Publicado por: Editorial
Las últimas cifras que se han conocido sobre el turismo en Santander siguen trayendo buenas noticias y demostrando que el sector atraviesa un momento que mueve al optimismo y, sobre todo, a la responsabilidad, pues los datos de los primeros siete meses de 2026 confirman que se mantiene una tendencia positiva sobre el aumento en la llegada de pasajeros por vía terrestre y aérea, un crecimiento sólido en el número de visitantes internacionales, además de una ocupación hotelera que alcanzó en julio su nivel más alto para ese mes en tres años, todo lo cual es el fruto del trabajo de empresarios, autoridades y comunidades que han creído en el potencial de la región.
Efectivamente, el crecimiento del 28 % en viajeros internacionales y el repunte del 79,6 % en julio son señales claras de que Santander tiene cada vez más posibilidades de crecer significativamente porque, entre otras cosas, la oferta turística en estos últimos años también se amplió, como que hoy hay más de cinco mil 200 empresas y establecimientos vinculados al sector, un 15% más que el año anterior, lo que implica que hay una dinámica empresarial generando empleo, dinamizando el comercio y fortaleciendo la identidad regional, como un logro colectivo que debe protegerse e impulsarse con determinación.
Pero, obviamente, el panorama no está exento de riesgos y desafíos. Los ingresos reales del sector alojamiento cayeron 1,9% entre enero y julio, y el personal ocupado se redujo 3,4 %, cifras que, aunque son menores que el promedio nacional, demuestran que el crecimiento en visitantes aún no se traduce plenamente en bienestar para los trabajadores del sector, es decir, que la tarea no termina con atraer más turistas, sino que también hay que garantizar que esa actividad se refleje en empleo formal y salarios justos.
La temporada de fin de año está comenzando y representa una oportunidad decisiva, pues, si la llegada de viajeros mantiene su ritmo, Santander recibirá un volumen considerable de visitantes en las próximas semanas, lo que hace necesario y urgente prepararse desde ahora en tareas como reforzar la capacidad hotelera, garantizar la seguridad y transitabilidad en las vías, mejorar la atención al visitante y coordinar a los sectores de transporte, gastronomía y comercio, sobre todo porque la improvisación causaría un costo que la región no puede permitirse.
El sector turístico no es un compartimento aislado, puesto que de él dependen transportadores, hoteleros, restaurantes, artesanos, guías, comerciantes y pequeños productores, lo que hace que, cuando el turismo crece, la economía regional se dinamiza en una gran proporción y, si se estanca, el impacto se siente en múltiples actividades. Por eso, respaldar al turismo es fortalecer una larga cadena productiva que genera empleo y desarrollo en decenas de municipios santandereanos.
En ese contexto, el nuevo Gobierno Central tiene una deuda de honor con el Santander, pues durante la campaña prometió apoyo decidido al turismo regional, y Santander espera que esas palabras se materialicen en hechos concretos, pues desde hace décadas esperamos inversiones en infraestructura vial y aeroportuaria, incentivos para la formalización empresarial, programas de capacitación y promoción internacional, entre muchas otras acciones e inversiones.











