Espiritualidad
Jueves 04 de junio de 2015 - 12:01 AM

¡Buen viento y buena mar!

A veces hacemos tempestades en vasos de agua. Y con relativa frecuencia nuestros ‘aguaceros’ no son más que inofensivas gotas.

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

El deseo del ‘buen viento y buena mar’ les auguraba a los marineros un gran viaje, sobre todo placentero. ¡Eso no quería decir que no se iban a enfrentar a tormentas!

Porque la sola idea de descubrir el litoral y disfrutar de la belleza del paisaje, más allá de las condiciones atmosféricas, era lo más importante y la mejor propuesta de navegación.

Lástima que no nos hayamos acostumbrado a ‘navegar’ la vida con esa ‘brújula’ optimista.

Suele sucedernos que cuando el satélite que guía nuestro estado de ánimo está fuera de trayecto, una extraña nubosidad se cierne sobre nosotros.

No sabemos exactamente por qué, pero todo lo vemos gris. Cuando el tiempo no nos favorece, solemos echarles la culpa a las circunstancias.

Así las cosas, ¡la tormenta no se hace esperar! Luego, en medio de ella, el movimiento de ese inusitado ‘huracán de angustias’ termina arruinando nuestra cotidianidad.

No obstante, el buen clima solo lo disfruta aquel que se levanta y que busca a las circunstancias. ¡Y si no las encuentra, las crea!

Es decir, todos somos responsables de seleccionar el pronóstico de nuestro tiempo: gris o claro, triste o feliz, ansioso o prudente.

¡Es nuestra decisión!

Pero, la naturaleza caótica de la atmósfera de la vida, a veces, hace que nuestro futuro se vea poco alentador.

Deberíamos recordar que, tal y como lo hacen los marineros, también podemos influenciarnos con las predicciones de una mente propositiva.

Con el poder positivo del pensamiento tendremos disposición para triunfar; pero también para estancarnos o para fracasar si somos negativos.

Nuestra mente, casi sin siquiera notarlo, destruye o facilita nuestro camino.

Recuerde: ¡Usted elige! Solo que también será responsable de las consecuencias de lo que decida hacer.

El timón de lo que haga no se maneja con sus manos, sino con el cerebro. O sea que será del ‘tamaño de sus pensamientos’.

Aplicando sencillas técnicas para usar el poder mental se pueden obtener resultados satisfactorios para entender el reto de la vida.

Además, el aprovechamiento de esa actitud tiene la ventaja de que no cuesta dinero, ofrece resultados inmediatos, puede ser empleado en cualquier mar y también es compatible con toda clase de fe.

¡Sonría!

Su mundo, al igual que el barco, siempre fluye. ¡Buen viento y buena mar!

¡a surfear!

Cuando las dificultades aparecen en nuestras vidas, a veces sentimos que nos hundimos. Incluso suele ser tan fuerte el impacto de los problemas, que es como si un ‘tsunami’ nos aplastara con sus gigantescas olas.

Por supuesto que, pase lo que pase, nos corresponde seguir nadando.

Y los dos salvavidas para flotar, aún en medio de la marea alta, tienen nombres propios: actitud positiva y fe.

Esos dos ‘flotadores’ traen consigo paz interior y mucha calma mental. Recuerde que todas las cosas y personas a las que nos podemos aferrar, nuestras emociones, nuestras familias y pertenencias, están sujetas al cambio.

Lo único que tenemos y lo único permanente, es nuestro estado espiritual. Él nos sirve para enfrentar los temporales.

¿Sabía que los que han superado las más duras pruebas, esos que llamamos optimistas, sostienen

que las cosas difíciles son las más satisfactorias a la hora de ‘abordar’ un obstáculo?

Esas personas ven en las olas, antes que en un anuncio de hundimiento, oportunidades para ‘surfear’; mejor dicho, para salir adelante.

Reflexión y oración

¿Qué será lo que Dios quiere de usted?

¿Acaso desea grandes sacrificios?

¿Será que espera que le dé más de lo que le ofrece?

¡No! Lo que Él pretende es que respete los derechos de los demás, que sea misericordioso y que se conserve siempre humilde.

A continuación lo invitamos a elevarle

a Dios la siguiente plegaria.

Señor: Ayúdeme a ser fuerte sin ser rudo, a ser amable sin ser débil, a aprender con esmero sin arrogancia; a ser gentil sin ser suave; a ser humilde sin ser tímido; a ganar sin aprovecharme de mis contrincantes, a ser valioso sin ser agresivo y a ser agradecido sin ser servil. También le invoco grandeza para entender, capacidad para retener, facultad para aprender, sutileza para interpretar y gracia para hablar. Amén.

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Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA

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