Desde Buenos Aires, la santandereana Claudia Patricia Mantilla Durán presenta una agradable pero sensible reflexión literaria a partir de una tertulia con el joven escritor bogotano Fredy Yezzed.

Publicado por: CLAUDIA PATRICIA MANTILLA
En el Bar Británico, uno de los lugares más tradicionales de San Telmo, el mismo que solía frecuentar el escritor Ernesto Sábato, ubicado frente al Parque Lezama, donde inicia su novela ‘Sobre héroes y tumbas’, y en el que se han encontrado desde su creación en 1960 poetas, escritores, músicos y viajeros, encontré la voz de un colombiano que llenó el recinto de preguntas: “La poesía es un jardín: un jardín que habla de otros jardines […]Pero la mejor definición de poesía es la siguiente proposición: Poesía no es lo uno ni lo otro; quizá tampoco lo tercero”.
Y digo preguntas, porque Fredy Yezzed, con un tono aforístico y sentencioso, barajó la noche cubriéndola de dudas como si la palabra fuese abriendo un agujero allí donde creíamos haber visto, allí donde teníamos la certeza de un mundo. “El único enemigo de la poesía es el poeta: allí, es él contra él mismo […]Nadie, por experto que sea en la semiótica, podrá hablar de la humedad que causa en nuestra alma la palabra agua […]El vaho. El vaho resultó ser la palabra que se humedeció en el aire, la que no pudo expresar cuánto frío se tenía por dentro […] Esa palabra que no pudo hacerse sonido, murmullo, voz, grito, queja: es la lágrima”.
Números, matemática, poesía. La vida y sus posibles combinaciones, la pregunta por el lenguaje, el amor y la muerte, sobretodo la muerte, el enigma de la finitud. Así transcurrió la lectura de Fredy Yezzed en ‘el Británico’ que me impulsó a leer su libro: “El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein” –del que extraigo los fragmentos que acompañan este texto–, un libro inspirado en la vida y la obra del filósofo alemán, que, prisionero en Italia, y en pleno campo de concentración, escribió su famoso Tractatus, obra cumbre de la filosofía en el siglo XX.
“Todo lo que amamos, si no se puede decir, se habrá perdido para siempre […]Toda mujer es otra mujer después del amor […]Qué diferente la poesía para mí que me quedo solo, para ti que te vas acompañada […]La segunda ley: saber que el amor hace parte del lenguaje sin sentido”.
¿Poesía o no poesía?;¿filosofía o no filosofía? Para algunos puede ser la cuestión; para mí, fue una experiencia de lectura, de esas que socavan el alma, y una noche inolvidable en ‘el Británico’ a partir de una voz que intuyo profundamente poética.















