El recibimiento es cálido. Un abrazo y tras él la primera de las pinceladas de esa acuarela de recuerdos que nutren la extensa paleta del pintor vivo que hoy día más se reconoce en Santander.
Publicado por: Por: Mauricio Olaya / Editor Gráfico
Guillermo Spinosa, a sus 70 años y tras superar con arrestos un delicado traspiés en su salud, sigue conservando la vitalidad física, emotiva y creativa que desde su niñez le trazó la ruta para hacer de su vida un tributo al arte y la estética.La memoria es frágil y juguetona. A ella por momentos le da por jugar a las escondidas, pero, como si fuera una niña, fácilmente se delata y se asoma tras la menor sugerencia de haber sido descubierta. 'Tengo unas virtudes especiales para acordarme de fechas exactas, de nombres de obras de los grandes pintores del arte universal, de sus biografías y aconteceres, pero se me borran muchos de los recuerdos propios', asegura el maestro a modo de advertencia sobre posibles deslices en la génesis de su universo como artista.'Yo nací en un hogar sencillo en el barrio Girardot; mi padre era herrero y mi madre, una especie de arquitecta criolla, pues trabajaba en la construcción de casas de tapia. Yo creo que de ella aprendí las primeras letras del alfabeto del escultor y con seguridad que las paredes tapadas en hollín de la herrería de mi papá fueron unos de mis primeros bastidores, pues en ellas yo pintaba los retratos de los obreros y de la gente que allí trabajaba, aplicando a mi manera la técnica del esgrafiado que aún hoy está presente en mi obra'.El arte efímeroSin saberlo, Spinosa hizo sus primeros pinitos en una modalidad del arte contemporáneo que hoy goza de gran tributo por parte de la crítica; se trata de arte efímero, aquel que se deja ver para el disfrute inmediato y, con la misma, desaparece sin dejar registro de su presencia. Pues bien, entre los recuerdos que afloran de su mente, está la tarde aquella cuando a sus doce años se enfrentó al más grande de los bastidores que jamás haya tenido frente a sí. Se trataba de intervenir con sus dibujos la totalidad del pavimento de la calle 23 entre las carreras 10 y 13, que bien apenas había sido fraguado para recibir la última capa de cemento. Allí durante más de seis horas continuas dibujó la totalidad de las 'monas' extraídas de los cuentos y 'aventuras' de moda; Tarzán, el Fantasma, Benitín y Eneas y Mandrake, entre otros muchos héroes que bajo el ánimo de la muchachada del barrio iban tomando forma en el hábil manejo de pedazos de carbón que sus auxiliares le iban pasando a medida que se gastaban.Efímero también sería pocos años después su paso por la academia de bellas artes dirigida por el maestro Óscar Rodríguez Naranjo y apoyada por maestros como Carlos Gómez Castro en escultura, Humberto Delgado en dibujo y Jesús Niño Bottía en pintura mural. 'Me declaré en contra de la academia porque para mí era más valioso aprender de la vida de los artistas por medio de la lectura de sus biografías que esperar la doctrina rígida de la escuela de bellas artes. Entonces me compré una enciclopedia de 30 libros muy pequeños sobre la historia del arte universal y empecé a estudiar su obra, pero en especial las vidas de los grandes maestros, y por ese camino fue como corroboré que en realidad quería ser artista'.A la larga lista de situaciones efímeras en su vida se sumaría su paso por el ejército en el batallón Jaime Ruth en el Tolima, donde vivió de cerca penosos episodios de la violencia partidista que por entonces azotaba al país. Igualmente rápido pasaría la dolorosa muerte de su madre y la decisión de olvidarse del estudio para dedicar su vida a ser pintor, como se lo manifestó a su padre al momento de ser indagado sobre su porvenir. Vendría luego su trabajo como dibujante de avisos publicitarios en los talleres de Neón Ardila y la creación de un grupo de jóvenes pintores callejeros que por pocos pesos y bajo el seudónimo de 'el Búho', plasmaría paisajes, bodegones y retratos cuyo destino hoy desconoce.Pinceladas de vidaPor el taller del maestro, alegoría más que precisa a una reconocida canción, han pasado varias generaciones de artistas que, primero como aprendices, luego como compañeros de creación y finalmente, al obtener el paso a la luz propia de su creación estética, como artistas con vuelo propio, han pasado distintas generaciones de escultores y pintores que, sin duda, son el mayor orgullo que ostenta Espinosa como creador.'A mis hijos siempre los tuve pegados al estudio; allí cada uno a su manera se involucraba en los procesos creativos ayudándome en la preparación de las manchas o las mezclas. Creo que cada niño es un artista en potencia; lo que se debe hacer es canalizar ese espíritu inquieto a favor del deporte, la música o el arte'. De hecho, sus hijos tomaron el camino del arte; unos lo hicieron en la música y otros en la pintura. Marco Tulio es hoy uno de los pintores jóvenes que goza de mayor reconocimiento en Vancouver (Canadá), donde está radicado hace varios lustros.A sus hijos los han seguido otros alumnos, después maestros, como el caso de Pablo Rincón, sin duda uno de los grandes exponentes del abstraccionismo en Colombia, como quiera que ya es figura reconocida en distintas bienales de arte internacional.Ellos, como las innumerables obras que han salido de destreza y expresión creativa, son orgasmos de dicha plena. Así lo confiesa sin rubores: 'No existe una sola obra de la que me haya enamorado, pues ese amor es como el origen mismo de cada pintura, tan efímero y fugaz, que tan sólo me brinda el placer momentáneo de vivir para gozar del placer de pintar, y ese placer no me abandonará mientras viva. Es un placer en cuya búsqueda invierto por lo menos ocho horas diarias, todos los días de mi vida'.














