Magazín cultural
Viernes 21 de agosto de 2026 - 02:36 PM

¿Niños, niñas o niñez? La directriz instucional que desató una disputa por el lenguaje en Colombia

Una instrucción de la Regional Huila ordenaba utilizar exclusivamente la expresión “niños y adolescentes”. Mientras la directora del Instituto defendió el uso de “niñez”, el filólogo Puno Ardila y la socióloga Paloma Bahamón exponen dos perspectivas distintas sobre la gramática, el poder simbólico de las palabras y la necesidad de nombrar a las niñas.

¿Niños, niñas o niñez? La directriz instucional que desató una disputa por el lenguaje en Colombia. Foto suministrada/VANGUARDIA
¿Niños, niñas o niñez? La directriz instucional que desató una disputa por el lenguaje en Colombia. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Una instrucción interna que pedía prescindir de la palabra “niñas” en las comunicaciones del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, abrió una discusión nacional que va más allá de las reglas gramaticales: ¿una institución invisibiliza a las niñas cuando deja de nombrarlas expresamente o utiliza una forma válida del español para referirse a toda la población infantil?

La controversia comenzó después de que la representante a la Cámara Lourdes Mateus revelara una comunicación de la Regional Huila en la que se solicitaba emplear “exclusivamente” los términos “niños y adolescentes” en contenidos, piezas y mensajes institucionales. El documento fue atribuido al director encargado de esa regional, Carlos Cabrera.

Mateus aseguró que la instrucción respondía a orientaciones provenientes de la Oficina Asesora de Comunicaciones y de la Dirección General del ICBF. Sin embargo, hasta el momento no se ha divulgado una circular nacional que permita confirmar que la orden de eliminar la referencia a las niñas hubiera sido impartida directamente por la dirección del Instituto.

Ante las críticas, la directora general del ICBF, Carolina Restrepo Cañavera, publicó el 19 de agosto una comunicación dirigida a funcionarios y colaboradores. En ella reconoció que su pronunciamiento se producía “con ocasión de la comunicación remitida previamente desde la Dirección Regional Huila”.

Restrepo explicó que la misión de la entidad es proteger integralmente a “la niñez, la adolescencia y las familias de Colombia” y señaló que cuando el Instituto habla de niñez se refiere a todos los niños y todas las niñas del país.

“Esta Dirección promoverá una comunicación institucional clara, incluyente y acorde con la naturaleza y la misión del Instituto”, sostuvo la funcionaria en un pronunciamiento oficial.

La respuesta, no obstante, no precisó si la directriz de la Regional Huila había sido revocada ni aclaró si los funcionarios pueden continuar utilizando la expresión “niñas, niños y adolescentes” en documentos y publicaciones institucionales.

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En declaraciones posteriores a El País, Restrepo defendió su preferencia por la palabra “niñez” y aseguró que no pretende convertir el lenguaje del ICBF en un escenario de disputas ideológicas. También señaló que la entidad enfrenta problemas demasiado serios como para concentrar sus esfuerzos en “multiplicar palabras” cuando, a su juicio, existe una expresión que comprende a toda la población infantil.

¿Se prohibió la palabra “niña”?

Aunque algunos titulares han señalado que el ICBF prohibió nacionalmente el uso de la palabra “niña”, la información disponible no permite llegar a esa conclusión de manera absoluta.

La instrucción de omitirla está comprobada en la Regional Huila. También está confirmada la decisión de la directora general de privilegiar las expresiones “niñez” y “adolescencia”. Sin embargo, no se conoce una resolución o circular nacional que prohíba utilizar “niña” en todos los contenidos institucionales.

De hecho, el 20 de agosto, un día después de la aclaración de Restrepo, el portal oficial publicó una noticia titulada “ICBF activa ruta de protección para garantizar los derechos de niña de cinco años en Bogotá”. En ese comunicado, la entidad empleó repetidamente la palabra para referirse a la niña protegida.

Esto demuestra que el término no ha desaparecido por completo de las publicaciones del Instituto, aunque permanece sin resolver cuál será la fórmula utilizada para referirse colectivamente a la población que atiende.

“El género gramatical no tiene que ver con el sexo”

Para Puno Ardila Amaya, filólogo hispánico, editor y columnista de Vanguardia, una parte de la controversia surge de confundir el género gramatical con el sexo de las personas.

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“El género gramatical no tiene que ver con el sexo. Es otra cosa”, explicó Ardila en diálogo con este diario. Como ejemplo señaló que la palabra “artista” puede utilizarse para identificar tanto a un hombre como a una mujer, sin que su terminación determine el sexo de la persona mencionada.

Desde esa perspectiva, la expresión “los niños” puede tener un sentido genérico y comprender a niñas y niños. Ardila considera que el desdoblamiento es apropiado en determinados contextos, como saludos, ceremonias o fórmulas de cortesía, “damas y caballeros”, pero no tiene que repetirse obligatoriamente en cada oración.

“Eso de ellos y ellas, hombres y mujeres, depende. A veces sí hay que separarlo. Es una cosa de cortesía, de diplomacia o de etiqueta”, sostuvo.

El filólogo advirtió que llevar el desdoblamiento a todos los componentes de una oración puede producir textos extensos, reiterativos y difíciles de leer. No bastaría con escribir “los colombianos y las colombianas”, explicó, porque, si se siguiera rigurosamente esa lógica, también habría que duplicar artículos, adjetivos y otras palabras que deben concordar con los sustantivos.

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“Gramaticalmente eso es un desastre. Si revisas cualquier texto, empiezan con ‘los y las’ y más adelante siguen únicamente con ‘los’. Y no pasa nada”, afirmó.

Ardila señaló que respetaría una política editorial o institucional que exigiera el desdoblamiento, aunque no comparta su fundamento. Recordó que durante su trabajo en la Universidad Industrial de Santander planteó que, si la institución ordenaba utilizar esas fórmulas en los libros, las aplicaría, pero manteniendo la concordancia a lo largo de todo el texto.

“Yo respetaría esa postura, pero no la comparto”, indicó.

También sostuvo que la lengua no permanece inmóvil y que el uso social puede consolidar nuevas formas. Para Ardila, cualquier transformación debe contar con convenciones comprensibles que permitan que las personas sepan cómo construir las oraciones.

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“El uso es el que manda. Lo importante es que eso se regule. Deben existir normas para que la gente sepa cómo debe decirse”, añadió.

El filólogo planteó, además, que el desdoblamiento entre masculino y femenino tampoco resuelve por sí mismo la inclusión de personas que no se identifican dentro de esa división binaria. En su opinión, fórmulas como “niños y niñas” vuelven a situar la discusión únicamente entre dos categorías y dejan abierta la pregunta sobre cómo nombrar otras identidades.

Ardila aseguró que se encuentra en una posición política distinta a la de la directora del ICBF, pero coincide con ella en que la repetición indiscriminada de términos puede desviar la atención de las funciones esenciales del Instituto.

“Yo soy de una orilla absolutamente distinta de esta señora, pero en eso estamos de acuerdo. Eso es un desgaste. En vez de cuidar a los niños, se ponen a plantear estas cosas”, expresó.

Sin embargo, tampoco considera que reemplazar todas las referencias por la palabra “niñez” resuelva completamente la discusión. Según explicó, “niñez” designa principalmente una etapa de la vida, como la madurez o la vejez, y no necesariamente el conjunto de personas que atraviesan ese periodo.

El Diccionario de la lengua española define “niñez” como el “periodo de la vida humana que se extiende desde el nacimiento a la pubertad”. Aunque el ICBF la utiliza como categoría institucional para referirse a la población infantil, su sentido gramatical no es idéntico al de “niños y niñas”, según la definición de la RAE.

“Cuando no nombramos, borramos”

La socióloga, especialista en Derechos Humanos y magíster en Semiótica Paloma Bahamón Serrano analiza la controversia desde otro lugar: no solo desde la estructura de la lengua, sino desde las relaciones de poder que se construyen y reproducen por medio de las palabras.

Bahamón sitúa la decisión dentro de lo que describe como una “oleada ultraderechista mundial y nacional” y un nuevo periodo de retroceso frente a los derechos y la visibilidad alcanzados por las mujeres.

“¿Qué necesidad hay de quitar la palabra niña? ¿Cuál es la amenaza de hablar desde un lenguaje con inclusión de género?”, cuestionó en diálogo con Vanguardia.

A su juicio, el argumento de la practicidad empleado para defender la utilización exclusiva de categorías generales encubre prejuicios políticos y religiosos. Por eso considera que la decisión no puede analizarse únicamente como un cambio de estilo o una búsqueda de economía lingüística.

“¿Frente a qué le tiene miedo un gobierno que cree que, por un asunto de practicidad muy mal disimulada, puede quitar esa expresión? En el fondo, eso encubre prejuicios religiosos”, afirmó.

Para Bahamón, nombrar a una población permite reconocer su existencia, conservar la memoria sobre las violencias que ha sufrido y construir herramientas para exigir la protección de sus derechos.

“Es importante nombrar porque cuando no nombramos, borramos. Se borra la memoria, se genera impunidad, se elimina la posibilidad de reivindicar derechos y se perpetúan las barreras sociales. El lenguaje es el mayor constructor de mundo y de sociedades”, sostuvo.

La socióloga calificó la supresión deliberada de la palabra “niña” como una forma de violencia simbólica y advirtió que esa clase de decisiones puede preparar el terreno para minimizar otras violencias.

“Detrás de esta negación de la niña y de las mujeres empieza una escalada de violencia simbólica, que es el punto de partida para las violencias basadas en género”, aseguró.

Bahamón utilizó una formulación extrema para explicar el riesgo que identifica: “Si no existe la palabra niña y alguien abusa de una niña, termina no siendo un abuso de niña, porque si no hay niña, no hay abuso de niña”.

Su planteamiento no significa que la conducta deje de existir o pierda su carácter delictivo por un cambio en el lenguaje institucional. Se trata de una advertencia sobre la posibilidad de que una sociedad tenga mayores dificultades para reconocer, registrar y denunciar una violencia cuando deja de nombrar específicamente a la población que la padece.

La socióloga también utilizó el término “feministofobia” para describir la resistencia frente a los avances impulsados por los movimientos de mujeres. Según explicó, borrar palabras vinculadas con la perspectiva de género puede convertirse en el primer paso de una política más amplia de desconocimiento de derechos.

“Todo esto de borrar de un plumazo esas palabras es feministofobia”, manifestó.

Su preocupación se extiende a otras poblaciones históricamente discriminadas. “Si están haciendo esto con el Bienestar Familiar y con los derechos de las niñas, no quiero ni pensar lo que viene para la población LGBTIQ+”, añadió.

Lo que dice la RAE

La posición de Ardila coincide parcialmente con los criterios de la Real Academia Española. La institución explica que el género masculino es el término no marcado en español y que, en determinados contextos, puede abarcar a personas de ambos sexos.

Por esta razón, “los niños” puede hacer referencia a un grupo compuesto por niñas y niños sin que, desde el punto de vista estrictamente gramatical, las primeras estén excluidas.

La RAE considera innecesario el desdoblamiento indiscriminado, pero introduce una precisión fundamental: la mención expresa del femenino resulta pertinente cuando la diferencia entre los sexos es relevante para el contenido del mensaje. También acepta el desdoblamiento en saludos, encabezamientos y fórmulas de cortesía, según el criterio de la RAE.

Esa precisión resulta central en el caso del ICBF. La corrección gramatical de “los niños” o de “la niñez” no resuelve por sí sola la discusión sobre las obligaciones de una entidad pública que debe identificar violencias y desigualdades diferenciadas.

La gramática explica cómo funciona una lengua. Las políticas públicas deben decidir, además, cuándo resulta necesario nombrar expresamente a una población para reconocer sus condiciones y proteger sus derechos.

Lo que establece la ley

La Ley 1098 de 2006, por medio de la cual se expidió el Código de la Infancia y la Adolescencia, utiliza de manera reiterada la expresión “niños, niñas y adolescentes”. Su artículo 12 ordena aplicar la perspectiva de género en todos los ámbitos donde se desenvuelve esta población.

La norma define esa perspectiva como el reconocimiento de las diferencias sociales, biológicas y psicológicas relacionadas con el sexo, la edad, la etnia y los roles desempeñados en la familia y la sociedad. El artículo 203 también la incluye entre los principios que deben orientar las políticas públicas de infancia y adolescencia.

Esto no significa que cada comunicado esté legalmente obligado a repetir la fórmula completa. Sin embargo, una orden general destinada a suprimir la palabra “niñas” podría entrar en tensión con el deber de reconocer las vulneraciones que las afectan de manera diferenciada.

La congresista Jennifer Pedraza cuestionó la decisión y recordó que algunas violencias, como el matrimonio infantil, la mutilación genital femenina, la violencia sexual y los embarazos en edades tempranas, afectan de manera particular a niñas y adolescentes.

María Cristina Hurtado, corredactora del Código de la Infancia y la Adolescencia y de la Ley 1257 de 2008 sobre violencias contra las mujeres, también advirtió que dejar de nombrar a las niñas puede representar un retroceso frente a su reconocimiento como sujetas de derechos.

Más que una discusión de palabras

La polémica ocurre pocos días después de que Restrepo ordenara retirar de la sede principal del ICBF un mural en el que aparecía la expresión “Resistencia Chiquita”. La directora consideró que el mensaje podía representar una instrumentalización política de la infancia.

“Resistencia Chiquita”, sin embargo, es el nombre de un colectivo artístico creado por niñas después del feminicidio de Yuliana Samboní, ocurrido en Bogotá en 2016. Sus integrantes utilizan el arte y la participación infantil para denunciar las violencias y los estereotipos que afectan a niñas y adolescentes.

La coincidencia de los dos episodios convirtió una decisión sobre el estilo de las comunicaciones en una discusión sobre la orientación que tendrá el ICBF: si reconocerá expresamente las diferencias existentes dentro de la infancia o si privilegiará categorías generales bajo el argumento de evitar disputas ideológicas.

El debate deja dos planos que no necesariamente se excluyen. Desde la gramática, el masculino puede tener un valor genérico y el desdoblamiento no es obligatorio en todas las oraciones. Desde la sociología y las políticas públicas, nombrar a las niñas puede ser indispensable para identificar las violencias, brechas y discriminaciones que las afectan particularmente.

Por ahora, la palabra “niña” continúa apareciendo en el portal del Instituto. La pregunta de fondo será si también seguirá presente en sus estadísticas, protocolos, programas y presupuestos. Porque nombrar no garantiza por sí solo los derechos, pero dejar de identificar a quienes enfrentan violencias particulares puede dificultar su protección.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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