Reconocido por transformar la piedra en experiencias sensoriales y fundar la Escuela de Artes de la Universidad Nacional en Medellín, el artista murió rodeado de su familia.

Publicado por: Redacción Cultural
Colombia despide a uno de sus grandes. El escultor y arquitecto Hugo Zapata, pionero en el trabajo con piedra y referente indiscutible en la enseñanza del arte, falleció este martes 3 de junio a los 80 años, en Medellín. La noticia de su partida ha tocado profundamente a la comunidad artística nacional e internacional, que hoy lo recuerda como un creador esencial, capaz de convertir la materia más antigua del mundo en formas nuevas, poéticas y profundamente humanas.
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Zapata murió rodeado de sus seres queridos, cerrando así una vida dedicada al arte, a la naturaleza y a la formación de nuevas generaciones de artistas. Su obra, marcada por la exploración espiritual de la piedra, deja una huella permanente en el paisaje artístico colombiano y más allá de sus fronteras.
Nacido el 11 de septiembre de 1945 en La Tebaida, Quindío, Zapata se trasladó siendo apenas un niño a Medellín, ciudad donde echó raíces y construyó su mundo creativo. Su fascinación por las piedras, como él mismo relató, nació en su infancia, cuando recogía rocas del río Magdalena, iniciando una conexión íntima con la geología que sería el hilo conductor de su obra.
Estudió en el Instituto de Artes Plásticas de la Universidad de Antioquia y se graduó como arquitecto en la Universidad Nacional en 1972. A lo largo de su carrera, rompió con las formas artísticas tradicionales y se posicionó como figura central de la llamada “generación bisagra”, un grupo de creadores que revolucionó la escena artística en Medellín durante los años setenta.
Zapata no solo se destacó por su obra, sino también por su entrega como maestro. Fue uno de los fundadores de la Escuela de Artes de la Universidad Nacional en Medellín, donde promovió un enfoque pedagógico libre, experimental y profundamente humano. Su rol como educador ha sido clave en la formación de artistas contemporáneos, quienes lo reconocen como mentor, guía y visionario.
El lenguaje sagrado de la piedra
El arte de Zapata trascendió lo visual. Sus esculturas son, para muchos, experiencias sensoriales que comunican una espiritualidad elemental. Trabajó con materiales como la lutita negra y los óxidos de hierro, siempre con un profundo respeto por la naturaleza. La fusión de roca y agua, elementos recurrentes en sus obras, otorgó a su producción un carácter casi ritual, como si cada escultura fuera un diálogo entre el ser humano y la tierra.
En 2023, durante una exposición en El Castillo (Medellín), se destacaron piezas como Afloramientos y Cantos a la Tierra, testimonios de su búsqueda incesante por captar la energía interna de los minerales. En una de sus últimas entrevistas, compartió la historia de una esfera de cuarzo hallada en una caminata por Venezuela, objeto al que se refirió como un “regalo cósmico”. Esa sensibilidad por lo oculto en la materia fue siempre su sello distintivo.
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Desde 1975, Hugo Zapata llevó su obra a escenarios internacionales, representando a Colombia en eventos como la Bienal de São Paulo (1996) y participando en exposiciones en América Latina, Europa y Estados Unidos. Sus esculturas hacen parte de colecciones públicas y privadas tanto dentro como fuera del país, consolidando su lugar entre los grandes del arte latinoamericano.
En Colombia, su obra forma parte del paisaje urbano y académico. Varias de sus esculturas se encuentran en el campus de la Universidad de Antioquia y en el Museo de Arte Moderno de Medellín, espacios que también resguardan su influencia como formador. La Universidad Nacional y la Universidad de Antioquia han emitido comunicados destacando su invaluable aporte a la cultura y a la educación.
Hasta el momento, no se han revelado las causas de su fallecimiento. Lo cierto es que su partida ha sido recibida con pesar y gratitud. Artistas, estudiantes, críticos y amantes del arte han llenado las redes sociales con mensajes que celebran su legado y lamentan la pérdida de un hombre cuya vida fue, literalmente, esculpida con paciencia, sabiduría y sentido espiritual.
“Zapata entendía la piedra como pocos”, escribió un exalumno en X. “Nos enseñó a escucharla antes de tallarla, a tocarla como quien toca la memoria de la tierra”.
En palabras del propio Hugo Zapata, recogidas por El Colombiano: “El resultado es que la piedra genera la felicidad o la reflexión. Esa forma feliz de la piedra es lo que yo saco para regalarle a los demás”.
Hoy, Colombia despide a un escultor, a un maestro y a un alquimista de lo natural. Y en el silencio de sus piedras, resuena la eternidad de su obra.

















