En Tusa y Traga, la periodista, escritora y maestra de yoga Paola Bernal León vuelve sobre un diario íntimo para hablar de duelo, amor propio, pérdidas, vínculos y de todo eso que una siente cuando intenta reconstruirse.
Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
“Días atrás había leído que el dolor disminuía poniéndole tarea a las manos”. La frase aparece en uno de los fragmentos más conmovedores de Tusa y Traga, el libro digital de Paola Bernal León. Allí, la periodista, escritora y maestra de yoga recuerda la primera Navidad sin su papá. La escena ocurre en la cocina, frente al horno, con el cuerpo menos cansado que el alma y con la necesidad de encontrar algo, lo que fuera, para atravesar el miedo, la rabia y la tristeza.
Ese algo fue una torta navideña.
El fondant, escribe Paola, se resistía a ser moldeado, “así como ocurre con los duelos cuando caemos en negación”. La masa se agrietaba. Ella volvía a amasar. Una vez. Dos veces. Tres veces. Mientras tanto, pensaba en su padre, Bernardo, en su manera rápida de vivir, en esa dificultad suya para la pausa, en los días que ella había pasado esperando un milagro que no llegó.
“Fue necesario amasar varias veces, pues el fondant se agrietaba como mi corazón”, escribe en ese pasaje.
Desde ahí se entiende el alcance de Tusa y Traga: parte del desamor y de esas historias que se cuentan entre amigas después de una ruptura, pero pronto se abre hacia otros dolores: la muerte, los duelos sin nombre, los cambios de vida y los lugares de los que una se va para poder seguir.
A Paola Bernal León la conozco desde hace más de 20 años. Por eso, leer ese fragmento sobre su papá tiene para mí una carga especial. Estuve cerca de ella en ese momento tan duro que fue su pérdida, en los tiempos de la pandemia. Vi de cerca la dimensión de ese dolor y también la profundidad del vínculo que los unía. Paola era muy cercana a Bernardo.
También vi cómo, poco a poco, ella empezó a atravesar ese dolor. De una manera lenta, íntima, a veces silenciosa. Con creatividad, con escritura, con pastelería, con respiración, con esa necesidad tan suya de convertir lo que duele en algo que pueda mirarse, tocarse, nombrarse.
Así como estuve cerca de ese duelo, también he estado, de distintas maneras, a lo largo de sus tusas y sus tragas. He visto a Paola enamorarse, irse, volver a sí misma, hacerse preguntas, desarmarse y volver a juntar sus piezas, así como su forma de detenerse después a entender qué pasó, qué aprendió, qué herida se abrió, qué parte de ella necesitaba ser mirada.
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Tusa y Traga aparece como la consecuencia de una vida emocional muy vivida. Durante años, Paola fue guardando escenas, canciones, dolores, conversaciones, despedidas, intuiciones y pequeñas revelaciones, hasta que un día decidió que ya no quería dejarlas solo para ella.
“Tusa y Traga nace como un diario personal, una catarsis tras mi proceso de divorcio. Algo íntimo que me permitía escucharme en voz alta”, cuenta. “Había días en los que llegaba y decía: ‘Necesito desahogarme de alguna forma’, y me sentaba a escribir”.
Quince años después, esas páginas vuelven convertidas en libro digital. Regresan atravesadas por otra mirada. La mujer que las escribió ya no es exactamente la misma que ahora decide publicarlas.
“Vuelvo a los archivos iniciales y observo a una mujer con tinte de sarcasmo, dolida, y la respeto también”, dice Paola. “Respeto la honestidad de esa mujer de 31 años que escribió con dolor. Esa yo del pasado se encuentra en la primera mitad del libro. Puede que aún quede algo de ella. La de ahora sigue aprendiéndose, así que escribe esa segunda parte”.
Hay algo muy honesto en ese gesto: Paola mira con respeto a la mujer que fue y la pone a conversar con la mujer que es ahora, atravesada por otros amores, otros duelos y nuevas formas de conciencia.
“No era difícil escribirlo, antes era como un alivio para mí, pero ya 15 años después digo: ‘Ya’. El proceso de sanación se hizo, ya aparecieron otros personajes que también me enseñaron un poco más”, explica.
También han pasado 15 años sobre Bucaramanga. La ciudad creció, de unas 529 mil personas en 2011 a cerca de 619 mil en 2026, según el DANE, se volvió más alta, más comercial y más digital. Aparecieron nuevos lugares de encuentro, como Cacique, inaugurado en 2012, y para 2026 la agenda cultural proyecta más de 250 eventos. Pero el cambio más íntimo está en las palabras: lo que antes se contaba en diarios o entre amigas, hoy se nombra como ghosting, responsabilidad afectiva, límites, terapia, niña interior o amor propio. Cambió la ciudad y también la manera de amar, irse, sanar y volver a empezar.
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Cambiaron la ciudad, los lugares de encuentro y las formas de hablar del amor. Lo que antes se vivía en silencio, entre amigas o en diarios privados, hoy se nombra con palabras como responsabilidad afectiva, ghosting, límites, terapia o niña interior: intentos de decir algo que siempre estuvo ahí, la dificultad de relacionarnos sin rompernos tanto.
“Tusa y Traga no es solamente una historia de relaciones de pareja. Creo que hay tusas realmente profundas, además de las de pareja”, afirma Paola. “Hay trascendencias de seres amados, cuando rompes con tantas etiquetas y cambias de vocación. Siento que hay demasiadas tragas lindas”.
La tusa también puede ser la muerte de un padre, el final de una etapa, la pérdida de una versión de una misma. La traga también puede ser una pasión, una ciudad, una vocación, una ilusión, una idea de futuro.
“No solo hay parejas, exparejas, hay duelo, cambios de vida, otros impulsos, decisiones que me han retirado de lugares físicos y álmicos. Pérdidas, varias, pero sobre todo es ver mi proceso y honrarlo también. Al final, eso vamos siendo, procesos”, dice.
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En el libro, Paola habla de sanar como una tarea hecha de recursos. Se necesita tiempo, claro, pero también compañía, amigas, terapia, escritura, respiración, pequeñas prácticas que ayuden a no quedarse viviendo dentro del dolor.
El ebook incluye códigos QR con meditaciones guiadas, ejercicios de escritura terapéutica, preguntas después de cada capítulo, una especie de diario personal, ilustraciones y una playlist con canciones que acompañaron sus propias tusas y sus propias tragas.
“Tiene escritura terapéutica, tiene meditaciones. Puedes ir a las meditaciones guiadas para conectar con tu niña interior, para sanar. Es un libro bastante recursivo y además tiene unas ilustraciones superlindas. Ahí está prácticamente mi camino”, explica.
La imagen del kintsugi atraviesa el libro: una técnica japonesa que repara cerámicas rotas con hilos de oro y convierte las grietas en parte de su belleza. Paola lleva esa metáfora al corazón, a las heridas que quedan visibles y también pueden empezar a brillar.
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El amor propio es uno de los ejes del libro. Para Paola, amarse es aprender a no pedirle al otro que llene todos los vacíos, dejar de aceptar migajas y reconocer cuándo una armadura ya dejó de proteger. “Cuando tú aprendes a encontrarte contigo, darte bienestar, darte amor, no caes en las migajas. Creo que eso es clave”, dice.
Paola también reconoce que las relaciones enseñan lo que la introspección no siempre alcanza a revelar. Una puede meditar, escribir y sentirse en calma, pero es en el encuentro con otros, con el ghosting, la falta de responsabilidad afectiva o incluso con alguien que ofrece demasiado cuando una no está lista, donde comprende muchas cosas. “Somos seres sociales definitivamente”, reflexiona.
Después de una ruptura, dice Paola, queda una armadura: una forma de protegerse que a veces termina alejando el amor. “Esa es la que hay que ir soltando para amarnos y para volver a amar”, afirma. Por eso define Tusa y Traga como “un libro para respirar, respirarme y que otros puedan respirar con más consciencia”, escrito no desde la periodista ni la editora, sino desde “una mujer que sigue sanando”.
Quienes conocemos a Paola desde hace años reconocemos en Tusa y Traga esa búsqueda suya por entender lo vivido, ponerle palabras al dolor y conectar con lo más vulnerable de los otros. El libro habla de relaciones románticas, pero también de lo que ocurre en el corazón cuando una ama, pierde, se rompe y vuelve a intentarlo.
Tal vez esa sea su mayor fuerza: mira el dolor con calma, lo amasa, lo deja agrietarse y lo vuelve a intentar. Como esa torta navideña preparada en la primera Navidad sin su papá, encuentra en medio de la melancolía una forma de hacer que el corazón respire.
“Quienes estén atravesando no solamente tusas, sino que estén resignificándose, queriendo encontrarse consigo mismas y conectando con la compasión, creo que encontrarán en este libro una forma de aliviar un poco el alma”, concluye Paola.














