La ciudad metropolitana, no solo Bucaramanga, debe tener un sistema de transporte moderno, ágil, seguro y de cobertura total. No es opcional; es imperativo.
La cancelación de la ruta con buses padrones al culminar el cuestionado contrato de arrendamiento, financiado y operado solo en Bucaramanga; el siniestro de los buses del SITM incinerados; el bajísimo recaudo centralizado; el deterioro visible y progresivo de las estaciones y portales; la informalidad creciente y la presencia de buses viejos que ya cumplieron vida útil como única alternativa de servicio público contrastan con la urgencia de modernizar la forma de movernos en el área metropolitana.
Revisando cifras de Bucaramanga Cómo Vamos, de 37 millones de validaciones anuales en el SITM en 2016 bajamos a 1,5 millones en 2024 y, con la participación del colectivo en rutas integradas, Metrolínea reporta que se llegó solo al 20 % de lo logrado ocho años atrás. En 2025 y 2026, bajo este mismo esquema, la cantidad de pasajeros no es mucho más positiva. Pero sin buses no hay SITM y, si solo tenemos el colectivo, entonces ¿lo lógico sería reorganizar ese sistema y olvidarnos del masivo? Tristemente pareciera que sí, pues desde abril del año pasado dejó de operar Metrocinco y ya había “desertado” Movilizamos tres años atrás. Todo el sistema está hoy soportado en buses viejos, las motos se multiplican y la informalidad crece ante la ausencia de una nueva propuesta.
El convenio de cofinanciación entre los municipios y la Nación prácticamente se perdió. El anuncio de un plan de transición y la “Declaración de Movilidad del Área Metropolitana” de marzo pasado, que supuestamente consolida un nuevo compromiso conjunto para transformar el transporte público, no tiene certeza de respaldo presupuestal en ninguno de los cuatro municipios. Metrolínea S. A., con pasivos superiores a 600.000 millones, sigue operando lánguidamente mediante convenios con empresas de transporte convencional, en buses viejos y sin los requisitos del BRT, por lo que estaciones y carril exclusivo siguen en desuso. Es realmente frustrante.
No desconozco que hay una iniciativa para recuperar estaciones y un Quijote estará buscando opciones de APP; la central semafórica seguro ayudará a ordenar el tráfico en Bucaramanga, pero sin un plan metropolitano de largo plazo son esfuerzos difusos. ¿Qué piensan los municipios para enfrentar el caos actual en la movilidad metropolitana?
La pregunta es: ¿quién está planificando? Es tarea del AMB, pero los recursos necesarios para estudios y diseños tampoco están disponibles y el recaudo del factor de calidad que se cobra en cada pasaje de bus, y que podría destinarse a financiar al menos parcialmente esa estructuración, aún está pendiente. Nada está claro y un objetivo sin plan es solo un deseo.











