El reciente hallazgo de una red que comercializaba carne de caballo de forma clandestina en Bucaramanga volvió a generar dudas sobre su consumo.

Publicado por: Giselle Yuliana Jejen Herrera
El reciente caso de comercialización clandestina de carne de caballo en Bucaramanga no solo derivó en una investigación judicial.También despertó interrogantes poco frecuente en Colombia sobre los riesgos que podría representar su consumo y las condiciones en las que este alimento puede llegar a la mesa de los consumidores.
La respuesta, según los especialistas consultados por Vanguardia, depende menos de la especie animal y más de las condiciones en las que esa carne llega al consumidor.
Aunque en Colombia existe la percepción de que consumir carne de caballo puede ser perjudicial, los expertos coinciden en que el verdadero peligro aparece cuando proviene de sacrificios ilegales, no existe control sanitario o se desconoce la procedencia del animal.
Precisamente eso fue lo que hallaron las autoridades durante la investigación. En el operativo fueron incautadas 1,4 toneladas de carne almacenadas en condiciones que, según el reporte oficial, no cumplían con los requisitos sanitarios. Además, la Fiscalía investiga una presunta comercialización clandestina en plazas de mercado y distintos sectores de Bucaramanga.
¿Se puede consumir carne de caballo en Colombia?
Para muchos colombianos, hablar de carne de caballo todavía resulta inusual. Sin embargo, más allá de las percepciones culturales, su comercialización sí está permitida en el país, siempre que provenga de plantas de beneficio autorizadas y cumpla con los controles sanitarios establecidos por la normativa.

Daniela Ávila, nutricionista consultada por Vanguardia, explicó que el rechazo hacia este tipo de carne responde, en gran medida, a las costumbres alimentarias de cada país.
“En Colombia estamos acostumbrados a consumir carne de res, cerdo o pollo. En otros países la carne de caballo hace parte de la alimentación habitual. Desde el punto de vista nutricional sigue siendo una fuente de proteína, hierro y otros nutrientes”, explicó.
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La especialista señaló que el aspecto más importante no es el tipo de carne, sino el estado sanitario del animal y la forma en que fue manipulada. Lea:
“Si el caballo está sano y cumple con los controles sanitarios, nutricionalmente sigue siendo carne. El problema aparece cuando no se conoce su procedencia o no existen garantías sobre las condiciones en las que fue sacrificada”, agregó.
El problema no es la carne de caballo, sino la clandestinidad
Para Luis Eduardo Pinzón Quiñónez, biólogo con 15 años de experiencia en limnología, el verdadero problema que deja al descubierto el caso de Bucaramanga no es la carne de caballo en sí, sino el sacrificio clandestino, la falta de controles y las implicaciones que esto tiene para el bienestar animal y la salud pública.

Para Pinzón, el caso también debe entenderse desde la protección animal. Recordó que la Ley 1774 de 2016 reconoce a los animales como seres sintientes y castiga el maltrato.
Por eso, explicó, cuando un caballo es destinado legalmente al consumo humano, todo el proceso debe desarrollarse en plantas autorizadas y bajo controles que garanticen tanto el bienestar del animal como la seguridad del consumidor.
Sin embargo, advirtió que el caso investigado por las autoridades estaría muy lejos de cumplir esos requisitos. Puedes leer: Desmantelan red que sacrificaba caballos en Bucaramanga: 1,4 toneladas de carne incautadas
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“Lo primero es que se trata de un sacrificio clandestino. No es una planta autorizada, no hay evidencia de inspección veterinaria ni sanitaria y tampoco existe trazabilidad sobre el origen de los animales”, explicó Pinzón.
El experto agregó que, además del posible fraude al consumidor y al vender carne de caballo como si fuera carne de res u otra especie, el mayor riesgo es sanitario.
“Cuando no existe trazabilidad no es posible saber qué medicamentos recibió el animal durante su vida ni verificar que cumplía las condiciones para ingresar a la cadena alimentaria”, señaló.

¿Por qué es importante conocer la procedencia del animal?
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas tiene que ver con los medicamentos veterinarios.
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Así lo explicó Pinzón, algunos caballos reciben tratamientos que están prohibidos para animales destinados al consumo humano. Uno de los más conocidos es la fenilbutazona, un antiinflamatorio utilizado en equinos cuyo uso impide que el animal pueda ser destinado a la producción de alimentos.
“Si un caballo ha recibido ese medicamento, no puede comercializarse para consumo humano. Por eso es tan importante la trazabilidad y los controles veterinarios”, añadió.
A ese riesgo se suma la necesidad de verificar que la carne no presente contaminación microbiológica.
Durante la inspección sanitaria también deben realizarse controles para detectar bacterias como Salmonella y Escherichia coli, responsables de enfermedades transmitidas por alimentos cuando los productos no son manipulados adecuadamente.
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Estos procedimientos hacen parte de los protocolos sanitarios establecidos por la normatividad colombiana para las plantas de beneficio animal autorizadas.
El sacrificio ilegal aumenta los riesgos
Médicos consultados han explicado que una carne proveniente de sacrificios clandestinos puede convertirse en un riesgo para la salud debido a la ausencia de controles de higiene, refrigeración e inspección veterinaria.

En esas condiciones aumenta la posibilidad de contaminación bacteriana y de enfermedades gastrointestinales como salmonelosis, gastroenteritis, vómito, diarrea, dolor abdominal y deshidratación. El riesgo no radica exclusivamente en que la carne sea de caballo, sino en que haya sido manipulada fuera de los controles exigidos por las autoridades.
Para los especialistas consultados, el operativo realizado en Bucaramanga pone en evidencia la importancia de fortalecer la vigilancia sobre la cadena de producción y comercialización de alimentos de origen animal.
Más allá de las creencias culturales sobre el consumo de carne de caballo, coinciden en que la prioridad debe estar en garantizar el bienestar de los animales, combatir el sacrificio clandestino y asegurar que los productos que llegan al consumidor cumplan con los controles veterinarios y sanitarios exigidos por la ley.















