La ganadería atraviesa uno de los momentos más polémicos de su historia. Mientras crece la demanda mundial de carne, también aumentan los cuestionamientos ambientales.

Publicado por: Jael Monroy Soto y Antonio José Piñeros
El consumo y la demanda de carne de res siguen creciendo a nivel mundial, pese a la estigmatización y los mitos difundidos en contra de la ganadería y el consumo de proteína animal. Aunque el pollo ha mostrado el mayor crecimiento de consumo por su precio más accesible, se calcula que el consumo de carne de res a nivel mundial aumente al menos un 13% aproximadamente en el período 2025-34 (Perspectivas Agrícolas de la OCDE y la FAO 2025-2034).
En el mundo hay aproximadamente 1.570 millones de cabezas de ganado (FAO 2025). Con 8.000 millones de habitantes, aproximadamente el 20%, más de 1.600 millones de humanos, derivan su sustento de la ganadería y actividades relacionadas. El consumo de carne está ligado a la evolución del ser humano y su desempeño dominante en el planeta desde la prehistoria.
La ganadería en el mundo constituye un patrimonio cultural de todos los pueblos y, en su desarrollo, por necesidad de supervivencia, sostenibilidad y sentido común, se han formado los verdaderos y mayores protectores del medio ambiente y la biodiversidad. La ganadería desarrollada de forma responsable y sostenible es pieza clave en el engranaje de la producción de alimentos sanos para la población y las vacas hacen parte del ciclo natural del carbono, esencial para la vida en la Tierra.
Los herbívoros, como el ganado, son animales que pueden consumir materia vegetal, celulosa indigerible por el ser humano, y convertirla en carne, masa muscular, tejidos, hueso y leche, proteína animal de alta calidad nutritiva. Un buen pedazo de carne jugosa, bien preparada, sigue siendo una recompensa muy valorada por los humanos; su consumo produce liberación de dopamina en el cerebro, vinculada al impulso ancestral, y su costo limita el acceso a ocasiones especiales.
Actores cuyos intereses no son ganaderos han utilizado el ganado como herramienta para sus fines depredadores y, en el proceso, han afectado el buen nombre de la ganadería al vincularla con la deforestación, la degradación ambiental y el maltrato animal. Ese uso distorsionado por parte de actores ajenos a la vocación rural, que aprovechan la ausencia de los Estados en territorios remotos del tercer mundo, es una anomalía social que debe ser corregida de manera contundente y los responsables deben asumir las consecuencias de sus actos.
Pese a las críticas ambientales y los mitos que rodean al sector, la ganadería sigue siendo una actividad clave para la seguridad alimentaria mundial.
Nos corresponde la tarea de contar la historia real, derribar el mito y demostrar con ciencia y datos las virtudes y beneficios de la ganadería y el consumo de carne de res para una vida saludable.
El cambio climático no es nuevo; es un fenómeno natural cíclico e inevitable que no depende de las acciones del hombre. Al reconocerlo y entender sus causas, efectos y oportunidades, podemos formular e implementar iniciativas de adaptación que nos permitan continuar hacia el futuro produciendo alimentos sanos esenciales en armonía con los ciclos naturales.
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Estudios recientes indican que, en términos de calentamiento global y el papel de los Gases de Efecto Invernadero (GEI), la contribución del metano entérico emitido por nuestras vacas como parte de su ciclo natural es insignificante. Si de un golpe elimináramos todos los herbívoros rumiantes de la faz del planeta (aproximadamente 4.300 millones de animales), la reducción de la temperatura global sería de apenas 0,07 grados centígrados (W. Happer 2025). ¡Siete centésimas de grado!

La ganadería ha sido injustamente estigmatizada sin bases científicas sólidas. Enfrentamos una manipulación de la información conveniente a intereses ajenos a la ganadería o la producción de proteína animal. No tiene sentido apoyar y fondear inversiones en investigación y desarrollo de complejos métodos o formulación de dietas para disminuir la emisión del metano entérico que eructan las vacas. Alguien interesado en esa locura se está lucrando y no son los ganaderos. Esos cuantiosos recursos tendrían mejor destino invertidos en innovación, mejoramiento, divulgación e implementación de métodos aterrizados de producción regenerativa, mejorando la rentabilidad del productor primario.
Formular políticas e iniciativas de desarrollo agropecuario y producción de alimentos sanos requiere una comprensión científica y empírica de la realidad, los suelos y recursos disponibles, los fenómenos y las dinámicas involucradas con respecto al clima y la sostenibilidad ambiental, económica y social, sin la influencia de ideologías o presiones de ninguna índole, permitiendo una visión objetiva y la fijación de metas de transformación alcanzables con indicadores claros mediante métodos replicables de producción regenerativa y sostenible. En ese camino es necesaria una visión y comprensión de las diversas realidades y complejidades particulares de cada territorio o bioma. Es indispensable el conocimiento de hábitos, costumbres o prácticas culturales ancestrales y la evaluación del impacto por cambios donde sea necesario implementarlos. Es fundamental formular con las comunidades, no para las comunidades.
Los 29,6 millones de cabezas de ganado reportadas en Colombia se encuentran repartidas en 35 millones de hectáreas.
Las políticas y agendas de transformación y/o adaptación resultan más exitosas teniendo en cuenta al productor primario como protagonista central y motor de la producción de alimentos sanos, conociéndolo, escuchando sus inquietudes, comprendiendo sus retos, barreras y obstáculos, y descubriendo y atendiendo las oportunidades de evolución, adaptación y transformación con base en innovación y modelos de vanguardia.
El reto ganadero tiene varias implicaciones: la necesaria integración generacional que, con renovados ímpetus, valorando el conocimiento científico y empírico sumado durante años y aportando los avances vertiginosos de la tecnología y la I.A., establezcan una transición exitosa. Abordar los obstáculos con soluciones creativas en un marco de conocimiento científico y sano pensamiento crítico. La formación de redes facilitadoras entre quienes dominan las nuevas tecnologías avanzadas y los que, por la naturaleza de sus actividades diarias, no les alcanza el tiempo para estar actualizados en temas que no les son cotidianos, pero comparten causas comunes.
Los 29,6 millones de cabezas de ganado reportadas en Colombia se encuentran repartidas en 35 millones de hectáreas, el 30% del territorio nacional, con 620.807 predios, y de la actividad dependen directamente 1,09 millones de empleos (ANT-ICA-Fedegan). El DANE estima que el 42,3% de la juventud rural migra hacia las ciudades.
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En Colombia, el consumo de carne de res ha disminuido su porcentaje de participación en la torta de proteínas animales en términos relativos frente al aumento de cerdo y pollo, obedeciendo a variables como el alto precio de la carne y acciones exitosas de mercadeo y promoción del consumo de cerdo especialmente. En este contexto, la ganadería regenerativa surge como una respuesta acertada y natural a los retos de la producción sostenible de alimentos sanos.

Hemos implementado y operamos modelos regenerativos replicables de producción rentable de carne y leche de bovinos y bufalinos en trópico bajo, medio y alto colombiano. La experiencia nos confirma que la ganadería regenerativa es la verdadera definición de ganadería donde gana el ganadero, gana el suelo, gana el medio ambiente y gana el país; sencillamente observando con humildad la naturaleza, aprendiendo los cambios y sincronizando nuestras acciones con el ritmo de los ciclos naturales, vamos descubriendo el círculo virtuoso de la regeneración del suelo.
En el sistema de ganadería regenerativa se da prioridad a la salud y biodiversidad del suelo, respetando su estructura física, conociendo su valor microbiológico en términos de hongos, micorrizas, bacterias y sus interacciones, conociendo su edafofauna asociada: nemátodos, insectos, aves y otros animales que habitan el entorno. Quienes practicamos este modelo de ganadería promovemos la diversidad de pasturas, forrajes, arbustivas y árboles disponibles para los ganados dirigidos en sistemas de pastoreo racional y las especies nativas adaptadas al medio. Protegemos las fuentes de agua promoviendo acciones de aislamiento y reforestación de cuencas, eliminamos el uso de controles parasitarios con productos que mantienen efectos residuales nocivos, disminuimos la dependencia de costosos insumos exógenos, incluidos fertilizantes de síntesis química derivados del petróleo, fungicidas, herbicidas e insecticidas. Suprimimos el uso de hormonas o anabólicos promotores de crecimiento. Implementamos buenas prácticas ganaderas y de bienestar animal en nuestros predios. Promovemos la selección de biotipos por eficiencia, funcionalidad y rentabilidad dependiendo del medio y las condiciones tropicales.
En Colombia, el consumo de carne de res ha disminuido su porcentaje de participación en la torta de proteínas animales en términos relativos frente al aumento de cerdo y pollo, obedeciendo a variables como el alto precio de la carne y acciones exitosas de mercadeo y promoción del consumo de cerdo especialmente.
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Los indicadores observados por la adopción de nuestras prácticas regenerativas muestran aumento de la materia orgánica, aumento de retención de agua, descompactación del suelo, aumento de diversidad en suelo y superficie, mejora del valor nutricional de los forrajes, mejora de la oferta forrajera, mejora de la salud y bienestar de los ganados, disminución de costos de producción y mejora del nivel de bienestar social y compromiso ambiental de la población asociada.
La transformación a métodos productivos regenerativos pasa por lograr cambios de paradigmas tradicionales muy establecidos que requieren ser reevaluados a la luz de la ciencia y la evidencia. Existe dificultad en lograr la metamorfosis que implican los cambios de comportamiento que ya forman parte de la cultura particular. Y existen obvios intereses en preservar ese orden establecido. Literalmente se requiere aceptar que lo aprendido anteriormente debe ser reevaluado a la luz de la ciencia y eventualmente descartado para considerar y aprender nuevamente prácticas con una visión más integral, menos reduccionista, que amerita raciocinio, conexión y observación permanente.

Se prevé una transformación profunda a nivel de la institucionalidad y la nueva proyección de la formación académica en universidades y facultades de agronomía y ciencias naturales, zootecnia, veterinaria, ecología y otras carreras relacionadas. La acelerada evolución de las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial aplicadas al campo son una promesa apasionante en la que debemos participar los interesados.
Invitamos a los gobiernos, instituciones y a la academia a sintonizarse con esta vanguardia. El desafío es que la política pública y el establecimiento logren ponerse al día con la innovación, superando la inercia de los modelos tradicionales para abrazar, junto a los productores, este cambio de paradigma que el planeta y la sociedad reclaman.
Estamos ante el amanecer de una nueva era para el campo, impulsada por la innovación y por generaciones jóvenes listas para liderar los cambios que el mundo exige. Es nuestra oportunidad de ser exitosos en la elevada misión de producir alimentos sanos y saludables de manera rentable y consciente. Una mente abierta será siempre el terreno más fértil para que esta semilla regenerativa germine y nos beneficie a todos.













