Publicado por: Editorial
En Paso Malo la ladera sigue activa, el terreno se desliza a un ritmo sostenido y las viviendas de Villas de San Ignacio permanecen frente a una amenaza real. Es un fenómeno medido, documentado y advertido, pero desatendido, pues las autoridades competentes no han ejecutado una solución efectiva, aunque el no haberlo hecho en varios gobiernos sucesivos tenga a cientos de familias cercadas por un riesgo que puede convertirse en tragedia.
Las mediciones más recientes muestran que el problema sigue agravándose: entre enero y marzo, la parte baja de la ladera se movió a un ritmo de 1,45 centímetros por semana, una velocidad, que, aunque técnicamente se considera lenta, demuestra que el deslizamiento mantiene su actividad y que la parte alta, donde están las casas, podría perder apoyo y comenzar a moverse también.
El origen del riesgo está a una profundidad de entre 22 y 38 metros, donde hay materiales sueltos y saturados de agua y se ha estimado que un canal de drenaje fracturado podría estar empeorando la situación que se hace manifiesta en la superficie, con grietas en muros, separación entre columnas y deformaciones en la vía. Cada uno de estos signos indica que el deterioro avanza, y que ignorarlo solo aumenta el costo humano y económico que causaría una potencial emergencia.
La obra de mitigación cuesta 48 mil 345 millones de pesos y sigue sin financiación, aunque es una cifra menor si se piensa en el valor de las vidas, las viviendas y la infraestructura pública que están en juego. Dicho de otra manera, es una inversión indispensable para evitar una calamidad anunciada, luego la falta de recursos no puede seguir siendo la excusa principal cuando existe un estudio técnico, una comunidad afectada y un riesgo que crece cada semana.
Lo cierto es que el deslizamiento de Paso Malo ha sido estudiado, denunciado y advertido durante varios años, pero no se ha producido una acción contundente y esa demora prolongada solo conduce a que si llegara a ocurrir una tragedia, habría que establecer responsabilidades y aplicar sanciones a quienes, durante años, permitieron que una situación previsible siguiera sin solución. La vía Palenque - Café Madrid, arteria importante para el área metropolitana de Bucaramanga, también está en riesgo de quedar bloqueada o destruida, y esto significa que el impacto no sería solo local, pues afectaría la movilidad, la economía y la seguridad de toda la zona.
Las autoridades deben actuar con urgencia y determinación, en el sentido de asignar los recursos, ejecutar las obras de mitigación y establecer un monitoreo permanente y transparente, pero, así mismo, es crucial informar clara y oportunamente a la comunidad, sin generar alarma innecesaria, pero sin ocultar la gravedad del asunto. La ciudadanía tiene derecho a saber qué está pasando y qué se está haciendo para protegerla, además de que no orientarla en términos de prevención, agrava seriamente el peligro.
Todos sabemos que nuestra historia nacional, regional y local está llena de emergencias que pudieron evitarse con decisiones oportunas, pero Paso Malo no tiene por qué convertirse en un nuevo ejemplo de insensibilidad colectiva. Los estudios existen, las advertencias están sobre la mesa y las familias siguen allí, expuestas, lo que falta es voluntad política y que las autoridades responsables asuman su papel y actúen antes de que el riesgo se transforme en una calamidad irreversible.
La situación de Paso Malo exige una respuesta inmediata, seria y coordinada, pues como lo están demostrando los estudios cada vez que se hacen, el terreno sigue moviéndose y cada semana que pasa sin financiación ni obras es una semana en que las familias siguen en peligro, lo que significa que no es un asunto de alarmismo, sino que es una urgencia técnica, social y moral.










