La artista santandereana Shayo Rodríguez expone su obra ‘Lo inútil, útil’, acción-dibujo, en la sala del arte del Centro Colombo Americano de Bucaramanga. Abierta al público hasta el 12 de julio.

Publicado por: CRISTINA ÚSUGA XXX
Sombra, borroso, contemplación, lo inútil son algunas de las ‘palabras gatillo’ que Shayo Rodríguez propone para acercarse a los objetos móviles que conforman su exposición ‘Lo inútil, útil’, que ocupa actualmente la sala de arte del Centro Colombo Americano de Bucaramanga.
La muestra, integrada por una serie de objetos elaborados con alambre galvanizado y pequeñas incrustaciones de semillas y abalorios diversos, se trata de una suerte de construcciones-tejido, ligeras, que ‘contienen’ más vacío que materia, más luz que sombra, más ausencia que presencia, y que a primera vista podrían parecer producto del azar surgido de la libre manipulación de los hilos de alambre.
Estos móviles o esculturas flotantes son, sin embargo, una respuesta –siempre provisional, tornadizos, mutable– a la búsquedapersonal de la artista, atraída, según cuenta, por las sensaciones que en ella despiertan cualidades intangibles, como la levedad y la rapidez. Estos objetos suspendidos, inmóviles, pero proclives a la movilidad, sujetos a reaccionar de forma aleatoria ante el más leve estímulo –incluso de la luz de la sala, con su tinte amarillento y algo apagado, que se refleja de manera imperceptible y cambiante en los delgados hilos metálicos, de colores diversos–, no ofrecen respuesta alguna a nada, y muy seguramente ni siquiera planteen una interrogante. Están ahí, sin más, pendiendo del techo, ligeros, ofreciendo la posibilidad de que el observador busque algo y, eventualmente, encuentre algo.
Once móviles, cuyos nombres son también detonadores de evocaciones: Cobijo, Diástole-sístole, Fruto, Nacimiento, Juego, Tercer ojo (intuición), Animal galáctico, Ascenso, Nidos, Sombra, José Aguador, conforman la muestra e invitan al espectador a interactuar con las obras, pintando, rayando, dibujando en la pared con las barras de pastel dispuestas para ello. De allí la acción-dibujo que está presente como una posibilidad, y que complementa y transforma de manera constante la puesta en escena, en tanto esta se modifica con cada mano que se atreve a intervenir las paredes, añadiendo algún grafismo, difuminando los trazos, pretendiendo atrapar su sombra o la sombra caprichosa de los objetos, que cambia con el más leve movimiento. Este hecho abre la posibilidad a la contemplación que sugiere Shayo, bien frente a lo que cada quien experimenta en su interacción con los objetos o a lo que quienes han estado antes allí han dejado de huella, de voz silenciosa, de llamado, incluso.
La artista
Shayo Rodríguez nació en Bucaramanga y se radicó desde muy joven en Bogotá, ciudad en la que se formó académicamente y se graduó como dibujante publicitaria en el Centro Universitario Las Mercedes.Años más tarde se dedicaría por completo a la pintura, y se radicaría en Barichara. De su trabajo, que ella misma considera de carácter simbólico, se dice que se ha ido transformando bajo el influjo de la tierra santandereana y sus diversos lenguajes, así como con el contacto con otras creadoras que viven en esta misma población, y en ocasiones han sumado fuerzas para exponer de manera colectiva. En la actualidad, la artista ejerce su profesión de pintora y docente en la ciudad de Bucaramanga.
La obra
Sobre la exposición ‘Lo inútil, útil’ la artista escribe: “Desde tiempo atrás, las palabras levedad y rapidez me atrajeron como cualidades a desarrollar en mi actividad diaria, y hasta este momento han quedado en mi interior, convertidas a través del tiempo en objetos móviles que surgieron de alambres retorcidos e inútiles que no quise desechar, pues me llevaban indefectiblemente a la contemplación y a la sombra de esos misteriosos y difusos movimientos que siempre quise atrapar, y que son el motivo de esta exposición. Así, cuando entro a realizar un móvil de alambre estoy atenta y receptiva a los lenguajes diversos y resonantes de sus tensiones internas, sus sonidos inesperados y a todo lo impreciso, ambiguo y vacilante, y encuentro un lenguaje de líneas que me son propias y me pertenecen. Sé que en este diálogo único, personal, aleatorio y carente de toda utilidad, llego en medio de ensayos, errores y ajustes a una imagen que tiene estructura y vida propias, y deseo que para el público que visita esta exposición le sea de utilidad salirse del renglón y, como el funámbulo, le sirva de algo para encontrar el equilibrio y degustar la alquimia que ofrece lo inútil del arte”.
Además de los grafismos abstractos y tridimensionales, que son en sí mismos los objetos móviles que propone Shayo Rodríguez, resulta interesante observar las huellas que los visitantes han dejado a su paso por la exposición, en tanto ofrecen también un discurso, el de alguien que no tiene rostro ni nombre para la evocación.
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