El fanzine De todos los lugares, mi lugar, creado por Mila Bahamón y Camilo Carrillo, es un proyecto cultural que visibiliza la historia y resistencia de la comunidad Lgbtiqaq+ en Bucaramanga.
Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
La crónica abre con la lluvia. No la que interrumpe, sino la que transforma. Es la metáfora perfecta para lo que implica ser diverso en una ciudad que aún aprende a mirarse sin filtros de prejuicio. Así empezó también aquella Noche Queer de San Valentín en Muni, el espacio de arte independiente donde todo este proyecto tomó impulso.
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Esa noche, entre música, luces, escarcha y tacones, se abrió una grieta luminosa en la cotidianidad santandereana. En esa juntanza, lo diverso se asumió como fuerza creadora y no como excepción. Allí no había necesidad de explicación. Solo la presencia plena de cuerpos disidentes reclamando su lugar.
El amor, cuando no se ajusta a la norma, tiene que abrirse paso con uñas afiladas, pestañas de escándalo y la firmeza de quien sabe que la ternura también es una forma de lucha. Bucaramanga, tierra de brisa tibia y moral rígida, ha sido durante décadas un territorio de silencios para las diversidades sexuales y de género. Pero algo ha cambiado. O, mejor dicho, algo ha empezado a decirse en voz alta.
Ese murmullo convertido en voz colectiva tomó forma física en un objeto pequeño, pero desbordante: De todos los lugares, mi lugar, un fanzine editorial que no solo narra, sino que resiste, celebra, denuncia y abraza. Concebido por la periodista y gestora cultural Mila Bahamón y el fotógrafo Camilo Carrillo (Miles de Equis), este gesto de memoria viva surge del Laboratorio Creativo de Santander (Lacsa) como un ejercicio de documentación profunda y afectiva de la experiencia queer en la ciudad.

Pero no todo fue fiesta. La historia que el fanzine recoge también transita los bordes más frágiles del ser. Goldros, artista drag de la escena local, es uno de esos nombres que habita la crónica con fuerza. Su testimonio aparece como un momento de quiebre y renacimiento. Cuando confesó su decisión de alejarse temporalmente del escenario por motivos de salud mental, lo hizo desde una honestidad que desarma. Verla después regresar, renovada y luminosa, es el tipo de arco narrativo que solo puede emerger de un trabajo cuidadoso con las emociones.
Mila lo recuerda así: “Nos marcó mucho, porque en medio de todo ese proceso de escarcha y brillo, entendimos que también hay valles. Y que en esos valles también hay que saber estar, acompañar, narrar con cuidado.”
De todos los lugares, mi lugar no es solo una crónica. Es un archivo emocional y político. Es también un acto de memoria. Por eso recoge voces diversas, de distintas generaciones, trayectorias y rincones de la ciudad. Está Vanessa Durán, psicóloga y activista, que fue testigo de los años más grises. Está Robinson Duarte, que recuerda los bares clandestinos donde el amor era un riesgo calculado. Y está AndyCrack, artista drag que ha hecho del maquillaje una herramienta de sanación.
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Junto a los relatos está el registro visual de Camilo Carrillo, que más que fotografiar, documenta. Su cámara no mira desde afuera: se sumerge. Sus imágenes no ilustran el texto, lo expanden. Cada retrato, cada escena de fiesta o de pausa, es una puerta a esa otra Bucaramanga que ya no pide permiso.
Euforia, Prisma, La Vida en Drag: los nuevos templos
Los lugares también hablan. El fanzine recorre escenarios que se han vuelto trincheras: Euforia, Cabaret Drag, Prisma, La Vida en Drag. Son espacios de libertad conquistada, de pedagogía informal, de comunidad tejida con hilos de lentejuela. Lugares que han demostrado que el arte drag no es frivolidad, sino acto político; que un show de lip-sync puede ser más transformador que cualquier discurso académico.
Sin embargo, el fanzine no idealiza. También registra el agotamiento, las violencias soterradas, las barreras institucionales. Hay un compromiso profundo con narrar lo real, sin edulcorantes ni simplificaciones. Porque lo queer también cansa, también se quiebra, también necesita parar. Y eso, lejos de ser debilidad, es parte de su fuerza.
Mila y Camilo entienden este proyecto como un gesto de herencia. Como una casa de papel donde las nuevas generaciones puedan encontrar cobijo. Porque los adolescentes queer de hoy, más empoderados, más conscientes, también necesitan saber que hubo quienes abrieron camino. Que hubo quienes pelearon por cada centímetro de libertad. Que la ciudad no siempre fue tan habitable como ahora comienza a serlo.

Por eso, De todos los lugares, mi lugar también es un puente. Entre quienes caminaron en tacones por las calles oscuras de los noventa y quienes hoy marchan en la luz del día, con glitter, con pancartas, con orgullo.
El fanzine fue editado con la guía del filósofo y escritor Carlos Ulloa, con ilustraciones de la artista Abby Sampayo, y la impresión fue realizada en La Bruja Riso, un taller de risografía que se ha vuelto referente de la edición independiente en el nororiente colombiano.
Todo el proceso fue posible gracias a la Beca Cree en Tu Talento 2025, del Instituto Municipal de Cultura y Turismo. Pero más allá del reconocimiento institucional, este proyecto se alza como una afirmación contundente: lo queer también es cultura, también es historia, también es ciudad.
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En su esencia más profunda, este fanzine es un hogar. No de ladrillos, sino de palabras, imágenes y afectos. Un hogar para quien nunca lo tuvo. Un lugar donde caben las preguntas sin respuesta, las identidades en tránsito, las alegrías ruidosas y los silencios reparadores. Un archivo queer en tiempos de olvido.
















