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Editorial
Lunes 05 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Un testimonio de vida al momento de la muerte

Publicado por: Editorial

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Aunque en Colombia el tema ha tenido históricamente gran reticencia, la donación de órganos y tejidos constituye un asunto de máxima relevancia para la salud pública. Actualmente, más de cuatro mil personas pueblan, con modestas esperanzas, una lista de espera por un trasplante que los rescate de la muerte o les mejore sustancialmente su calidad de vida. La demanda supera con creces la oferta, por lo que frente a la decisión de donar es necesario asumir una posición clara, informada y responsable para que efectivamente se le pueda devolver la ilusión a cientos de ciudadanos que literalmente están muriendo a la espera de un donante.

En Colombia, la Ley 1805 de 2016 introdujo el principio de consentimiento presunto, que significa que todos los ciudadanos son considerados donantes potenciales tras su fallecimiento, a menos que hayan manifestado formalmente su oposición en vida. Sin embargo, la familia juega un papel fundamental en el momento crítico, pues aunque la ley prohíbe que los parientes se opongan a la extracción si el fallecido no dejó constancia de su negativa, la realidad práctica demuestra que el diálogo previo facilita enormemente el cumplimiento de la voluntad del ser querido.

Por ello, es imprescindible que cada persona hable con sus familiares y deje su voluntad expresa, comunicada y reiterada a los seres más cercanos de manera que evite que frente al dolor que produce una pérdida irreparable, los familiares tengan que tomar una decisión compleja sin conocer la postura del fallecido. La claridad previa es un acto de amor y de responsabilidad que protege a la familia de cualquier asomo de duda o culpa y garantiza que la intención se cumpla.

En ocasiones, el desconocimiento o los temores infundados pueden llevar a los parientes a dudar o a oponerse a la donación, incluso si conocen la voluntad del difunto. La firmeza del donante en vida ayuda a superar estas barreras y es decisiva para que se cumpla este acto de generosidad mediante el cual sus órganos darán salud y vida hasta a ocho personas, además de beneficiar a decenas más con sus tejidos.

La tasa de donación en Colombia, de 7,4 donantes por millón de habitantes, resulta alarmantemente baja si se compara, por ejemplo, con países líderes en el mundo, como España, que supera los 40. Esta proporción refleja la necesidad urgente de fortalecer y consolidar la cultura de la donación en el país.

Es necesario, entonces, hacer que los colombianos superen ciertas prevenciones y entiendan, por el contrario, la necesidad de fomentar una conciencia colectiva sobre la importancia de este gesto fraternal.

La donación es un acto voluntario, solidario y gratuito, mientras que vender o comprar órganos es un delito grave. La sociedad debe entender que la solidaridad no tiene precio y que el sistema de trasplantes se basa en la confianza y el altruismo.

Los argumentos para donar son múltiples y suelen ser bellos y profundos. Desde la empatía, cabe preguntarse qué haríamos si nosotros o un ser amado necesitara un órgano para vivir. La mayoría desearía recibir esa ayuda, luego, por un criterio simple de reciprocidad, deberíamos estar dispuestos a otorgarla.

Asimismo, expresar el deseo de donación alivia la carga de la familia, pues se les ahorra la angustia de suponer qué habría decidido el ser querido.

Publicado por: Editorial

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