Cultura
Martes 11 de marzo de 2025 - 10:43 AM

Medea desterrada: la tragedia griega que cobra vida en Bucaramanga

¿Qué pasaría si Medea viviera en nuestra realidad? Medea desterrada trae la tragedia griega al presente, en una obra de Teatro La Tabla del Carnero que nos enfrenta a las sombras de la traición, el exilio y la lucha de las mujeres en un país lleno de Medeas.

Medea no es solo la mujer que mató por despecho, ni la bruja que desafió los dioses. Foto suministrada/VANGUARDIA
Medea no es solo la mujer que mató por despecho, ni la bruja que desafió los dioses. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Una voz antigua resurge en un país que la ha visto nacer mil veces. Medea, la hechicera, la traicionada, la desterrada, ya no habita la mitología griega; ahora camina entre nosotros, perdida en la maraña de injusticias y dolores que pueblan estas tierras.

Medea no nació solo en la tragedia de Eurípides. Su sombra se extiende por siglos, arrastrando en sus pasos la furia de lo irreparable. Hija de la magia, amante traicionada, madre de la muerte, su historia es un eco que nunca se apaga, un lamento que el arte se empeña en repetir.

Amó con la fuerza de una tempestad y traicionó su sangre por un hombre que juró lealtad entre sus brazos. Jasón, el héroe de la aventura y el despojo, la llevó lejos, solo para abandonarla en la arena del olvido. Allí, en la tierra que nunca sería suya, la diosa de la hechicería se quebró. Y en ese quiebre, su nombre se convirtió en sinónimo de venganza.

Pero Medea no es solo la mujer que mató por despecho, ni la bruja que desafió los dioses. Es la extranjera, la incomprendida, la exiliada de su propia historia. Su llanto, su rabia y su desesperanza han sido retomados por artistas de todos los tiempos: en el teatro, donde Eurípides la convirtió en mito; en la ópera, donde Cherubini y Pasolini la elevaron al reino del dolor inmortal; en la pintura y la literatura, donde sus ojos siguen mirándonos con la angustia de quien lo ha perdido todo.

Medea desterrada no solo es una obra; es un grito. Foto suministrada/VANGUARDIA
Medea desterrada no solo es una obra; es un grito. Foto suministrada/VANGUARDIA

Cada Medea que nace en el arte lleva consigo la voz de muchas mujeres olvidadas. En el teatro contemporáneo, su tragedia se reescribe en sociedades que aún castigan a las mujeres que no encajan en su molde. Su fuego arde en cada puesta en escena, en cada verso que la invoca. Porque Medea no murió en Corinto. Medea está viva en cada historia de abandono, en cada destierro, en cada voz que se niega a ser silenciada.

El arte no la deja descansar. Y quizás, después de tanto tiempo, Medea solo quiere ser escuchada.

Además, esta obra ess un reflejo, un espejo turbio en el que se asoman las Medeas de este país, mujeres forzadas al exilio de sus propias vidas, traicionadas por sistemas implacables, condenadas al olvido. Bajo la dirección de Miguel Lugo y la esencia del Teatro La Tabla del Carnero, esta historia antigua se viste de presente, y en cada palabra, en cada gesto, nos recuerda que las tragedias no han cambiado, solo han cambiado de escenario.

Medea desterrada se va a presentar en la Sala Inusual, carrera 26 # 32-42, a las 7:30 pm, este viernes 14 y sábado 15 de marzo. La boleta se consigue en la entrada de la sala.

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Desde 2018, este teatro experimental e independiente ha sido un refugio para el pensamiento crítico, el absurdo que cuestiona, el arte que incomoda. Más allá de entretener, La Tabla del Carnero busca sembrar dudas, romper certezas y convertir el escenario en un territorio donde las preguntas pesan más que las respuestas.

Pero el teatro no es solo una puesta en escena; es también una siembra. Desde 2023, el grupo ha abierto un semillero, un espacio donde los cuerpos y las voces aprenden el oficio, donde los que nunca han pisado un escenario descubren la magia del arte y donde aquellos que han perdido su grupo encuentran un hogar en las tablas.

Medea desterrada no solo es una obra; es un grito. Un llamado para mirar de frente las Medeas que habitan entre nosotros y no apartar la vista. Porque el teatro, cuando es verdadero, no nos deja intactos. Nos transforma. Nos despierta. Nos destierra del olvido.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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