El escritor arubeño llega a Bucaramanga con dos libros que recorren el Caribe y el norte de África, pero que exploran la posibilidad de encontrarse con el otro a través de las palabras.
Publicado por: John Arias
Hay idiomas que, para muchos lectores, pueden sonar lejanos. También hay territorios que, aunque comparten un mismo mar, permanecen como geografías desconocidas. Para Arturo Desimone, poeta, escritor, traductor y artista visual nacido en Aruba, la literatura puede tender puentes sobre esas distancias. Lea también: Arturo Desimone llega a Bucaramanga con una agenda de poesía, memoria y desarraigo
Esa es una de las ideas que atraviesa los dos libros que presenta en Bucaramanga: ‘Caracolas y Truenos del Caribe Holandés’, una antología que acerca al público hispanohablante a la poesía contemporánea de Aruba y Curazao, y ‘La amada de Túnez’, un poemario bilingüe que nació de su experiencia en el norte de África y que combina aventura, política, amor, mitología y erotismo.
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Son dos obras muy diferentes entre sí, pero unidas por una misma inquietud: la posibilidad de viajar entre lenguas, culturas y territorios sin que las fronteras impidan la conversación.

Un Caribe cercano pero desconocido
La historia de ‘Caracolas y Truenos del Caribe Holandés’ comenzó, en parte, hace casi una década en La Habana, Cuba. Allí, durante un festival de jóvenes escritores de Iberoamérica y el Caribe, Desimone conoció a la poeta Camila Medina Ríos.
El encuentro se convertiría años después en una colaboración fundamental para construir una antología que reúne voces que escriben en papiamento, lengua hablada en Aruba, Curazao y Bonaire.
Desimone destaca el papel que tuvo la poeta cubana en el proyecto. Su colaboración fue imprescindible para traducir los poemas y también para trabajar en el prólogo que busca orientar al lector hispanohablante dentro de un universo literario que puede resultar, al mismo tiempo, cercano y desconocido.
Esa paradoja está en el centro del libro. El Caribe es una geografía compartida, pero sus distintas lenguas, historias y tradiciones culturales hacen que algunos de sus territorios sigan siendo enigmáticos incluso para quienes viven a la otra orilla mar.
La antología busca precisamente abrir una puerta hacia ese mundo. “Es para que el lector hispano se pueda familiarizar con esta literatura antillana, caribeña, de manera cercana”, explica el autor.
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El libro reúne a 14 voces y recorre cuatro generaciones de poesía contemporánea. El viaje comienza con autores nacidos en la década de 1930 y termina con poetas nacidos en 2003. La mayoría de ellos aún están vivos, lo que convierte la publicación en una fotografía amplia de la creación poética contemporánea de las islas.
Además de los textos y las traducciones, la obra incluye fotografías de los participantes, una manera de ponerles rostro a esas voces y acercar todavía más al lector a una literatura que, aunque geográficamente próxima, pocas veces circula en español.
Un viaje a Túnez convertido en poesía
Si la primera obra parte del deseo de acercar el Caribe Holandés al público hispanohablante, ‘La amada de Túnez’ nació de un viaje que llevó a Desimone mucho más lejos de su isla.
El escritor llegó a Túnez como periodista estudiantil, con la intención de conocer el país, escribir y asistir a algunas conferencias. Sin embargo, terminó quedándose para estudiar árabe.
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El país atravesaba entonces un momento histórico que tendría repercusiones en todo el mundo árabe. En Túnez comenzaron las revueltas que, entre 2010 y 2011, darían origen a la llamada Primavera Árabe y se extenderían por distintos países de la región.
De esa experiencia surgió un libro que Desimone define como una especie de aventura poética. En sus páginas aparecen la mitología, el amor, la política y el erotismo, combinados con dibujos y una mirada atravesada por el descubrimiento de un territorio y una cultura diferentes.
La obra fue escrita originalmente en inglés, antes de que el autor comenzara a escribir en papiamento. Ahora llega en una edición bilingüe, con una traducción al español realizada por una joven poeta colombiana, en un proceso que, según cuenta Desimone, implicó una consulta permanente con el autor y un diálogo con una primera edición pensada para Argentina.
Así, incluso el proceso editorial del libro terminó convirtiéndose en un recorrido entre distintas formas de una misma lengua: del inglés original al español rioplatense y luego a una edición concebida para circular entre lectores latinoamericanos.
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El poema para otro Arturo
La edición que ahora llega a Colombia tiene, además, un cierre profundamente personal.
El último poema está dedicado a Arturo Camelo, un joven colombiano que murió en 2015 durante el atentado contra el Museo del Bardo, en Túnez. Para Desimone, el lugar tenía un significado especial: lo conocía bien y lo había visitado en varias ocasiones durante su estancia en el país.
La coincidencia del nombre y la tragedia llevaron al escritor a sentir una conexión particular con la historia del joven. “De alguna manera siento que ese muchacho tomó mi lugar”, reflexiona.
Por eso decidió incluir en esta edición un poema en su homenaje y una fotografía de Arturo Camelo. El libro, que inicialmente tenía entre sus intenciones llegar especialmente a lectores colombianos, encontró finalmente su camino editorial en Perú, después de haber pasado por la Feria Internacional del Libro de Lima y antes de llegar ahora a Colombia.
Bucaramanga como punto de encuentro
Desimone reconoce que apenas ha tenido unos días para conocer Bucaramanga y que sería apresurado decir que tiene una imagen detallada de la ciudad. Sin embargo, hay algo que ya le ha llamado la atención: la fuerza de su movimiento cultural.
A sus ojos, lo que ocurre en la ciudad no parece menor frente a otras capitales colombianas tradicionalmente reconocidas por su actividad artística y literaria. “Lo que pasa aquí no se siente menor a lo que pasa en Medellín o en Cali, en absoluto”, afirma.
Incluso se aventura a pensar que Bucaramanga podría estar consolidando una importancia cada vez mayor dentro de la escena cultural del país, particularmente en un momento en el que las ciudades buscan fortalecer sus propios espacios de circulación para escritores, artistas y lectores.
Su visita coincide precisamente con uno de esos espacios de encuentro. A través de los lanzamientos de sus libros, sus conversaciones con estudiantes y lectores y su participación en Ulibro, Desimone trae a Bucaramanga una literatura atravesada por el movimiento. Le puede interesar: El misterio oculto en ‘El jardín de las delicias’ que inspiró la nueva novela del santandereano Pablo Montoya
De una familia de músicos a una vida entre lenguas
La relación de Arturo Desimone con el arte comenzó mucho antes de que publicara poesía. En su familia, la música había sido una tradición durante generaciones. “Soy el primer hombre en mi familia que no es músico después de cuatro generaciones”, cuenta.
Antes de él, varias generaciones de su familia estuvieron dedicadas profesionalmente al jazz, el swing y la música clásica. Pero, aunque no aprendió a tocar un instrumento, Desimone encontró en otras disciplinas una manera de continuar esa sensibilidad artística.
Creció en Aruba, donde pasó los primeros 21 años de su vida, y desarrolló buena parte de su formación de manera autodidacta. Desde joven comenzó a leer, dibujar y estudiar por su cuenta, incluso practicando anatomía humana y dibujo con modelos a través de cursos y materiales que conseguía fuera de los circuitos tradicionales de formación. “Uno no llega a esas decisiones a través de un estudio”, dice al hablar de la escritura. Para él, escribir responde más bien a una necesidad: una imagen, un paisaje o una historia que no puede ser transmitida de otra manera.
Esa urgencia lo llevó a desarrollar una obra que se mueve entre distintas disciplinas y lenguas. Desimone habla seis idiomas y reconoce que el multilingüismo hace parte de la vida cotidiana de Aruba, una isla en la que muchas personas dominan varias lenguas.
Dejó su país, como lo hacen muchos jóvenes arubeños, para vivir durante un tiempo en Holanda. Después su recorrido continuó por otros territorios, entre ellos Argentina, donde tiene vínculos familiares por parte de su padre, y Túnez, país en el que vivió durante un año mientras estudiaba árabe.
Esos desplazamientos terminarían convirtiéndose en una de las constantes de su obra: la posibilidad de habitar distintos lugares, aprender nuevas lenguas y convertir el viaje en materia literaria.
Aunque Arturo Desimone no reside en Colombia, su vínculo con el país se ha fortalecido en los últimos años. Desde Aruba, Colombia nunca fue un territorio completamente distante. La isla mantiene una relación constante con el país debido a la presencia de comunidades migrantes, así como al flujo de visitantes que llegan desde esta parte de América Latina.
Sin embargo, fue a partir de su participación en el Festival Internacional de Poesía de Medellín, en 2024, cuando comenzó a conocer Colombia de una manera más directa.
Después, su recorrido lo llevó hasta La Guajira, una región que comparte con Aruba y otras islas del Caribe Holandés una larga historia de contactos e intercambios a través del mar.
Desimone hizo parte de un equipo que trabajó en la creación de un encuentro de intercambio cultural realizado en Riohacha en mayo. El proyecto reunió a participantes de Aruba, Curazao y La Guajira en una programación que incluyó teatro, conversaciones académicas y reflexiones sobre la historia y las relaciones culturales entre estos territorios.
La iniciativa contó con el apoyo de la Embajada de los Países Bajos y buscó convertir una historia de conexiones regionales en un espacio contemporáneo de diálogo.
En 2025, ese vínculo continuó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, donde participó en actividades relacionadas con La Guajira y la promoción de la literatura de Aruba.
Desde entonces, Colombia se ha convertido en un punto importante dentro de su circulación artística y literaria. “Cada vez que hago algo en Aruba, después trato de hacer algo en Colombia”, explica.
Para Desimone, la cercanía geográfica también representa una oportunidad cultural. Aruba es una isla pequeña y, para un artista interesado no solo en crear sino también en asistir a exposiciones, obras, festivales y encuentros literarios, Colombia ofrece un escenario mucho más amplio. “Colombia tiene una muy fuerte movida cultural”, afirma.
Ese vínculo también está presente en ‘Caracolas y Truenos del Caribe Holandés’. El proyecto nació como una edición cubana y fue publicado por una de las editoriales que continúa produciendo libros físicos en la isla. Sin embargo, debido a las dificultades para hacer circular y exportar esas publicaciones, el archivo y la diagramación del libro también encontraron un camino hacia Colombia para su impresión.
















