Con una apuesta por revisar críticamente los relatos tradicionales y acercar al público a los avances más recientes de la historiografía, la colección Nueva Historia de Colombia propone una lectura renovada del pasado nacional, desde las sociedades originarias hasta la vida republicana.

Publicado por: Redacción Cultural
Durante décadas, a generaciones de colombianos se les enseñó que la noche del 25 de septiembre de 1828 un grupo de conspiradores irrumpió con la intención de asesinar a Simón Bolívar. La escena, fijada en la memoria escolar como uno de los episodios más dramáticos de la historia republicana, ha sobrevivido entre manuales, clases y relatos patrióticos. Sin embargo, para el historiador Armando Martínez Garnica, esa versión pertenece más al terreno del mito político que al de la investigación histórica rigurosa.
“Uno de los grandes mitos que tienen los seguidores del general Bolívar es que el 25 de septiembre de 1828 entraron a matarlo. Aquí se destruyó el mito. ¿Por qué? Porque nadie entró a matarlo”, afirmó Martínez al hablar de uno de los hallazgos que, a su juicio, revelan el alcance de la colección Nueva Historia de Colombia, recién publicada por la editorial española Tirant lo Blanch en alianza con la Academia Colombiana de Historia.
La interpretación que expone el historiador no es menor. Según explicó, lo que ocurrió aquella noche no fue un operativo concebido para asesinar al Libertador, sino una acción mucho más compleja: “Entraron 120 personas a agarrarlo para llevarlo a un juicio ante el Senado por su decreto de facultades extraordinarias”. A su juicio, la idea de un magnicidio fue elaborada posteriormente por el general Rafael Urdaneta, en su condición de juez y comandante del ejército, para justificar la represión que siguió a los hechos. “El cuento de que lo iban a matar se lo inventó el juez, que era Rafael Urdaneta, para poder fusilar 14 personas e incluir al señor Santander, que también fue condenado a fusilamiento”, sostuvo.
Martínez incluso reconstruye el argumento que, según él, desmonta de raíz la versión tradicional. “Todos los acusados ante el juez le dijeron: ‘Señor juez, ¿cuántas personas se necesitaban para matar a Bolívar? La respuesta es muy simple: cuatro’. Él andaba por Bogotá solito, con un amigo, sin armas. En cualquier esquina cuatro personas lo hubieran matado. Entonces, ¿para qué metimos 120 personas? Porque teníamos que neutralizar la guardia personal, agarrarlo y llevarlo a juicio al Senado”, relató.
Ese ejemplo funciona, en palabras del historiador, como una puerta de entrada a la ambición intelectual de la colección: revisar con mirada crítica las narrativas heredadas y confrontar los lugares comunes de la historia nacional con los resultados de las investigaciones más recientes. “Si usted lee cualquiera de los tres tomos, llega a la misma conclusión: esto no me lo habían contado nunca”, dijo. Y añadió, con una frase que resume el espíritu de la obra: “Yo lo llamo la nueva historia de Colombia porque nada se parece a lo que a usted le enseñaron, porque todo es totalmente nuevo. Lo que demuestra es una renovación de la ciencia histórica en Colombia”.
Esa renovación ha tomado forma en una empresa editorial de gran aliento. La responsable de publicarla es Tirant lo Blanch, una reconocida editorial con sede en Valencia, ampliamente posicionada en el mundo hispano por sus catálogos especializados en derecho y su red de distribución en ciudades como Santiago de Chile, Ciudad de México, Buenos Aires, Lima y Bogotá. Según contó Martínez, la editorial decidió el año pasado abrir una nueva línea dedicada a la historia, comenzando precisamente por México y Colombia.
“La idea que ellos le propusieron a la Academia Colombiana de Historia fue hacer una nueva historia de Colombia con el rigor de las investigaciones avanzadas”, explicó. La respuesta de la Academia fue estructurar una obra en tres tomos, pensada para corresponder a las tres grandes edades históricas que durante más de un siglo han sido representadas en su emblema institucional: el mundo indígena, el periodo indiano y la etapa republicana. “La Academia tiene un logo desde 1902 donde aparecen tres figuras: un indígena, un conquistador español y la libertad con gorro frigio en forma de mujer. Para quien conoce la historia, ahí están condensadas las tres épocas de la historia de Colombia: la prehispánica, la indiana y la republicana”, señaló.

De ese simbolismo surgió la estructura de la colección.
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El primer tomo, dedicado a la época prehispánica, lleva por título Las experiencias de las sociedades aborígenes. Fue coordinado por el arqueólogo Roberto Lleras Pérez, quien durante años trabajó en el Museo del Oro, y reúne el trabajo de ocho especialistas con formación doctoral. Según Martínez, este volumen recorre desde el poblamiento temprano del territorio hasta la consolidación de los cacicazgos andinos y la lectura arqueológica e historiográfica del siglo XVI. Es, en esencia, una síntesis del conocimiento más sólido y reciente sobre las sociedades originarias del actual territorio colombiano, alejada de la visión simplista o folclorizante con la que con frecuencia han sido tratadas en la enseñanza tradicional.
El segundo tomo, titulado Las experiencias de la sociedad del antiguo régimen, se ocupa del periodo indiano y fue elaborado por un grupo de jóvenes historiadores, la mayoría vinculados a Medellín, todos con formación doctoral. En este volumen se abordan asuntos como las monarquías ibéricas, la conquista de Tierra Firme, la implantación del poder hispánico en el Nuevo Reino de Granada, las fronteras de guerra, la restauración del poder monárquico, las audiencias de Santa Fe y Quito, la Iglesia, los mecanismos de dominación y el funcionamiento del virreinato. Lejos de la vieja cronología de héroes, batallas y fechas aisladas, el libro privilegia una lectura estructural del poder, de las instituciones y de la sociedad colonial.
El tercer tomo, el más extenso de los tres, lleva por nombre Las experiencias de la sociedad republicana y fue escrito íntegramente por Armando Martínez Garnica a lo largo de un año y medio de trabajo. Se trata de una historia política sintética de dos siglos de vida republicana, desde 1810 hasta 2010. “Este libro recorre 200 años, desde 1810 hasta el gobierno de Uribe”, explicó. El volumen está organizado en dos grandes capítulos, el primer siglo republicano y el segundo siglo republicano, y un epílogo que prolonga la mirada hasta tiempos recientes.
Martínez subrayó además un rasgo singular de esta entrega: al final del libro incluyó un código QR que permite descargar una extensa bibliografía complementaria. “Le puse una bibliografía que da para otros libros; son como 400 páginas de bibliografía para el que lo quiera descargar”, comentó. No se trata, entonces, solo de una obra de divulgación de alta calidad editorial, sino también de una puerta de entrada para lectores, profesores, estudiantes e investigadores interesados en profundizar.
La apuesta material del proyecto también ha sido cuidadosamente trabajada. Martínez destacó la calidad de la edición de Tirant lo Blanch, con volúmenes en papel fino, tapas duras y una presentación en estuche. “Viene en una cajita muy linda de cartón”, dijo con visible entusiasmo. El objeto libro, en este caso, acompaña la pretensión de permanencia de la obra: no solo actualizar la historia de Colombia, sino también ofrecer una edición de largo aliento, pensada para bibliotecas personales e institucionales.
La respuesta del público, al menos en los primeros días, parece confirmar que existe interés por este tipo de iniciativas. “Salió hace una semana y ya estamos en el primer lugar de ventas en la librería de la editorial en Bogotá, en La Candelaria”, aseguró Martínez. La colección se ofrece tanto en formato impreso como en versión digital descargable, lo que amplía su alcance y facilita el acceso a lectores de distintos países.
La presentación oficial está prevista para el domingo 27 de abril a las 2:30 de la tarde, en el stand 502, nivel 1, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Según explicó el historiador, el acto se realizará de manera conjunta con la Academia Colombiana de Historia, y ese día la institución llevará ejemplares para obsequiar al público, mientras la editorial tendrá disponibles los tomos para la venta.
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Pero más allá del lanzamiento y del evidente valor editorial del proyecto, lo que parece estar en juego es algo más profundo: la relación de los colombianos con su propio pasado. Martínez insiste en que esta colección no se limita a actualizar datos, sino que obliga a repensar lo que durante décadas se ha naturalizado como verdad histórica. “Todo es absolutamente nuevo, novedoso. Estas son las investigaciones de la última década. Por lo tanto, es una revisión de todos los mitos y de todo lo que a usted le contaron mal”, afirmó.
La aparición de una obra de esta magnitud puede convertirse en un acontecimiento intelectual de primer orden. No solo porque sintetiza avances de la investigación reciente, sino porque se atreve a intervenir en los relatos consagrados, allí donde la escuela, la memoria oficial y las tradiciones partidistas habían levantado certezas.
La Nueva Historia de Colombia, tal como la conciben sus autores y coordinadores, parece proponer justamente eso: una invitación a desconfiar de la versión heredada, a leer de nuevo el país y a aceptar que la historia, cuando se toma en serio, no sirve para repetir mitos sino para discutirlos.












