El experto en política pública laboral Juan Carlos Guataquí cuestiona cómo el Gobierno Petro perdió una oportunidad histórica de haber hecho algo laboral integral, combinar una reforma con un plan de desarrollo que tuviera componente laboral para reducir el desempleo, informalidad y aumentar la productividad laboral.

Publicado por: Miguel Orlando Alguero
El Gobierno Petro volverá a presentar su reforma laboral, que en su momento no surtió debate por falta de quórum. Se estima que lo haga este 20 de julio en el inicio de una nueva legislatura del Congreso. Desde ya, el Ministerio del Trabajo le apostará a más pedagogía en plazas, tiendas, calles o buses.
Ante esta panorama, Vanguardia conversó con Juan Carlos Guataquí, docente y economista con doctorado en Sociología, investigador en gestión y evaluación de política pública laboral, consultor en recursos humanos y exsubdirector del Dane.
Tras el debate de la reforma laboral, ¿qué reveló esta discusión entre los argumentos de los gremios, centrales obreras y Gobierno?
La inquietud más profunda que me dejó este debate es el cuestionamiento al papel de la Comisión de Concertación, porque el argumento del Gobierno y de los sindicatos es que la propuesta de reforma fue concertada, pero si así lo fue, por qué los gremios asumieron una oposición total al proyecto. Y la Comisión de Concertación tiene un mandato constitucional y, si no concerta, eso cuestiona mucho la política tripartita.
Paralelo a esto, un tema técnico terminó siendo político, a pesar de que lo técnico también es político, pero los gremios esperaron a que los partidos se manifestaran y dejaran a un lado la discusión técnica. El proyecto de ley perdió lo técnico y terminó siendo político.
¿Esa pérdida se dio de entrada o a medida que avanzó el debate?
Eso venía de antes. Primero, el tono de la reforma es reivindicativo, tras 30 años de flexibilización laboral, ante los cuales los sindicatos se sintieron marginados. Este es un factor histórico, hemos venido aplicando un modelo de política laboral en su mayor parte de flexibilización. Segundo punto, del cual no se habla mucho, cómo se marginó a los sindicatos del diseño y ejecución de la Misión de Empleo.
¿Cuáles puntos considera eran críticos en el articulado?
Es muy difícil conseguir en Internet una propuesta de reforma donde esté la exposición de motivos. La mayor parte de los documentos del proyecto no incluyen esto... Si vamos a hablar discusión técnica, en la exposición de motivos debería haber elementos de fondo fuertes para argumentar la viabilidad. Y si vamos a los detalles, el artículo 45 que aborda el contrato de trabajo a término indefinido es uno de los elementos polémicos, como la estabilidad laboral reforzada, el trabajo diurno y nocturno, el trabajo en plataformas digitales tecnológicas de reparto, el tema de trabajadores migrantes y los temas de asociación sindical y de fomentar la unidad sindical.
¿Los puntos que detalla fueron los detonantes de que se hundiera la reforma o hay algo más allá?
Hay elementos políticos que justifican y explican la caída de la reforma y hay elementos técnicos, pero hay un punto importante y no se debe olvidar, la Ley 789 de 2002 tenía un parágrafo que, si los efectos de la reforma se demostraban que no eran favorables, la reforma se devolvería. En ese momento hubo una expectativa política que se podía revertir la reforma, pero eso no se hizo.
Y precisamente ese punto de la estabilidad laboral reforzada, de las horas extras, fue una pérdida de bienestar de los trabajadores. En el estudio que hicimos en el 2009 demostramos que la reducción de las horas extras no generó más empleo, lo que hizo fue que la gente que ya estaba trabajando tuviera que trabajar más horas, pero no se generó más empleo.
Entonces, esta reforma viene como una reivindicación porque los sindicatos tenían ese argumento de honor, el de la estabilidad reforzada.
Ellos asumieron la postura del proyecto político que ganó y querían revertir esa reforma que perjudicó su bienestar.
¿Qué debe incluir o quitar el nuevo proyecto de reforma?
Hubo una oportunidad perdida porque una de las críticas más grandes que se le hacía a la reforma es que no abordaba los problemas estructurales de mercado laboral colombiano, no enfrentaba ni el desempleo ni la informalidad. Y la pregunta que siempre me ha hecho es si realmente la informalidad y el desempleo se enfrentan con una reforma laboral o con un Plan Nacional de Desarrollo.
Y el Gobierno perdió la posibilidad de hacer algo integral, es decir, por un lado, modificar y dar garrote con la reforma laboral, pero por otro lado, dar zanahoria con el Plan de Desarrollo y este documento no tiene consideraciones laborales. De hecho, menciona una vez la palabra productividad laboral.
Creo que la polarización política hará que cualquier propuesta que presente el Gobierno sea mirada con desconfianza, y al no tener la posibilidad de hacer algo complementario con el Plan de Desarrollo, esta reforma tampoco va a enfrentar ni el desempleo ni la informalidad, porque se va a quedar con el asunto de la estabilidad laboral reforzada y con la reivindicaciones que quieren los sindicatos. Veo muy difícil que el Gobierno cambie la filosofía de la reforma, puede que cambie el articulado, porque es casi un punto de honor y no cederá en eso.
Algunos gremios hablan de una reforma que genere más empleo y reduzca la informalidad. ¿Eso se resuelve con una reforma laboral o con otra política pública?
Es alta la relación que existe entre flexibilización laboral e informalidad porque de los trabajadores informales el mayor porcentaje, casi el 80 %, son trabajadores por cuenta propia. Ese empleo por cuenta propia fue creado por la Ley 50 de 1990. Increíblemente, las iniciativas de la reforma pasada que iban dirigidas al contrato de trabajo a término indefinido o a desincentivar ese empleo tercerizado, eso sí iba a reducir la informalidad.
Uno no puede incrementar los costos laborales mediante esas modalidades contractuales más estables sin tener en cuenta mayor productividad laboral, porque lo único que está haciendo es subirles a las empresas los costos, pero no subirle el aporte del recurso humano para que esos costos no sean tan altos. Eso el Gobierno no lo tiene en cuenta en ninguna parte.
No hay una política que estimule la productividad laboral. Veo que parte del articulado sí iba dirigido a desincentivar la tercerización laboral y por esa vía, eventualmente, sí iba a reducir la informalidad. Es como echarle agua al balde por un lado, pero por otro lado le abrió un hueco. Aquí está el problema de los costos y los beneficios. El efecto posible de la reforma es que hubiera incrementado, por así decirlo, los costos de los empleados asalariados.
¿Flexibilidad de qué o para qué?
La flexibilidad parte de un supuesto que es complejo, que el mercado de trabajo funciona como cualquier otro mercado. En un mercado común y corriente, los precios se ajustan para variar el desequilibrio entre la oferta y la demanda, eso en términos teóricos funcionaría, si el mercado de trabajo fuera igual a cualquier otro mercado, pero este no funciona así por una cosa muy simple, como dijo John Maynard Keynes: los trabajadores son reacios a aceptar reducciones en su salario, entonces cuando hay una crisis económica los trabajadores, y sobre todo cuando tenemos todo este asunto de derechos humanos, de remuneración mínima vital y móvil, es muy difícil que los salarios se reduzcan para que la gente que está desempleada o los que perdieron el puesto puedan conseguir un trabajo.
Pero también hay otra parte, cuando la economía está en auge, los salarios no se incrementan tanto. Entonces, es muy diferente el mercado de trabajo a otros mercados, lo que se dice entonces de flexibilización es acercarnos lo más posible en el mercado de trabajo a lo que sería cualquier otro mercado. Eso implica que sea muy fácil contratar y despedir trabajadores.
¿Qué cabe dentro de esa flexibilización?
Imagínese que usted quisiera flexibilizar el mercado de trabajo, entonces no le convienen los sindicatos, porque es una forma de proteger los salarios y las condiciones laborales. No le conviene el salario mínimo porque este es muy alto, que es el argumento de los macroeconomistas, dicen que en Colombia es mucho más alto que el salario promedio, pero se les olvida tener en cuenta que acá solo 55 de cada 100 ocupados son asalariados.
Los amigos de la flexibilización necesitan eliminar toda la rigidez que impide que el mercado de trabajo se comporte de forma parecida a cualquier otro mercado. Entonces, indemnizaciones al despido, sindicatos, salario mínimo, todo eso se considera rigideces laborales, por tanto flexibilizar es reducir a lo máximo posible todas esas rigideces. Ya con el tiempo, la flexibilidad empezó a tener nuevas acepciones, como flexibilidad en la jornada de trabajo, en el lugar de trabajo. En resumen, que se haga fácil la contratación y despido de trabajadores.
En su momento a los trabajadores se les recortaron algunos derechos económicos en sus labores con la finalidad de ayudar a los empresarios en generar más puestos de trabajo, pero de acuerdo con los datos del Dane, se evidencia que hay un deterioro en el mercado laboral, ¿qué lectura tiene de este panorama?
Ese panorama es cierto. La única reforma que realmente redujo la informalidad, irónicamente, no fue una laboral, fue una tributaria que redujo los costos laborales en la tributación. Uno cuando mira el mercado laboral desde la Ocde, es como un cubo con diferentes caras, pero el mismo objeto. Tenemos la tasa de informalidad más alta, el mayor número de horas trabajadas, el mayor número de trabajadores cuenta propia y la productividad laboral más bajita.
Nosotros tenemos alta informalidad porque tenemos muchos trabajadores por cuenta propia que no hemos tenido la forma de integrarlos en la cobertura de seguridad social. Aparte, tenemos un mercado laboral con baja productividad donde la gente tiene que trabajar muchísimo para ganarse lo que se gana, entonces el problema es que nosotros nos hemos ido siempre por el lado de reducir los costos laborales, pero nunca ha habido una política pública de mejorar la productividad laboral, eso sería más orgánico.
No es simplemente bajar costos porque si los baja, los empresarios van a incrementar sus utilidades. Y los empresarios de ahora no son los de los años 50 o de los 60, que tenían como una actitud humanitaria. El de ahora contrata más gente porque le demandan más, no porque no el factor trabajo sea más barato. Todas esas reducciones de costos no se han visto reflejadas ni en empleos de mejor calidad ni en mayor productividad laboral, entonces creo que una reflexión grande es preguntarse qué nos ha traído a nosotros 30 años de flexibilidad laboral.
¿Considera que la reforma qué presentó la ministra Ramírez era un pliego sindical, como lo calificaron algunos congresistas y economistas?
Hay que ser justo en el análisis histórico. ¿Entonces la Ley 789 fue un pliego empresarial? Porque realmente se deterioró el bienestar de los trabajadores para mejorar los costos laborales de los empresarios. Hay un punto que sí es importante reconocer y es que esta reforma actual era una iniciativa que no buscaba reducir el desempleo, la informalidad e incrementar la productividad laboral. Eso es como una mesa con una pata coja, queda demasiado recargada la política laboral del Gobierno para las reivindicaciones sindicales. Precisamente, el Gobierno al no tener esa visión integral de política pública ayudó a ese argumento de que la reforma laboral es un pliego sindical. La pregunta que yo me hago es que si estamos en una democracia representativa, quién representa los intereses de los desempleados y de los informales en la Comisión de Concertación.
¿Qué perdió el Gobierno?
El Gobierno perdió una oportunidad histórica de haber hecho algo laboral integral, combinar una reforma con un plan de desarrollo que tuviera componente laboral con respecto al desempleo, la informalidad y la productividad laboral. Y por más que presente la reforma va a seguir con esa pata coja porque no tiene forma de abordar ese tema. El otro punto que me parece importantísimo es el estado actual de la cultura de concertación porque veo que, tal y como está polarizado el país en muchas cosas, en asuntos laborales está polarizado.
El Gobierno Petro volverá a presentar su reforma laboral, que en su momento no surtió debate por falta de quórum. Se estima que lo haga este 20 de julio en el inicio de una nueva legislatura del Congreso.
Ante esta panorama, Vanguardia conversó con Juan Carlos Guataquí, docente y economista con doctorado en Sociología, investigador en gestión y evaluación de política pública laboral, consultor en recursos humanos y exsubdirector del Dane.
Tras el debate de la reforma laboral, ¿qué reveló esta discusión entre los gremios, centrales obreras y Gobierno?
La inquietud más profunda que me dejó este debate es el cuestionamiento al papel de la Comisión de Concertación, porque el argumento del Gobierno es que la propuesta de reforma fue concertada, pero si así lo fue, por qué los gremios asumieron una oposición total al proyecto.
Paralelo a esto, un tema técnico terminó siendo político, a pesar de que lo técnico también es político, pero los gremios esperaron a que los partidos se manifestaran y dejaran a un lado la discusión técnica. El proyecto de ley perdió lo técnico y terminó siendo político.
¿Esa pérdida se dio de entrada o mientras avanzó el debate?
Eso venía de antes. Primero, el tono de la reforma es reivindicativo, tras 30 años de flexibilización laboral, ante los cuales los sindicatos se sintieron marginados. Este es un factor histórico, hemos venido aplicando un modelo de política laboral en su mayor parte de flexibilización. Segundo punto, del cual no se habla mucho, cómo se marginó a los sindicatos del diseño y ejecución de la Misión de Empleo.
¿Cuáles puntos considera eran críticos en el articulado?
Es muy difícil conseguir en Internet una propuesta de reforma donde esté la exposición de motivos. Si vamos a hablar de una discusión técnica, en la exposición de motivos debería haber elementos de fondo fuertes para argumentar la viabilidad.
Y si vamos a detalles, el artículo 45 que aborda el contrato de trabajo a término indefinido es uno de los elementos polémicos, como la estabilidad laboral reforzada, el trabajo diurno y nocturno, el trabajo en plataformas digitales tecnológicas de reparto, el tema de trabajadores migrantes y los temas de asociación sindical y de fomentar la unidad sindical.
¿Los puntos que detalla fueron los detonantes de que se hundiera la reforma o hay algo más allá?
Hay elementos políticos que justifican y explican la caída de la reforma y hay elementos técnicos (...) Precisamente, ese punto de la estabilidad laboral reforzada, de las horas extras, fue una pérdida de bienestar de los trabajadores. En el estudio que hicimos en 2009 demostramos que la reducción de las horas extras no generó más empleo, lo que hizo fue que la gente tuviera que trabajar más horas, pero no se generó más empleo.
¿Qué debe incluir o quitar el nuevo proyecto de reforma?
Hubo una oportunidad perdida porque una de las críticas más grandes que se le hacía a la reforma es que no abordaba los problemas estructurales de mercado laboral colombiano, no enfrentaba ni el desempleo ni la informalidad. Y la pregunta que siempre me ha hecho es si realmente la informalidad y el desempleo se enfrentan con una reforma laboral o con un Plan Nacional de Desarrollo.
Y el Gobierno perdió la posibilidad de hacer algo integral, es decir, por un lado, modificar y dar garrote con la reforma laboral, pero por otro lado, dar zanahoria con el Plan de Desarrollo. Pero este documento no tiene consideraciones laborales. De hecho, menciona una vez la palabra productividad laboral.
Creo que la polarización política hará que cualquier propuesta que presente el Gobierno sea mirada con desconfianza, y al no tener la posibilidad de hacer algo complementario con el Plan de Desarrollo, esta reforma tampoco va a enfrentar ni el desempleo ni la informalidad, porque se va a quedar con el asunto de la estabilidad laboral reforzada y con la reivindicaciones que quieren los sindicatos.
Algunos gremios hablan de una reforma que genere más empleo y reduzca la informalidad. ¿Eso se resuelve con una reforma laboral o con otra política pública?
Es alta la relación que existe entre flexibilización laboral e informalidad porque de los trabajadores informales, el mayor porcentaje, casi el 80 %, son trabajadores por cuenta propia. Ese empleo por cuenta propia fue creado por la Ley 50 de 1990.
Uno no puede incrementar los costos laborales mediante esas modalidades contractuales más estables sin tener en cuenta una mayor productividad laboral, porque lo único que está haciendo es subirles a las empresas los costos, pero no subirle el aporte del recurso humano para que esos costos no sean tan altos. Eso el Gobierno no lo tiene en cuenta en ninguna parte.
No hay una política que estimule la productividad laboral. Parte del articulado sí iba dirigido a desincentivar la tercerización laboral y, por esa vía, eventualmente, sí iba a reducir la informalidad. Pero es como echarle agua al balde por un lado y por el otro abrirle un hueco. El efecto posible de la reforma es que hubiera incrementado, por así decirlo, los costos de los empleados asalariados.
¿Qué cabe dentro de esa flexibilización laboral?
Imagínese que usted quisiera flexibilizar el mercado de trabajo, entonces no le convienen los sindicatos, ni el salario mínimo porque este es muy alto, que es el argumento de los macroeconomistas, que dicen que en Colombia es mucho más alto que el salario promedio.
Los amigos de la flexibilización necesitan eliminar toda la rigidez que impide que el mercado de trabajo se comporte de forma parecida a cualquier otro mercado.
Entonces, indemnizaciones al despido, sindicatos, salario mínimo, todo eso se consideran rigideces laborales, por tanto flexibilizar es reducir al máximo posible todas esas rigideces. Ya con el tiempo, empezó a tener nuevas acepciones, como flexibilidad en la jornada de trabajo, en el lugar de trabajo. En resumen, que se haga fácil la contratación y el despido de trabajadores.
En su momento, a los trabajadores les recortaron algunos derechos laborales con la finalidad de ayudar a los empresarios a generar más puestos de trabajo, pero de acuerdo con los datos del Dane, se evidencia que hay un deterioro en el mercado laboral, ¿qué lectura tiene de este panorama?
Ese panorama es cierto. La única reforma que realmente redujo la informalidad, irónicamente, no fue una laboral, fue una tributaria que redujo los costos laborales en la tributación. Uno cuando mira el mercado laboral desde la Ocde, es como un cubo con diferentes caras, pero el mismo objeto.
Tenemos la tasa de informalidad más alta, el mayor número de horas trabajadas, el mayor número de trabajadores por cuenta propia y la productividad laboral más bajita. Nosotros tenemos alta informalidad porque tenemos muchos trabajadores por cuenta propia que no hemos tenido la forma de integrarlos en la cobertura de seguridad social. Aparte, tenemos un mercado laboral con baja productividad donde la gente tiene que trabajar muchísimo para ganarse lo que se gana.
Entonces el problema es que nosotros nos hemos ido siempre por el lado de reducir los costos laborales, pero nunca ha habido una política pública de mejorar la productividad laboral. Eso sería más orgánico.
¿Qué perdió el Gobierno?
El Gobierno perdió una oportunidad histórica de haber hecho algo laboral integral, combinar una reforma con un plan de desarrollo que tuviera componente laboral con respecto al desempleo, la informalidad y la productividad laboral. Y por más que presente la reforma va a seguir con esa pata coja porque no tiene forma de abordar ese tema.
El Gobierno Petro volverá a presentar su reforma laboral, que en su momento no surtió debate por falta de quórum. Se estima que lo haga este 20 de julio en el inicio de una nueva legislatura del Congreso.
Ante esta panorama, Vanguardia conversó con Juan Carlos Guataquí, docente y economista con doctorado en Sociología, investigador en gestión y evaluación de política pública laboral, consultor en recursos humanos y exsubdirector del Dane.
Tras el debate de la reforma laboral, ¿qué reveló esta discusión entre los gremios, centrales obreras y Gobierno?
La inquietud más profunda que me dejó este debate es el cuestionamiento al papel de la Comisión de Concertación, porque el argumento del Gobierno es que la propuesta de reforma fue concertada, pero si así lo fue, por qué los gremios asumieron una oposición total al proyecto.
Paralelo a esto, un tema técnico terminó siendo político, a pesar de que lo técnico también es político, pero los gremios esperaron a que los partidos se manifestaran y dejaran a un lado la discusión técnica. El proyecto de ley perdió lo técnico y terminó siendo político.
¿Esa pérdida se dio de entrada o mientras avanzó el debate?
Eso venía de antes. Primero, el tono de la reforma es reivindicativo, tras 30 años de flexibilización laboral, ante los cuales los sindicatos se sintieron marginados. Este es un factor histórico, hemos venido aplicando un modelo de política laboral en su mayor parte de flexibilización. Segundo punto, del cual no se habla mucho, cómo se marginó a los sindicatos del diseño y ejecución de la Misión de Empleo.
¿Cuáles puntos considera eran críticos en el articulado?
Es muy difícil conseguir en Internet una propuesta de reforma donde esté la exposición de motivos. Si vamos a hablar de una discusión técnica, en la exposición de motivos debería haber elementos de fondo fuertes para argumentar la viabilidad.
Y si vamos a detalles, el artículo 45 que aborda el contrato de trabajo a término indefinido es uno de los elementos polémicos, como la estabilidad laboral reforzada, el trabajo diurno y nocturno, el trabajo en plataformas digitales tecnológicas de reparto, el tema de trabajadores migrantes y los temas de asociación sindical y de fomentar la unidad sindical.
¿Los puntos que detalla fueron los detonantes de que se hundiera la reforma o hay algo más allá?
Hay elementos políticos que justifican y explican la caída de la reforma y hay elementos técnicos (...) Precisamente, ese punto de la estabilidad laboral reforzada, de las horas extras, fue una pérdida de bienestar de los trabajadores. En el estudio que hicimos en 2009 demostramos que la reducción de las horas extras no generó más empleo, lo que hizo fue que la gente tuviera que trabajar más horas, pero no se generó más empleo.
¿Qué debe incluir o quitar el nuevo proyecto de reforma?
Hubo una oportunidad perdida porque una de las críticas más grandes que se le hacía a la reforma es que no abordaba los problemas estructurales de mercado laboral colombiano, no enfrentaba ni el desempleo ni la informalidad. Y la pregunta que siempre me ha hecho es si realmente la informalidad y el desempleo se enfrentan con una reforma laboral o con un Plan Nacional de Desarrollo.
Y el Gobierno perdió la posibilidad de hacer algo integral, es decir, por un lado, modificar y dar garrote con la reforma laboral, pero por otro lado, dar zanahoria con el Plan de Desarrollo. Pero este documento no tiene consideraciones laborales. De hecho, menciona una vez la palabra productividad laboral.
Creo que la polarización política hará que cualquier propuesta que presente el Gobierno sea mirada con desconfianza, y al no tener la posibilidad de hacer algo complementario con el Plan de Desarrollo, esta reforma tampoco va a enfrentar ni el desempleo ni la informalidad, porque se va a quedar con el asunto de la estabilidad laboral reforzada y con la reivindicaciones que quieren los sindicatos.
Algunos gremios hablan de una reforma que genere más empleo y reduzca la informalidad. ¿Eso se resuelve con una reforma laboral o con otra política pública?
Es alta la relación que existe entre flexibilización laboral e informalidad porque de los trabajadores informales, el mayor porcentaje, casi el 80 %, son trabajadores por cuenta propia. Ese empleo por cuenta propia fue creado por la Ley 50 de 1990.
Uno no puede incrementar los costos laborales mediante esas modalidades contractuales más estables sin tener en cuenta una mayor productividad laboral, porque lo único que está haciendo es subirles a las empresas los costos, pero no subirle el aporte del recurso humano para que esos costos no sean tan altos. Eso el Gobierno no lo tiene en cuenta en ninguna parte.
No hay una política que estimule la productividad laboral. Parte del articulado sí iba dirigido a desincentivar la tercerización laboral y, por esa vía, eventualmente, sí iba a reducir la informalidad. Pero es como echarle agua al balde por un lado y por el otro abrirle un hueco. El efecto posible de la reforma es que hubiera incrementado, por así decirlo, los costos de los empleados asalariados.
¿Qué cabe dentro de esa flexibilización laboral?
Imagínese que usted quisiera flexibilizar el mercado de trabajo, entonces no le convienen los sindicatos, ni el salario mínimo porque este es muy alto, que es el argumento de los macroeconomistas, que dicen que en Colombia es mucho más alto que el salario promedio.
Los amigos de la flexibilización necesitan eliminar toda la rigidez que impide que el mercado de trabajo se comporte de forma parecida a cualquier otro mercado.
Entonces, indemnizaciones al despido, sindicatos, salario mínimo, todo eso se consideran rigideces laborales, por tanto flexibilizar es reducir al máximo posible todas esas rigideces. Ya con el tiempo, empezó a tener nuevas acepciones, como flexibilidad en la jornada de trabajo, en el lugar de trabajo. En resumen, que se haga fácil la contratación y el despido de trabajadores.
En su momento, a los trabajadores les recortaron algunos derechos laborales con la finalidad de ayudar a los empresarios a generar más puestos de trabajo, pero de acuerdo con los datos del Dane, se evidencia que hay un deterioro en el mercado laboral, ¿qué lectura tiene de este panorama?
Ese panorama es cierto. La única reforma que realmente redujo la informalidad, irónicamente, no fue una laboral, fue una tributaria que redujo los costos laborales en la tributación. Uno cuando mira el mercado laboral desde la Ocde, es como un cubo con diferentes caras, pero el mismo objeto.
Tenemos la tasa de informalidad más alta, el mayor número de horas trabajadas, el mayor número de trabajadores por cuenta propia y la productividad laboral más bajita. Nosotros tenemos alta informalidad porque tenemos muchos trabajadores por cuenta propia que no hemos tenido la forma de integrarlos en la cobertura de seguridad social. Aparte, tenemos un mercado laboral con baja productividad donde la gente tiene que trabajar muchísimo para ganarse lo que se gana.
Entonces el problema es que nosotros nos hemos ido siempre por el lado de reducir los costos laborales, pero nunca ha habido una política pública de mejorar la productividad laboral. Eso sería más orgánico.
¿Qué perdió el Gobierno?
El Gobierno perdió una oportunidad histórica de haber hecho algo laboral integral, combinar una reforma con un plan de desarrollo que tuviera componente laboral con respecto al desempleo, la informalidad y la productividad laboral. Y por más que presente la reforma va a seguir con esa pata coja porque no tiene forma de abordar ese tema.















