Cultura
Jueves 10 de julio de 2025 - 12:26 PM

La memoria sembrada en una instalación sobre el desplazamiento forzado

La artista santandereana Ros Nuby Sanabria presenta Esto aquí y entonces, una instalación que transforma su historia de desplazamiento forzado en una obra de arte sobre la memoria, el duelo y el conflicto armado en Colombia.

Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria
Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Unos rectángulos de tierra dispuestos como sepulturas. En silencio, sin nombres, sin cruces. Solo la forma pura del duelo y la ausencia. Así comienza Esto aquí y entonces, la instalación de la artista santandereana Ros Nuby Sanabria, una obra que transforma el dolor del desplazamiento forzado en un acto poético de memoria.

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Cada fragmento de tierra representa una pérdida. No solo las muertes que deja el conflicto armado colombiano, sino también lo que se desvanece cuando una familia se ve obligada a abandonar su hogar: la casa, los vínculos, los rituales cotidianos, el tiempo anterior.

Ros sabe de eso. Su historia personal está atravesada por el desarraigo. Por eso, cuando llegó el momento de pensar en su proyecto de grado en Artes Plásticas, entendió que no podía hablar solo de alegría. “A mediados de la carrera quería hacer algo feliz, incluso pensé en caricatura. Pero me di cuenta de que tenía una sensibilidad para trabajar desde mi historia de vida. Una vez me contaron un hecho del conflicto y sin pensarlo saqué una obra de ahí”, recuerda.

Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria
Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria

La instalación se compone de tres elementos: una representación del municipio de origen, la ciudad que la acogió tras la huida, y un video que recorre ese primer territorio con una cámara que mira con nostalgia y respeto. Pero es en esos rectángulos de tierra donde el espectador entiende el peso del recuerdo.

“Fueron varios los recuerdos que surgieron, cuenta Ros. Muchas veces se piensa que, en los territorios marcados por el conflicto, todo es dolor, pero también hay memorias muy bonitas: juegos, amistades, momentos felices en familia. Muchos de esos vínculos ya no volveré a ver”.

No se trata de una historia lineal, sino de una experiencia que se activa con los sentidos. El video, explica la artista, funciona como un puente emocional. “Es una mirada al pasado desde el presente. Buscaba que el espectador pudiera conectar desde lo humano: el duelo, el intento de mirar sin que duela tanto”.

Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria
Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria

Ros no siempre fue artista. Su formación inicial fue en ingeniería de sistemas, una disciplina en apariencia distante del arte. Pero el tránsito hacia las artes plásticas se convirtió en una forma de entender(se), de mirar de frente aquello que durante años había permanecido en silencio. “Fue un proceso difícil, pero también un acto de cuidado conmigo misma. Una manera de reconocer el dolor sin quedarme solo en él”.

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Compartir su historia no fue sencillo. Exponerla en una sala, abrirla al público, implicaba vulnerabilidad. “Sí, fue difícil. Compartir una experiencia personal implica despojarse frente a otros. Pero sentí que era necesario: una forma de transformar el dolor en algo que pudiera ser compartido desde la sensibilidad. Entendí que, al hablar de lo propio, también estaba dando voz a lo común”.

Ros eligió los elementos de la obra con cuidado. El pueblo que se deja. La ciudad que recibe. La memoria suspendida entre ambos. Y los cuerpos ausentes que ahora reposan, simbólicamente, en la tierra. Esa tierra que también fue arrancada.

Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria
Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria

El arte y la guerra en Colombia: un diálogo necesario

Colombia arrastra más de seis décadas de conflicto armado interno, marcado por enfrentamientos entre guerrillas, paramilitares, fuerzas del Estado y narcotráfico. Más de nueve millones de personas han sido registradas como víctimas, muchas de ellas desplazadas forzosamente de sus territorios.

En Colombia, el conflicto armado dejó marcas en millones de cuerpos y geografías. El arte ha sido una forma de decir lo que no cabe en un informe ni se resuelve en una sentencia. Cuando las cifras no alcanzan a narrar la dimensión del dolor, y cuando los expedientes oficiales no logran recomponer el tejido roto por la guerra, ha sido el arte, con sus tiempos, sus gestos y su potencia simbólica, el que ha logrado nombrar lo que duele, lo que falta, lo que aún late.

Desde los primeros años del siglo XXI, y con mayor intensidad tras la firma del Acuerdo de Paz, artistas de todas las regiones del país comenzaron a tomar la palabra desde otros lenguajes: el del cuerpo que recuerda, la tierra que guarda, la voz que canta, la imagen que permanece. Colectivos comunitarios, obras individuales, performances y rituales han hecho del arte una trinchera de memoria y de cuidado, una forma de resistir al olvido.

Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria
Ros Nuby Sanabria: del desplazamiento al arte como acto de memoria

En este paisaje han surgido apuestas memorables: Fragmentos, de Doris Salcedo, que funde armas para construir una contra monumental imposible de ignorar; El Testigo, de Jesús Abad Colorado, que desde la fotografía devuelve humanidad a los rostros desplazados; La Ruta Pacífica de las Mujeres, que borda la memoria en los cuerpos y en los tejidos. Y también están las voces de los pueblos: las obras tejidas por comunidades indígenas, campesinas, afrodescendientes, que convierten la experiencia de la guerra en canto, en mural, en ceremonia.

Estas expresiones no reemplazan la justicia institucional, pero sí la interpelan: la amplían, la completan desde la sensibilidad. En muchos territorios, antes que una audiencia judicial, fue una obra de teatro o un círculo de palabra lo que permitió comenzar a sanar.

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En ese proceso, las víctimas han dejado de ser solo cifras o sujetos de reparación. Se han convertido en autoras de sus propias narrativas. Han hecho del arte una forma de reconfigurar el miedo, de resignificar el recuerdo, de compartir lo vivido sin quedar atrapadas en la herida. Y al hacerlo, han sembrado otra clase de justicia: una justicia simbólica, frágil y poderosa, que no olvida y que cuida.

Porque en este país, donde el duelo ha sido tan largo, hay memorias que solo el arte ha sabido guardar.

Esto aquí y entonces se inscribe en esta tradición, pero desde una voz íntima, que no busca representar a otros sino contar lo vivido desde la piel. Es testimonio, pero también acto de creación; es duelo, pero también cuidado.

“Mi proyecto busca aportar a la memoria colectiva desde mi experiencia personal, como una forma de testimonio íntimo que se abre al espectador, afirma Ros. El arte tiene el poder de hacer visibles otras formas de recordar, de sentir y de pensar lo vivido”.

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Su obra no da respuestas, ni cifras, ni diagnósticos. Lo que ofrece es otra forma de narrar el conflicto: una que nace desde el cuerpo, desde la pérdida, desde la necesidad de compartir lo vivido para no cargarlo sola.

Y en esos rectángulos de tierra, mínimos, callados, irrefutables, queda sembrada una pregunta: ¿cómo se recuerda lo que ya no está, sin que duela tanto?

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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