa defender la libertad de leer: sin censuras y con la posibilidad de confrontar ideas distintas.

Los gobiernos cambian, los ministros pasan, pero una educación que forme ciudadanos libres y críticos permanece.

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