Publicado por: Editorial
No puede mirarse con ligereza, ni por parte de la ciudadanía, ni mucho menos de las autoridades, la muerte de cuatro manatíes ocurrida la semana pasada en el Caño San Silvestre, en Barrancabermeja, porque realmente este es un hecho de extrema gravedad que exige respuestas inmediatas y verificables, pues todo indica que detrás de esto hay años de contaminación en los cuerpos de agua del Magdalena Medio, especialmente en los caños San Silvestre y El Rosario, donde la vida acuática está muriendo frente a autoridades que evidentemente no han actuado con la transparencia y la celeridad que la situación demanda.
En los últimos años han muerto 21 manatíes en Barrancabermeja, una cifra que hace tiempo debió activar todas las alertas, pero la respuesta institucional ha sido insuficiente. La Corporación Autónoma de Santander ha iniciado tomas de muestras de lodos, agua y sedimentos, pero los resultados no se conocen. La posible presencia de hidrocarburos, grasas y aceites, sumada al descenso en los niveles del agua, son factores que deben ser esclarecidos con rigor técnico y sin dilaciones, sobre todo cuando estamos frente a una posible sequía por el fuerte fenómeno de El Niño que está en curso.
Dos meses antes de esta última tragedia, la Federación de Pescadores Artesanales advirtió a Cormagdalena sobre los bajos niveles del agua y la necesidad de abrir canales de conectividad, pero la alerta no fue atendida oportunamente y hoy, cuatro manatíes muertos en un mismo día y en un mismo sector confirman que la comunidad tenía razón en su preocupación.
La contaminación por hidrocarburos y otras sustancias es una hipótesis central que debe ser confirmada o descartada con laboratorios certificados, estudios científicos y resultados públicos. La presencia de tuberías de Cenit en la zona, los accidentes ya registrados y la evidencia de grasas y aceites en el agua obligan a una revisión exhaustiva de todas las actividades industriales que operan en el área, pues está de por medio el ambiente que es, a su vez, la salud y la sobrevivencia de los seres humanos.
Es imprescindible que las autoridades ambientales, la Fiscalía, la Alcaldía de Barrancabermeja, la CAS, Cormagdalena y el Gobierno nacional se ocupen seriamente de este caso, hasta esclarecer los hechos, identificar a los responsables directos e indirectos, imponer sanciones ejemplares y adoptar medidas definitivas para evitar que estas tragedias se repitan.
La sociedad santandereana tiene derecho a saber qué está ocurriendo en sus cuerpos de agua; los pescadores, que dependen del río y de las ciénagas para su sustento, merecen respuestas claras; las comunidades que consumen agua de estas fuentes necesitan garantías sobre su salud, y los manatíes, especie amenazada y símbolo de la biodiversidad del Magdalena Medio, merecen que su vida sea protegida.
Por eso hacemos un llamado respetuoso, pero enérgico, a que se actúe con transparencia y diligencia, de manera que los resultados de los análisis se publiquen sin cortapisas, con el fin de aclarar los hechos y orientar a la comunidad sobre la realidad ambiental en la que están viviendo. Además, si no se sanciona a los responsables y no se corrigen las causas de la contaminación de estos caños, la muerte de estos cuatro manatíes será solo el anticipo de una calamidad mucho mayor.
En Santander no puede ocurrir que los ríos y ciénagas sean espacios donde la vida desaparece sin consecuencias, entre otras cosas porque la muerte de estos animales es una alerta generalizada sobre la que las autoridades están obligadas a actuar con la firmeza que la ley les confiere y con la urgencia que la situación exige, porque no es poco lo que está en juego: es la protección del medio ambiente, es la salud pública, es la preservación de la flora y la fauna, que no es otra cosa que la preservación de la vida humana











