Cultura
Sábado 25 de junio de 2016 - 12:01 AM

‘Odios fríos’

Entre la gracia, el buen humor y la intimidad, sin dejar de ser riguroso en su documentación sobre un personaje del siglo XIX clave en la historia de Colombia, Gonzalo España escribió su más extensa novela, ‘Odios fríos’.

Compartir

Publicado por: SERGIO VILLAMIZAR D.

Esta obra, que supera las cuatrocientas páginas, presenta a un Miguel Antonio Caro que poco o nada se conoce. Si bien la historia dicta que fue uno de los redactores principales de la Constitución de 1886, un latinista consumado ‘traductor célebre de Horacio y Virgilio’ y un gramático puntilloso, no brilló cuando llegó a la administración pública y a la Presidencia de la República.

Gonzalo España presenta a un Caro católico furibundo, ultraconservador, maquinador y rencoroso, que tuvo un papel fundamental en los acontecimientos más importantes de finales del siglo XIX y comienzos del XX, con la Guerra de los Mil Días, la separación de Panamá, así como la agudización del conflicto interno y los resentimientos entre los principales partidos de Colombia.

Desde la literatura

¿Conocemos a Miguel Antonio Caro?

Es un personaje que siempre estuvo elevado a la categoría del mármol. En el campo de la filología y de la gramática, él es un personaje muy respetable, que hizo aportes notables en su época. En cambio, en el de la política y la administración pública fue un desastre pavoroso. Tras su gobierno entre 1892 y 1898, continuado por Sanclemente, un anciano de 84 años que se consiguió para manejarlo como un títere, sobrevino la Guerra de los Mil Días y la pérdida de Panamá.

¿Qué facetas desarrolla en la novela?

La faceta política como presidente de la República, con todas sus mañas, sus posiciones absolutistas. Sin embargo, la narración gira a su alrededor a través de otro personaje, que es su esposa, Ana Narváez, una dama, que, por lo que entiendo, sufría de la cabeza. Es interesante porque por ella se conocieron detalles, como el hecho de que Caro, siendo presidente de la República, no leía los periódicos; solo leía en latín, pues consideraba que la prosa en la que estaban escritos los diarios era muy mala. Ella es quien le comenta, en la novela, las noticias.

¿Por qué a través de su esposa?

Ese es un personaje muy afortunado, porque ella va sufriendo en carne propia las crisis que se van generando en el país. Ana me permite el humor, que el lector descanse de todas las cosas bárbaras que hace Caro, ir refrescando la novela, y llevarla al hogar de él. Caro no administró el país desde el Palacio de San Carlos, que era donde vivía el presidente de la República; él prefirió quedarse en su casa, para ir a misa de once de la mañana en la iglesia de Las Nieves.

¿Cómo surge la idea de escribir, desde la novela, acerca de Miguel Antonio Caro?

No hay una biografía decente, objetiva y equidistante de Caro; lo que hay son escritos de sus seguidores, de los conservadores de la iglesia, y no encontré una biografía realmente confiable. Lo que fui encontrando con mayor valor fueron artículos dispersos que difícilmente se podían aglutinar; por eso preferí tratarlo como un personaje literario y no hacer una biografía, porque escribir historia es como caminar con pies de plomo, con citas y pruebas, lo que se vuelve monótono, y hasta harto. Todo lo contrario a la literatura, que es un espacio exquisito, porque es ponerlo a vivir en su espacio, en su momento, con todas sus manías y sus resabios.

Entre odios

¿Por qué ‘odios fríos’?

Es una frase de él, porque decía que no tenía odios de corazón, odios pasionales, solo odios de cabeza, odios razonados, que eran odios fríos. Siempre fue un personaje de frases singulares. Él siempre gobernó con un pequeño círculo, apartando a los conservadores, pese a ser él conservador, al decir que de los liberales lo separaban las ideas, y de los conservadores, las personas.

Caro fue excluyente, y maltrataba a quienes estuvieran en desacuerdo con él. Además, puso a un obispo como ministro de Educación, casi un regreso a la Colonia, porque siempre pensó que se debían restablecer los valores de la vieja España, que se habían perdido durante la Independencia.

¿Cuáles eran esos valores?

La inquisición, la ignorancia, el matrimonio del trono y el altar, el dominio del clero en todos los niveles, teniendo en cuenta que España no era moderna y era una de las atrasadas de Europa. Abogó tanto por eso, que finalmente lo logró: restablecer ciertos vínculos, rompiendo con el mundo moderno.

¿Y la literatura?

De alguna manera persiguió las manifestaciones literarias que no se ajustaban al mundo que él percibía. Por ejemplo, la literatura no podía ser erótica o sentimental, porque para él la poesía era un cantar a Dios, o quizás a la patria, nada más.

¿Un momento de grave crisis para el país?

Fue un momento muy difícil para Colombia, porque el país empezaba a dar fuertes pasos hacia la modernidad, a industrializarse; empezaba a llegar la electricidad a algunas ciudades. Todo eso se detuvo con su llegada al poder, porque Caro fue un enemigo del progreso.

¿Cómo descubrir el personaje al no tener un buen material bibliográfico?

El personaje se va descubriendo a lo largo de los hechos que van ocurriendo en la República. La construcción del canal de Panamá se quebró, y estalló el escándalo de la ‘Petite Panamá’, entre sobornos para la construcción del ferrocarril de Antioquia, y eso puso de manifiesto que la administración estaba altamente corrompida; que todos los contratos estaban mediados por fraudes. Entonces, sobrevienen las pérdidas, pero también las guerras y los desastres no naturales, con miseria e inflación desbordadas, con cierre de industria y la parálisis del comercio.

¿Bogotá como protagonista?

Mucho de la novela transcurre en Bogotá, una ciudad que trataba de salir adelante, sacudirse el dominio de la Iglesia y el gobierno local. Se creó el Polo Club por un lado, y, por el otro, se empezó a usar la bicicleta en este mismo lugar; también llegó el tenis y el hipódromo de La Macarena, al tiempo que la mayoría del pueblo asistía a las fiestas religiosas y a las chicherías. Era un pueblo sucio y feo con barrios emergentes.

¿Qué tanto sabemos de nuestra historia?

Casi nadie sabe nada de la historia de Colombia del siglo XIX. De hecho, siento que del siglo XX cada vez sabemos meno; hay una gran ignorancia sobre ello, y es muy grave. Creo que la novela histórica es una oportunidad para lograr encontrarnos con nuestra historia.

Publicado por: SERGIO VILLAMIZAR D.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad