Lucila González Aranda, guardiana del arte y la memoria santandereana, partió en la madrugada del 20 de diciembre, dejando un importante legado en los museos, las aulas y los corazones que tocó con su pasión por la cultura.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
En el hogar de Valentín y Clementina, la Bucaramanga de 1931 vio nacer a Lucila González Aranda, ese día los vientos susurraban la llegada de una mujer destinada a entretejer los más bellos matices con que las artes se engalanan y enseñaría a preservarlos en museos y centros de estudio, para disfrute de futuras generaciones.
La maestra Lucila falleció este 20 de diciembre en la madrugada.

Desde pequeña, Lucila sintió el llamado de todo cuanto albergaba el trabajo humano para ser resaltado o protegido y así arte e historia se convirtieron en su brújula.
Creció rodeada del calor santandereano, pero su espíritu buscaba horizontes más vastos. Fue en la Universidad de los Andes, en Bogotá, donde las primeras luces de su camino se encendieron. Allí, entre libros y cátedras, tuvo el privilegio de ser alumna de Marta Traba, crítica de arte que encendía pasiones y sembraba inquietudes. Bajo su guía, Lucila entendió que el arte no es solo una expresión, sino una forma de resistencia y permanencia.

Europa la llamó en la década de los sesenta y ella respondió. Londres fue su refugio y su escuela. En el “University of Oxford Delegacy for Extra-Mural Studies” bebió de las aguas del conocimiento y vivió el esplendor cultural de un continente que se reconstruía con fuerza y belleza. Europa la moldeó, pero nunca apagó su esencia santandereana.
Cuando regresó a Bucaramanga, no lo hizo como la misma mujer que había partido. Volvió con un equipaje cargado de saberes, experiencias y sueños. Se dedicó a enseñar, compartiendo su amor por la lengua inglesa en el Colegio Panamericano y por la historia del arte en el Itae. Para Lucila, cada aula era un lienzo y cada estudiante una obra en proceso.

En 1977, Gloria Zea una visionaria del arte, confió en Lucila para liderar la Coordinación de la Regional de Colcultura en Santander. Desde ese puesto, Lucila se convirtió en guardiana del patrimonio, una voz que defendía la memoria y la identidad cultural de su región. Luego fue directora del Museo Guane de la Casa de Bolívar, donde las paredes resonaban con los ecos del pasado y más tarde asumió el reto de liderar el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga (MAMB) por más de 25 años (1990 y 2015). El Mamb bajo su dirección dejó de ser un espacio pequeño para convertirse en el templo del arte moderno santandereano. La colección creció de 25 a 215 obras, cada una de ellas testimonio de la riqueza artística de Santander y Colombia. Pero Lucila no solo amplió el edificio museal, también abrió corazones. Su gestión convirtió al Mamb en un lugar de encuentro, aprendizaje y reflexión.

En 2021, el Mamb rindió homenaje a su alma mater bautizando su Sala 1 como “Sala Lucila González Aranda”. Este gesto no solo reconocía su trabajo incansable, sino que aseguraba la vigencia del nombre de su fundadora, susurrando a cada visitante que el arte es un puente entre el pasado y el presente.
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Lucila dedicó su vida a mostrar que el arte no es un lujo, sino una necesidad. Que una pintura, un poema o una clase pueden ser tan transformadores como la más grande revolución.
Sus honras fúnebres se llevarán a cabo el 21 de diciembre de 2024, a las 11:00 a.m., en la Capilla La Resurrección. La velación iniciará el 20 de diciembre, desde las 2:00 p.m., en la Funeraria La Colina Lagos del Cacique – Sala Colonial, ubicada en la Calle 70 No. 33 – 1139, en Bucaramanga. Sus familiares, encabezados por su hermana Beatriz González Aranda, agradecen la asistencia y el apoyo en este momento. Su destino final será el Parque Memorial Jardines La Colina.














