Durante el 2018, la economía santandereana creció 2,2% frente al 2017. Para mantener un crecimiento sostenible, el departamento deberá avanzar en infraestructura, pertinencia de la educación e innovación en la actividad empresarial.

Publicado por: Luisa Fernanda Ruiz Villamizar
La economía de Santander sigue avanzando. En los últimos 13 años, entre 2005 y 2018, se multiplicó por 1,6 el volumen del Producto Interno Bruto, PIB, comparando las cifras entregada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, Dane y analizado en el informe del Observatorio de Competitividad de la Cámara de Comercio de Bucaramanga. El crecimiento promedio anual en este tiempo fue de 3,9%.
En el 2018, el PIB departamental se situó en 2,2%, con una participación del 6,5% en el PIB nacional. El departamento se ubicó como la quinta economía más alta del país.
“La economía de Santander tiene un porcentaje importante, y en la medida que se incrementa esa capacidad productiva será tener un rol preponderante”, aseguró Héctor Luis Romero, docente de la Escuela de Economía de la Universidad Industrial de Santander, UIS.
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Para el experto, un crecimiento positivo arrastra la economía, es necesario crecer para cerrar las brechas, tanto en desempleo como en informalidad. Si crecemos, hay posibilidad de que se arrastre una población desfavorecida, exista acceso a un trabajo y una educación de calidad.
Los sectores que jalonaron
El departamento está dentro de las cinco economías más altas, superada por Antioquía, con 3,5%; Valle, con 3,1%; Atlántico, con 4,4%; y Bogotá, con 3%.
Los sectores de comercio e industria registraron una recuperación en su dinámica, logrando un crecimiento superior al 4%. Estos renglones fueron golpeados en periodos anteriores por una disminución en el consumo de los hogares y una menor actividad manufacturera en casi todas las líneas.
Por su parte, la construcción fue el único sector que decreció, especialmente en el rubro de edificaciones, categoría que también tuvo una reducción significativa en el ámbito nacional producida por menores incentivos para la construcción de vivienda No VIS y por una baja en la disposición de la población para compra vivienda.
Romero afirmó que los estímulos que el gobierno tenía hacia el sector fueron claves para su dinámica; sin embargo al suspenderse hubo una corrección en el mercado y una desaceleración de los precios de vivienda.













