Magazín cultural
Viernes 24 de octubre de 2025 - 05:48 PM

Alejandro Pinzón: el santandereano que lleva el arte naíf colombiano al mundo

Con más de tres décadas de trayectoria, Alejandro Pinzón ha puesto el arte primitivista colombiano en las galerías del mundo, sin dejar a un lado sus raíces santandereanas.

El arte naíf de Alejandro Pinzón viajó antes que él. Hoy, desde Nueva York, sigue pintando el Santander que lleva en el corazón: colorida, sencilla y llena de vida. / Fotografía por Alejandra Uribe
El arte naíf de Alejandro Pinzón viajó antes que él. Hoy, desde Nueva York, sigue pintando el Santander que lleva en el corazón: colorida, sencilla y llena de vida. / Fotografía por Alejandra Uribe

Compartir

Aunque para muchos el arte naíf colombiano ya no era una corriente de gran proyección hacia finales de la década de los 80, para el santandereano Alejandro Pinzón fue la puerta que lo conduciría al oficio de su vida. En un momento en que este estilo había pasado de ser ampliamente valorado a ocupar un lugar más discreto, el artista nacido en Charalá encontró en él una forma de expresión que lo conectaba con su origen y su entorno.

Con su pincel, las tonalidades intensas y los recuerdos del municipio que lo vio crecer, comenzó a construir un universo pictórico lleno de vida, memoria y cotidianidad campesina que más tarde empezó a hacerse lugar en diferentes galerías del mundo.

El arte naíf, también conocido como arte primitivista, se caracteriza por su espontaneidad, la ausencia de reglas académicas y el uso de colores vivos y contrastantes. A menudo retrata escenas rurales, festividades y oficios cotidianos con una mirada libre que resalta la esencia de la vida popular.

“El propósito de la obra, a través del proceso de creación, es interactuar con el público de la manera más sencilla y comprensible, con la intención de que lo completen o transformen con su interpretación y admiración”, señala Pinzón. Lea también: Convocatoria 2025 del XI ‘Ahí Están Pintadas’ en Bucaramanga

Pinzón creció en un hogar donde el arte abundaba. Entre pianos, tiples y voces familiares, parecía que la música sería también su destino, pero no fue así. “En la familia hay un poquitico de genética artística. Todos han sido músicos; el único sordo resulté siendo yo, que me dediqué a la pintura”, bromea.

Obra Atardecer en el Cedro, por el santandereano Alejandro Pinzón. / Suministrada
Obra Atardecer en el Cedro, por el santandereano Alejandro Pinzón. / Suministrada

A los quince años tuvo la certeza de que ese era el camino que quería seguir, y de hecho, desde sus trece comenzó a formarse con el maestro Manolo Díaz, también oriundo de Charalá, de quien adoptó una rigurosa disciplina y una mirada sensible hacia lo cotidiano.

Su profesión comenzó participando en exposiciones regionales, donde obtuvo el primer premio juvenil en el 5° Salón Regional de Charalá. Trabajó junto a su maestro Manolo Díaz en la realización del mural de la Casa de la Cultura de su pueblo, una experiencia que le permitió estudiar de cerca y de manera vivencial el proceso creativo del maestro.

Después de esa circunstancia, Pinzón decidió viajar a Bogotá para radicarse allí. Tenía apenas 18 años y un entusiasmo enorme por abrirse camino en el arte. Además, cuenta que durante su juventud asistió a talleres de artistas como María Antonieta Correa y Enrique Ollaga, aunque siempre conservó su estilo propio.

Publicidad

Cuando llegó a la capital, el arte naíf atravesaba un momento difícil. “Ya estaba de capa caída, pero pensé: si se están acabando los primitivistas, me están dejando la plaza a mí solo”, comenta. Su persistencia lo llevó a exponer en galerías, aunque al principio muchas no las aceptaban. Poco a poco, su obra empezó a ganar reconocimiento. Realizó 15 exposiciones en Bogotá y diferentes puertas se abrieron para que sus creaciones salieran del país. Le puede interesar: El arte en tiempos de algoritmos: cómo la IA impacta los oficios artísticos en Santander

Así, sus cuadros llegaron a Francia, Mónaco, Bélgica, España, China y Japón. En Mónaco expuso en el World Trade Center con autorización del Principado y más tarde en el Grand Prix de Mónaco.

También fue invitado a la Bienal del Museo de Arte Moderno de Moscú, donde exhibió junto a obras de Henry Rousseau, uno de los grandes referentes mundiales del arte naíf. “Eso fue algo muy importante para mí, porque Rousseau es una inspiración para todos los que pintamos desde el alma”, dice.

Su obra también ha pasado por el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, así como hace parte de museos como el Bárbaro Rivas en Caracas, el Museo de Arte Moderno de Bahía (Brasil), el Museo de Arte Moderno de Moscú y el Museo Latinoamericano de Arte Naíf en Ecuador, donde se inauguró una sala exclusiva con nueve obras donadas por él.

En 2015 organizó en Bogotá el Primer Festival Internacional de Arte Naíf de Colombia, un evento pionero en América Latina que reunió a artistas de varios países y colapsó la capacidad del Club Ateneo del World Trade Center. “Fue un éxito total. Me tocó abrir dos salas más. No me volvieron a dejar exponer allá porque el sitio se llenó demasiado”, agrega el artista.

Desde Nueva York, lleva el color de Colombia al mundo

Alejandro Pinzón vive en Nueva York, donde continúa difundiendo el arte naíf colombiano. Llegó hace siete años en busca de nuevos horizontes y hoy sus obras se han exhibido incluso en las pantallas de Times Square. También ha sido invitado por la alcaldía de Nueva York durante el Mes de la Hispanidad y ha participado en la Trienal de Arte Latinoamericano en espacios como el Jamaica Art Center y Long Island City Arts. Además, su archivo personal fue donado a la Biblioteca Pública de Nueva York, donde hace parte del acervo artístico de la ciudad.

“Aquí los curadores dicen que mi obra es algo nuevo. En Nueva York muchos pintan como Jean-Michel Basquiat, todo es rápido, caótico. Mi arte, en cambio, tiene calma, memoria, color. Es una pintura que habla de Colombia”, afirma.

Publicidad

Entre las más de 500 pinturas que ha creado a lo largo de su trayectoria, destacan títulos como Charalá, cuna de la libertad, Jugando en el parque, Homenaje a Botero y Suelos dorados, obras que reflejan la esencia de su estilo.

Sus cuadros están llenos de paisajes, costumbres y recuerdos de su infancia en Charalá, San Gil y Piedecuesta. Asegura que “uno pinta lo que vivió. Yo escucho música colombiana y me llegan los recuerdos de mi tierra. Pinto los lugares donde fui feliz, las fiestas, los oficios, los personajes del pueblo. Es un ejercicio para la memoria, uno vuelve a la niñez mientras pinta”.

Alejandro Pinzón sigue pintando desde la memoria, convencido de que en cada trazo habita un pedazo de su vida y de la historia de su tierra.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad