Cultura
Miércoles 19 de junio de 2024 - 10:15 AM

El bailarín santandereano Jhon Barreto estará presente en el nuevo proyecto de Elsa y Elmar, Palacio

El bailarín santandereano Jhon Barreto, cuya práctica artística desafía los límites de la autenticidad y la expresión corporal, participa en el más reciente proyecto de Elsa y Elmar, Palacio. Juntos, han creado una poderosa sinergia que celebra la diversidad sexual, el género fluido y reinventa el arte escénico contemporáneo.

Foto suministrada/VANGUARDIA
Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Paola Esteban

Un cierto día de diciembre de 2022, una tarde lluviosa encontró a Jhon Barreto aceptando la invitación de una amiga para un encuentro en un lugar que no esperaba. Al llegar, se encontró en la casa de los suegros de alguien llamado Elsa. Sin saber por el momento que se trataba de la santandereana nominada al Grammy Latino, Elsa y Elmar.

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Jhon Barreto, conocido por su enfoque auténtico y profundo en las artes escénicas, ha ido labrando su camino con una visión que trasciende lo comercial.

Algún tiempo después de ese día, Jhon recibió un mensaje que le dejó perplejo: era Elsa y Elmar preguntándole quién era él. A pesar de conocer su carrera y su impacto en la región, el bailarín no tenía claro el alcance de su influencia. Este encuentro casual le abrió las puertas a un círculo cultural que apreciaba su trabajo y me situó en un nuevo horizonte de posibilidades.

Un año después, en diciembre de 2023, el destino le llevó a otro encuentro crucial, esta vez con Susana Botero. Durante la entrevista para un cortometraje experimental premiado por el Ministerio, tuve la oportunidad de compartir mi práctica artística y los desafíos de mi maestría. Fue un momento revelador que amplió mis horizontes.

“Ese mismo mes, Elsa y Elmar me contactó nuevamente. Esta vez, para hablarme de su nuevo proyecto, Palacio, buscando profundizar en el entrenamiento corporal. Elsa no quería algo superficial, sino explorar y entender su cuerpo en el escenario. En nuestra conversación, le dejé claro que mi enfoque iba más allá de la comercialización de la imagen; se trataba de la autenticidad y la expresión genuina”, explica Barreto.

Y explica: “la danza, para mí, es una disciplina que demanda y valora lo que cada cuerpo puede hacer. No busco cuerpos específicos; busco el potencial único de cada individuo. Los cuerpos están en constante cambio, y mi arte refleja esa mutabilidad, una danza perpetua entre la vida y la muerte. Enseñar danza tradicional a novatos es un desafío que me apasiona. Mi sistema de entrenamiento es sensorial e intuitivo, priorizando la conexión con la música antes que la técnica. La autenticidad y la emoción son esenciales en el escenario; sin ellas, la perfección técnica se queda vacía”.

Su colaboración con Elsa resultó ser un proceso de aprendizaje y adaptación constante. Asumió el rol de “coach escénico”, proporcionando herramientas interpretativas y resistencia física para el rodaje del álbum. Enfrentaron la incertidumbre del entorno y ajustaron la energía y presencia física en cada toma.

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“La improvisación se convirtió en nuestra aliada, creando una conexión única entre el artista y su voz, más allá del canto”, cuenta.

Y para la artista, la colaboración con Barreto fue también fundamental: “fue increíble. Muy nutritiva, muy transformadora. Me ayudó a desarrollar confianza en mi movimiento y en mi cuerpo y también fue un puente muy importante con conectarme con el arte en Santander”, asegura Elsa.

El viaje en la danza comenzó para Barreto en Málaga, impulsado por su mamá. Las vueltas de la vida le llevaron a Piedecuesta, colaborando con el maestro Antonio García y alcanzando hitos importantes en la danza tradicional. Su descubrimiento de la danza contemporánea a los 20 años le llevó a la Universidad de Antioquia, donde enfrentó desafíos físicos y emocionales.

“La academia, con su enfoque eurocentrista, me motivó a abogar por la inclusión de expresiones culturales locales y a intensificar mi activismo en temas de género”, señala.

En la universidad, la performance y el teatro le despertaron nuevas pasiones, llevándole a colaborar en proyectos significativos. La composición del primer corte de canto popular de la Universidad fue una experiencia reveladora, enseñando a los músicos a interpretar la música con sus cuerpos.

Fotos suministradas/VANGUARDIA
Fotos suministradas/VANGUARDIA

De vuelta en Bucaramanga, señala que sus presentaciones en el Teatro Santander han sido un privilegio y una inspiración constante.

“Cada año, la emoción de actuar en este espacio icónico me recuerda el poder del arte para transformar y sanar. La función del Mercoart en 2022, con 900 personas en la audiencia, fue un triunfo técnico y artístico que reflejó la magia de la danza”, explica.

John Barreto, con su enfoque en la autenticidad y el potencial único de cada cuerpo, sigue siendo una figura transformadora en el mundo del arte no binario.

Publicado por: Paola Esteban

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