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Martes 08 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Guerras y petróleo

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Qué sucedería, hipotéticamente, si el mundo decidiera de manera súbita no extraer ni refinar petróleo ni extraer gas, ni producir Diesel, kerosene, gasolina, derivados como helio, azufre, etcétera.

No se requiere ser experto en hidrocarburos ni economista para deducir que habría un colapso total de la economía con sus consecuencias expresadas en miseria, hambrunas, muerte y destrucción de la civilización. El problema surge cuando entendemos que estamos condenados a la trampa del petróleo del cual dependemos como principal fuente de energía. En el siglo XIX se perfeccionaron las técnicas de perforación, pero fundamentalmente la invención del motor de combustión dio inicio a una cada vez mayor dependencia que condujo a la lucha por el control de los combustibles fósiles, incentivo para las guerras desde entonces, las guerras por el control de la extracción, el transporte, las vías marítimas y los corredores estratégicos y muy importante, por el control de las finanzas mediante el comercio de manera exclusiva con el dólar. De allí el corolario de muerte de decenas de millones de seres vivos en los últimos cien años, destrucción de naturaleza y activos sociales e imposición de narrativas e ideologías.

Por si fuera poco, sabemos del impacto adicional que genera el uso de combustibles fósiles al fenómeno natural del cambio climático que amenaza con la extinción de nuestra especie y de otras muchas.

Nos cogió la noche para hacer la transición energética, y hasta China, líder mundial en ella, su economía depende hasta en un 80% de petróleo y carbón. Estados Unidos ha sustentado en el petróleo su hegemonía mundial, con su estrategia de imponer por la fuerza a aliados y enemigos la obediencia a sus intereses.

El control sobre comercio, finanzas, elecciones, mercados, migraciones, mafias, rutas logísticas, comunicaciones, propaganda, no hubiera sido posible sin un poder militar insuperable. Mientras en la posguerra los demás países optaron por nacionalizar sus industrias militares, Roosevelt decidió privatizarlas, dando origen a un enorme complejo militar industrial y de contratistas, transformando la guerra en un gran negocio y en un fin por sí misma: la guerra permanente.

Pocos dudan que hoy el mundo unipolar está dando paso a uno multipolar, con una propuesta ya no de dominio absoluto si no de cooperación, que asegure crecimiento económico, progreso humano, y seguridad mediante hegemonías regionales. Es imperativo conocer lo que sucede con la Organización para la Cooperación de Shanghái, los Brics, el resultado político estratégico en las guerras de Ucrania e Irán y la teoría prácticamente comprobada del profesor Robert Pape acerca de la Trampa de la escalada, que advierte que una victoria militar táctica, puede terminar en una victoria estratégica para el enemigo y concederle un incremento paulatino de poder. Liberarnos de la trampa del petróleo pasa por la emergencia de un mundo multipolar.

Si no entendemos las tensiones globales, nada podremos comprender de las consecuencias en la parroquia.

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