De la misma manera, como hemos señalado sin pausa, la ausencia de una estrategia ambiciosa por parte de la Alcaldía de Bucaramanga para recuperar el Paseo del Comercio y sus alrededores y el silencio a propósito de Cabecera del Llano; es justo reconocer el avance en retirar vehículos de los andenes de la Bonita y permitirle al caminante disfrutar del espacio. Esa Bucaramanga que soñamos como un derecho de la ciudad misma.
Esa recuperación adolece de un control; dueños de motocicletas parquean sin alma, ahora sobre el nuevo andén. La zona verde, inicialmente, por ausencia de mantenimiento, ahora es amarilla y, en sectores, inexistente. La tarea inicial, como toda apuesta pública, amerita del acompañamiento, en pro de eso que los ambientalistas denominan: lo sustentable. Además, los recursos son oficiales.
La contaminación visual ha disminuido, es cierto, y los empresarios de los parqueaderos ven el respaldo institucional a sus esfuerzos económicos. Ahora debe venir una segunda cruzada ciudadana, mucho más ejemplar: un carro por un árbol. En cristiano, es sembrar un árbol donde antes habitaba un carro. Es la llegada de la sombra, del agua, de las aves a lo largo y ancho de la Bonita. Es invitar a la flora y a la fauna para que se instalen nuevamente en su casa natural, despojada sin ambages.
El Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público y la Dirección de Tránsito de la ciudad deberían organizar una gran toma direccionada a sancionar sin contemplación, bajo la estrategia efectiva de los “Cepos”, a quienes invaden el andén recuperado. El que da consejos nunca pierde, eso es cierto; pero dejar a la autonomía ciudadana ese comportamiento tan desalmado es una locura.
Cuando la sanción afecta al bolsillo, estamos más cerca de corregir, de desandar y ser parte de la solución.
Estimado lector, usted también puede vincularse y ayudar a saldar la deuda en ornato y espacio verde, denunciando ante las autoridades municipales el mal uso de andenes bajo el parqueo y, por qué no, pues regar el prado y sembrar un árbol (y cuidarlo) en el andén de su casa o establecimiento comercial.

Una ciudad no puede ser bonita, ni verde, ni educada, ni limpia, ni caminable si persistimos en asumir nuestra relación con ella como simples ocupantes del espacio y no como habitantes; es decir, en actitud de empatía con su futuro, con la superación de ese imaginario que la ciudad es de todos y de nadie.
Nota: Señor alcalde de Bucaramanga, señora directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.











