Cultura
Martes 28 de octubre de 2025 - 04:32 PM

“El olvido suele comportar la repetición”: una entrevista con Gonçal Mayos

¿Aprendimos algo del siglo más violento o solo cambiamos uniformes y escenarios? Para Gonçal Mayos, la respuesta exige memoria: nacionalismos en alza, democracias fatigadas y propaganda con esteroides tecnológicos. La advertencia suena actual: donde se olvida, se repite.

“El olvido suele comportar la repetición”: una entrevista con Gonçal Mayos. Foto suministrada/VANGUARDIA
“El olvido suele comportar la repetición”: una entrevista con Gonçal Mayos. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Ochenta años después del conflicto que marcó el siglo XX, el mundo vuelve a estremecerse ante tensiones globales, guerras regionales y un clima geopolítico que —por momentos— recuerda inquietantemente los años previos a 1939. ¿Aprendimos realmente algo del pasado o solo cambiamos los uniformes y los escenarios?

Gonçal Mayos, profesor, escritor, conferencista y filósofo, nos invita a mirar el presente con la memoria del siglo XX. “Hemos de ser conscientes de que Hitler o su ministro de propaganda Goebbels tenían muchos menos medios técnicos y poder global que las grandes —o incluso medianas— potencias actuales”, advierte, al señalar los inquietantes paralelismos entre el ayer y el hoy.

En esta conversación, Mayos reflexiona sobre el regreso de los nacionalismos, la crisis del pensamiento ilustrado y la fragilidad de las democracias contemporáneas, así como sobre el auge del populismo y la desinformación tecnológica. Al final, deja una advertencia que resuena con fuerza: la historia no se repite exactamente, pero rima con inquietante facilidad. Si el olvido es el preludio de la repetición, la memoria crítica sigue siendo nuestra mejor defensa.

“El olvido suele comportar la repetición”: una entrevista con Gonçal Mayos. Foto suministrada/VANGUARDIA
“El olvido suele comportar la repetición”: una entrevista con Gonçal Mayos. Foto suministrada/VANGUARDIA

Profesor Mayos, ¿por qué considera que, a ochenta años del estallido de la Segunda Guerra Mundial, sigue siendo necesario mirar nuestra actualidad desde aquel conflicto? ¿Qué espejo nos ofrece hoy esa tragedia global?

Creo que últimamente olvidamos demasiado las barbaries y sus terribles consecuencias que se sucedieron entre las dos guerras mundiales. Así menospreciamos los riesgos que corremos, pues olvidar suele comportar repetir. Fácilmente se podrían dar de nuevo —¡y muy aumentados por la tecnología y la turboglobalización!—. Recordemos el Holocausto, las bombas atómicas, las agresividades ideológicas que pronto se convierten en militares, el crac económico de 1929, etc.

Durante décadas, la humanidad recordó vivamente el trauma que todo ello dejó en las sociedades y en la política. Era una memoria en gran medida creativa y benéfica, pues impulsó la rápida y sucesiva creación de la actual ONU, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, del Estado del bienestar, de la Unión Europea, de la regulación económica que se inició en Bretton Woods, de la OTAN...

Evidentemente no fueron creaciones perfectas, pero ayudaron a pacificar el mundo —¡incluso en la Guerra Fría!—. Mantuvieron un desarrollo económico que ahora parece que estamos volatilizando con aranceles unilaterales, exagerados y arbitrarios. Aunque se puedan entender algunas motivaciones, hoy se aplican internacionalmente medidas coercitivas muy duras y fuera del paraguas jurídico, que pueden provocar una escalada incontrolada y violenta, como sucedió en el periodo de entreguerras y en otros momentos críticos.

¿Y si el siglo XX aún no ha terminado? ¿En qué sentidos seguimos prisioneros de sus lógicas, de sus miedos o incluso de sus esperanzas?

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No han cambiado ni las lógicas internacionales de dominio, de imperialismo —al menos subyacente—, de agresividad verbal y de odio que fácilmente devienen violencia. Tampoco han cambiado los miedos ni las ingenuidades culpables. Las relaciones internacionales siempre han sido espinosas y muy complicadas. Es triste que algunos políticos jueguen con fuego, menosprecien las crueles enseñanzas de la historia y olviden la facilidad con que se puede destruir la seguridad y la paz, que luego cuestan mucho de recuperar.

El periodo de entreguerras estuvo lleno de señales de advertencia que las sociedades no quisieron ver: polarización, crisis económica, populismos, desinformación. ¿Estamos, una vez más, ignorando los signos de un colapso que ya se anuncia?

Hoy la polarización, el menosprecio, la ira y el odio vuelven a estar a la orden del día, y con redes sociales y tecnologías que los incrementan muchísimo. La crisis económica es una amenaza, y las políticas de austeridad hace años que perduran en el panorama global, castigando a sectores sociales que pueden desestabilizar el conjunto. Los populismos de extrema derecha o de extrema izquierda son hoy más poderosos y están presentes en casi todos los países. Son poderosísimas las actuales tecnologías de desinformación, fake news y posverdad. Todo eso son signos de los tiempos actuales, y también lo fueron en otros momentos históricos clave, de los cuales debemos retener las enseñanzas para así sortear los obstáculos y riesgos.

Entonces en cierto modo estamos peor que en los años 30…

Sí. Hemos de ser conscientes de que Hitler o su ministro de propaganda Goebbels tenían muchos menos medios técnicos y poder global que las grandes —o incluso medianas— potencias actuales. ¡Y quizás que algunos agentes tecnológicos privados y empresariales!

invasión alemana de polonia de 1939. Foto EFE/VANGUARDIA
invasión alemana de polonia de 1939. Foto EFE/VANGUARDIA

Las instituciones creadas para evitar otra guerra global —la ONU, la OTAN, la Unión Europea— parecen hoy cuestionadas o ineficaces. ¿Estamos presenciando su ocaso o su necesaria transformación?

La historia nunca se detiene, y ese orden ya había sido profundamente transformado por el abandono generalizado de las políticas públicas keynesianas, el fin de la energía superbarata con la guerra del petróleo, las deslocalizaciones industriales, las desregulaciones económicas, el llamado “consenso de Washington” neoliberal aplicado en la gobernanza global, la poderosa eclosión de China y la India…

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Muchos cambios fueron pasos adelante, como la consolidación de la Organización Mundial del Comercio o algunas agencias globales del clima. Creemos que nadie piensa en una guerra global, que hoy sería sin duda atómica. Eso es bueno, pero no hay que menospreciar la posibilidad ni el efecto preventivo que tiene el miedo a lo que significaría, aunque insistimos en que afortunadamente parece ser algo lejano.

En tiempos de posverdad, hiperconectividad y guerras narrativas, ¿cómo puede cultivarse una memoria histórica que no sea ni un refugio nostálgico ni un instrumento de manipulación política?

Hay que advertir que la historia muestra que todas las guerras son híbridas y que el momento militar viene precedido y acompañado de escaladas ideológicas, deshumanizadoras, con elementos simbólicos donde la verdad es lo que menos importa. La posverdad es peligrosa por sí misma, ¡pero aún más por sus consecuencias ideológicas o militares!

Las humanidades parecen hoy marginadas frente al dominio de la tecnología y la inmediatez. ¿Qué papel pueden y deben jugar en un mundo que parece haber perdido la capacidad de comprenderse a sí mismo?

Toda comprensión humana necesita de un sentido general y a largo plazo, un análisis crítico amplio, un relato justo y verídico, una narración que destaque los hechos más significativos, una reflexión mínimamente pausada. Y eso difícilmente lo dan los medios apresurados, las ciencias centradas en el dato parcial o las luchas partidistas a corto plazo. Las humanidades son necesarias para que entre todos construyamos una macrofilosofía que nos oriente a medio plazo y nos ayude a dar sentido a nuestra vida particular y también colectiva.

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