Hace una semana enfrentamos un fuerte movimiento sísmico de consecuencias dolorosas. Sabemos que no podemos evitar que haya movimientos telúricos, ni predecir cuándo va a haber un terremoto y, además, debemos construir edificaciones y viviendas con técnicas y sistemas constructivos resistentes a tal fenómeno de la naturaleza pues nuestro país está ubicado en una complicada esquina de América del Sur.
En la parte norte del territorio colombiano está la placa Caribe que choca con la placa Suramericana; en el costado occidental, por el borde del Océano Pacífico, otra placa, la de Nazca, busca meterse debajo de la Suramericana, fenómeno conocido como subducción, que provoca grandes sismos en los países suramericanos que tienen costa sobre dicho océano.
En Colombia la gran mayoría de su población vive en las cordilleras andinas, sistema montañoso que es una “arruga” que a lo largo de millones de años se ha formado como consecuencia de choques o “empujones” dados a la placa Suramericana. Los Andes crecen año tras año. Y ello seguirá ocurriendo.
¿Si los sismos siguen ocurriendo, cuál debe ser nuestro comportamiento? Solo evitaremos miles de muertes e inmensas pérdidas económicas si tomamos medidas de precaución y, además, si edificamos con sistemas más resistentes a los movimientos sísmicos.
El ejemplo más cercano que tenemos a nivel telúrico es Chile y no le hemos puesto a ello suficiente atención, pese a ser un país suramericano, que tiene costa sobre el Pacífico, con el que compartimos cultura, similitudes tectónicas, que ha sufrido intensamente los efectos del movimiento de la placa de Nazca generando sismos terribles como el que padeció el 22 de mayo de 1960 en Valdivia, que es el peor que ha habido en el planeta. Sus dimensiones y consecuencias no han tenido par en la historia.
Debemos estudiar el proceder chileno en materia de precauciones de movimientos sísmicos pues solo sobreviviremos a ellos si tomamos medidas, si nuestras edificaciones cumplen celosamente las normas de sismorresistencia, si los constructores revisan y modifican el diseño y el sistema constructivo, si se aplica una rigurosa ética en el proceso y prácticas constructivas, si los gobernantes exigen severamente el cumplimiento de tales normas. De lo contrario, las placas de concreto seguirán sirviendo de sepultura de compatriotas.
Algo desnudó el sismo del pasado 10 de agosto: los sistemas constructivos usados no pasaron el examen. A ello se añade una “perla”: en Colombia es obligatorio actualizar cada 10 años el Código de Normas Sismorresistentes y el que en 2026 nos rige es el de 2010, es decir, se ha debido modificar hace 6 años y no se ha cumplido con ello. ¿Conclusión? Estamos aplicando normas sismorresistentes desactualizadas.










