sábado 24 de enero de 2009 - 10:00 AM

Mi razón de vivir

Quienes hemos compartido, en la academia o en la música, con Rafael Antonio Aponte Carvajal sabemos de su disciplina, de su inmenso amor y su entrega por la música; de su buen humor, que le permite festejar los cuentos que le inventan, y de su particular apetito, que le hizo ganar en el gremio artístico el mote de ‘vocalista’ (por el hecho de comer, no de cantar).

De él dice Orlando Serrano que hace cola cuatro veces en las comidas, y que en las invitaciones los esperan con las viandas divididas en dos partes: una para Rafael y otra para los demás; y es precisamente Rafael quien más se divierte con estas ocurrencias, que tienen –por supuesto– asidero en la realidad.

A partir de la flauta

Cuando conoció a Orlando Serrano, la música entró a su vida y su vida en la música cambió. Rafael tocaba rumbas criollas en flauta de caña y compartió el escenario con un trío que integraba Orlando, quien, además de despertar su interés por los instrumentos que hoy interpreta, propuso el nombre del último grupo, Nocturnal Santandereano, y ha sido el autor de varios chascarrillos que tienen a Rafael como protagonista.

Luego vinieron el estudio, la docencia, el amor, el matrimonio, los hijos, y muchas agrupaciones, entre ellas, el Trío ‘Los Tres Pingos’, con Leonidas Ardila Díaz (flautista) y Gonzalo Hernández Mendoza (guitarrista), la Rondalla Bumanguesa, con el maestro Alfonso Guerrero García, la Estudiantina de la Electrificadora de Santander, Cuarteto Ideal, Quinteto Alborada, Trío Alma Nacional, Dueto de Tiples Carrero y Aponte;  Trío Aponte, junto con sus hijos Óscar Yezid (pianista) y Rafael Octavio (flautista), Trío Leonardi, Trío Pirámide, Cuarteto Aires de mi Tierra, Trío Perfiles, Dueto Flauta y Tiple, con su hijo Rafael; Trío Los Toños, Trío Anónimo, Quinteto Los Estropajos.

Y con los grupos y las interpretaciones llegó también la composición de sus obras, que le han dado el insumo necesario para la grabación de varios discos y lo han hecho acreedor de importantes premios en festivales nacionales de música colombiana.

Música y familia


Rafael vive –literalmente– en medio de la música. De las paredes de su casa, con un diseño que permite la comunicación visual y auditiva desde todos los espacios, cuelgan imágenes y fotografías alusivas a su trasegar en el arte y los aparadores están colmados de discos, grabaciones, partituras e instrumentos musicales, algunos de ellos solo como parte de una pequeña pero selecta colección; tenía un piano, pero desistió de pagarle mantenimiento periódico sin quien lo tocara.

Algunos de esos instrumentos han sido parte del estudio, suyo y de dos de sus hijos, dedicados hoy de lleno a la música: Óscar Yezid, el mayor, pianista residenciado en Fort Worth, Texas, y Rafael Octavio, el menor, flautista y estudiante de la Orquesta del Conservatorio de Viena. Entre ellos creció Laura Mireya, hoy médica brillante de la UIS, residente en España.

Ahora, a solas con Trinidad Díaz, Trini, Trina, su esposa desde los 22 años, manifiesta con satisfacción que es ella lo más importante de su vida, porque lo ha comprendido a él, y con él a su música (y puede percibirse allí que quien deba organizar y limpiar semanalmente ese instrumental, a más de trofeos y condecoraciones por doquier, debe de ser sin duda alguien fortalecido por el amor). A los dos siempre se les ve juntos, en la calle o en algún concierto, y son tan apegados que, dice él, en broma, que no recuerda haber sido soltero alguna vez.

'Así, como cuando uno se enamora, llega la música –dice Rafael–, y no puede salirse uno de ella. Como la música es mi razón de vivir, también lo es Trini, y también lo son mis hijos, por las grandes satisfacciones que me han dado; porque son el regalo maravilloso que me ha dado Dios, como la música'. 

 

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