Espiritualidad
Jueves 11 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Cosas a las que Dios no presta atención

Cuando se necesitan soluciones, el ‘socorro’ de las palabras rebuscadas de los   adivinadores no sirve de nada. No se ponga a creer en horóscopos; es usted, y nadie más que usted, a quien le corresponde enfrentar su situación.

Publicado por: Euclides Ardila Rueda / euclidesardila@hotmail.com

Dios late dentro de todos nosotros, así muchos no quieran admitirlo. En el fondo sabemos que está vivo; lo que pasa es que nos acostumbramos a acordarnos de Él sólo cuando necesitamos algo.

Y lo peor es que, con relativa frecuencia, tocamos a su puerta para pedirle cosas que se le salen de las manos.

La gente quiere que le ayude a ganarse la lotería o a conseguir novio (a). Cree que,  por arte de magia, Dios le desaparecerá sus problemas. ¡Y eso no es así!

Es el espíritu nuestro el que nos mueve; no es el azar, ni la suerte, ni mucho menos las profecías de los charlatanes las que surten efecto.

Cuando se sabe mirar y sobrellevar las cosas que nos afectan, se sabe todo. Las explicaciones de lo que le pasa a usted están en su corazón; no necesita ni de la casualidad, ni mucho menos de los brujos para identificarlas.

Usted mismo puede  escudriñar lo que está haciendo con su vida.

¡Es cierto! nadie es sabio en todas las ocasiones y, casi siempre, necesitamos de los demás. Sin embargo, ¡qué tal si en lugar de recurrir a pastores hechiceros; en lugar de esperar a los boletos de la lotería o en lugar de consultar el tarot, hablamos con un amigo, con mamá o con Dios!

Vivir no consiste, de manera precisa, en eliminar nuestros problemas; muchas veces la clave radica en aprender a asumirlos.

Además, un obstáculo es una oportunidad. Es mejor ser capaz de simplificar lo complejo, que complicar lo que es sencillo. Nada llega porque sí, ni por ser de ‘buenas’; el trabajo es el que nos abre muchas puertas.

No crea en bobadas, porque la superstición es la religión de los espíritus débiles; y ser así lo puede convertir en una persona incauta.

Tampoco crea que Dios no lo escucha; lo que ocurre es que hay situaciones en las que Él no tiene ingerencia. Si usted hace cosas indebidas, cómo quiere que Él lo salve.

Lo que la gente tiene en sus manos no es un asunto de suerte, ni es algo que se le da de buenas a primeras; es algo que se logra. La vida feliz que se pueda conseguir nunca será un regalo de eso que llaman 'destino'.

Aunque esto puede parecer un juego de palabras, analice la siguiente frase: 'No espere nada esperando; es mejor esperar viviendo'.

Por último, recuerde que Dios siempre quiere hablarle; y que para oírlo, le corresponde hacer silencio.

NO CREA EN EL AZAR

Las bolas de cristal nunca dejarán de ser los talismanes de los videntes, quienes creen ver a través de ellas el mundo interior. Sin embargo, por más de que lo intenten, esos sujetos jamás podrán visualizar ni un solo rasgo de sus sentimientos.

Las velas, así sean de cualquier color, no dejarán de ser cilindros de cera que sirven para alumbrar. Aún así, ellas nunca encenderán la esencia de su ser.

Los horóscopos siempre serán simples interpretaciones de ideas sueltas, juegos de naipes dedicados a la adivinación; pero esas cartas nunca podrán descifrar cuál será su misión en este mundo.

Los astros jamás dejarán de ser imágenes celestes utilizadas por algunos para predecir el porvenir de los demás. No obstante, en ellos, nunca se podrá observar el camino hacia la eternidad.

La popular lectura de la taza de chocolate jamás dejará de ser un pocillo con una pasta, hecha de cacao molido y con azúcar y leche. Y ni siquiera con su delicioso sabor que nos regala, se podrá apreciar en él la realidad que nos rodea.

¡Mucho cuidado! Todas estas ‘armas’ de la adivinación, las bolas de cristal, las velas, el tarot, los astros del cielo, la taza de chocolate y esos programas que se escuchan en la radio diciéndole el número que deben comprar para el ‘chance’, no son otras cosas que artificios de avivatos para sacarle plata.

Esas prácticas de adivinarle la suerte jamás dejarán de ser engaños. Son argucias diseñadas por falsos sabios y profetas, expertos en manipular las angustias y temores de los demás, sólo para atraer, como si se tratara de un imán, los pesos que se deben pagar por sus peculiares consultas.

Esos lectores de cartas, que por cierto han invadido los programas de farándula de la televisión y de la radio, sólo les sirven a los gurúes’ de la adivinación y a sus programadoras, porque sencillamente capturan más incautos y, de paso, elevan el ‘raiting’.

Y lo peor de todo es que, de manera errada, la gente cree que en esa charlatanería se puede encontrar el rayo espiritual de la vida. No le dé el poder de su vida a ese tipo de trivialidades.

¡Lo que a Él le interesa!

* Dios no le preguntará qué modelo de auto usaba;  le preguntará cuánta gente necesitada se transportó en él.

* Dios no le preguntará los metros cuadrados de su casa;  le preguntará a cuánta gente usted albergó en ella.

* Dios no le preguntará la marca de ropa que portaba; le preguntará a cuántos usted arropó con sus abrigos.

* Dios no le preguntará cuál era su sueldo; le preguntará si lo ganaba de una manera limpia.

* Dios no le preguntará si fue una estrella; le preguntará si usted fue un buen ejemplo para los demás.

* Dios no le preguntará qué tanto estudió; le preguntará si en lo que usted hacía, le imprimía profesionalismo.

* Dios no le preguntará cuántos amigos tenía;  le preguntará cuánta gente lo consideraba a usted su amigo.

* Dios no le preguntará en qué vecindario vivía; le preguntará cómo trataba a sus vecinos.

* Dios no le preguntará por el color de su piel;  le preguntará por la pureza de su interior.

* Dios no le preguntará qué posición ocupaba en su oficina de trabajo; le preguntará cómo trataba usted a sus subordinados.

* Dios no le preguntará qué tan buenas fueron sus calificaciones en el colegio; le preguntará qué tan honesto fue a la hora de responder los previos.

 

Publicado por: Euclides Ardila Rueda / euclidesardila@hotmail.com

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