Al menos el 91,1% de las mujeres migrantes del vecino país trabajan en Colombia en condiciones laborales informales.

Publicado por: Luisa Fernanda Ruiz Villamizar
El sueño de todo migrante es tener nuevas y mejores oportunidad laborales que les permitan mejorar su economía. Sin embargo, la realidad no siempre es como la sueñan y se enfrentan a grandes desafíos.
Este ha sido el caso de muchas venezolanas, quienes enfrentan en Colombia una precariedad laboral que vulnera sus derechos como el acceso a un trabajo decente, a salud, educación y una vivienda, entre otros.
De acuerdo con datos de Migración Colombia, a agosto de 2020, 1,7 millones de venezolanas estaban en el país, de las cuales el 44% se encontraban en condición regular y el restante irregular. Al menos el 6,2% viven en Santander.
Aunque muchas llegan al país en busca de mejores oportunidades labores, según un estudio de Cusco international en alianza con la Universidad Externado de Colombia reveló que al menos el 91,1% de ellas están en condiciones laborales informales. Si bien las mujeres colombianas también sufren este flagelo laboral, puesto que representan el 60%, la situación de las migrantes es más crítica.
A su vez, las migrantes trabajan más horas que sus connacionales, aproximadamente 42,5 frente a 37 horas, respectivamente, y sus ingresos son inferiores al salario mínimo mensual legal vigente ($877.802).
Según el Dane, la situación de quienes estaban ocupados venezolanos era precaria; el 63% percibía un ingreso mensual igual o inferior a un salario mínimo y solo el 9% cotizó a salud y el 3% a pensión.
Rezago de género
De acuerdo con Alejandro Matos, director de Cuso International en Colombia, la verdadera problemática es la brecha de género en el mercado laboral nacional.
“Tanto las mujeres colombianas como venezolanas están rezagadas en cuanto al acceso de un empleo formal y digno. No obstante, dadas las circunstancias en que llegan las mujeres provenientes del país vecino, sin recursos económicos y redes de apoyo, se enfrentan a mayores barreras para ingresar al mercado de trabajo”.
En el caso de las migrantes venezolanas, la brecha de género se hace profunda en el nivel educativo. Paola Ríos, autora del estudio e investigadora de la Universidad Externado de Colombia, explica que las mujeres migrantes tienen un nivel educativo más elevado que los hombres migrantes y las mujeres colombianas. Sin embargo, tienen un porcentaje de desempleo del 19,9% frente al 7,6% de los hombres migrantes.
“Los países más desarrollados, en su mayoría, están constituidos por un robusto tejido migratorio. Es necesario un gran pacto social que se centre en los beneficios y oportunidades que supone la migración para el desarrollo de Colombia”, agregó Matos.
Para Michael Lerner, oficial senior de desarrollo de ACNUR, existen varios factores que se asocian a la precariedad laboral y la exclusión, entre los que están: el mercado laboral colombiano tiende a excluir por sí mismo a las mujeres, colombianas o extranjeras, debido a una discriminación de género estructural que dificulta el acceso de la mujer a oportunidades laborales; segundo, que cumplen el rol de los hijos y otros dependientes del hogar, y finalmente tienen menos formación y experiencia laboral.
“El panorama laboral no es muy claro, especialmente cuando en el país por cada hombre desempleado hay dos mujeres. Deben adelantar acciones de inclusión laboral con enfoque a las mujeres, algunas estructurales para acceder al empleo”, aseveró Lerner.
















