Espiritualidad
Martes 31 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

No es el final, es un nuevo comienzo

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

Es claro que siempre podremos elegir ver las cosas desde dos aristas: refrescando el espíritu de una forma propositiva o enfocándonos en todo lo ‘malo’ que estamos viviendo. Es una buena reflexión para este último día de 2019, justo cuando muchos hacemos balances.

De manera desafortunada algunas personas -obviamente por los momentos difíciles que vivieron durante este año- terminan esta fecha con un pensamiento pesimista.

Y la verdad sería un tonto si les dijera que hicieran como si nada les hubiese pasado, sobre todo porque varios atravesaron por instantes realmente fuertes y complejos.

Sin lugar a dudas al experimentar hechos enmarañados, como los que vivimos durante este año, nos bajamos de nota. Pero también depende de nosotros el hacernos el camino más ameno.

Siempre que pasamos por etapas neurálgicas debemos preguntarnos el ‘para qué’, y no el ‘por qué’.

De esta forma, podemos cambiar el enfoque de la situación y hacer cosas productivas respecto a lo que queremos lograr en el futuro y no concentrarnos sólo en las consecuencias de los problemas.

Lo primero que debemos hacer es aceptar nuestra nueva realidad y hacerles el luto correspondiente a las cosas que se nos escaparon de la mano.

Enfrentar las adversidades con dignidad, con todo lo que ellas conllevan, hace que asimilemos de mejor forma las cosas y pensemos en mejores soluciones.

Una vez hayamos pasado por ese proceso, debemos identificar qué queremos para nuestra vida en corto, mediano y largo plazo.

Así podremos trazarnos metas reales y ejecutables que nos acercarán a tener una mejor vida y a sentirnos bien con nosotros mismos.

Suele suceder que fatalizamos de forma extrema los problemas que nos pasan y se nos crea una nube en la cabeza que no nos permite ver de forma clara y concisa el entorno.

Por eso es importante que aterricemos las ideas y logremos separar lo que estamos sintiendo con lo que realmente eso significa.

Es difícil asimilar que la vida cambia y que no podemos detener el paso de los años. Lo positivo es que siempre hay una oportunidad para replantear nuestra vida y poner las situaciones en contra a nuestro favor.

Si bien el año ya termina y sumamos más días a nuestro calendario; estamos a tiempo de rehacernos.

El amor puede llegar de nuevo, la prosperidad también; incluso nuevas experiencias laborales podrían estar a punto de tocar en nuestras puertas.

Lo importante es que no nos flagelemos más de lo que las situaciones nos producen; es mejor enfocar nuestra energía, tiempo y trabajo hacia lo que tanto anhelamos.

Si llegamos a una etapa de nuestra vida en la cual hemos sentido que hay cosas difíciles de lograr, recordemos que los seres humanos vemos esa realidad como queremos y no como realmente es.

Insisto en que lo primero que debemos hacer es aceptar que nuestra vida ha cambiado. Aunque es difícil hacer todo lo que quisiéramos, la verdad es que sí podemos hacer muchas cosas que nos gustan y que pueden encaminar nuestra vida hacia un mejor futuro.

Analicemos y enumeremos cuáles cosas nos falta hacer en la vida, reales y ejecutables, y lancémonos a realizarlas con lo que tengamos a la mano.

Si se trata de metas que evidentemente no están nuestro alcance debemos descartarlas, ya que pueden hacernos perder tiempo y energía.

En cambio, si nos dedicamos a aquellas que sabemos que podremos lograr, eso traerá satisfacción y por supuesto mejores resultados.

¡Claro! Es probable que nos aceleremos y queramos conseguirlo todo de una.

La ansiedad es una trampa que viene marcada de un afán por tener el control, y la forma más acertada para combatirla es precisamente aceptando que no podemos hacer todo lo que queremos; pero sí podemos asimilar lo que tenemos a nuestro alcance y lo que podemos lograr con ello, que aunque no lo creamos pueden ser cosas maravillosas.

La vida nos tiene preparadas muchas cosas que ni siquiera nos imaginamos, y la más importante de ellas es la de ser felices. ¡Jamás olvidemos ese gran derecho!

Un abrazo. Sé que vendrán bendiciones para todos, pues aún nos falta mucho por vivir.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta sección. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me fastidia la gente que es malagradecida. Yo era de los que les daba la mano a las personas que tocaban a mi oficina, pero al final siempre me pagaban con bofetadas. ¿Por qué existen hombres que olvidan las misericordias recibidas? ¿Qué debemos hacer cuando alguien nos paga con groserías?”.

Respuesta: Sin duda la gratitud es uno de los valores más bellos que existen; pero también es uno de los más olvidados.

Es cierto que no todos saben practicar el agradecimiento y que muchas veces no es recíproco; pero eso no es un motivo para dejarlo de lado en nuestras vidas.

Nuestro problema es pensar que toda buena acción que hagamos por los demás deberá ser recompensada.

Si bien es innegable que el ser humano siempre va a esperar algo de los demás -lo cual no está mal como muchos piensan- lo cierto es que hay que saber con quién ser generosos y con quién no; ya que el problema no es ser buenos con los demás, sino entender quiénes realmente se lo merecen.

Tendemos a confundirnos muchas veces en cuanto a los conceptos de la capacidad intelectual y las emociones.

Se tiende a pensar que ser inteligente o astuto es sinónimo de tener malicia; y que ser bondadoso o generoso es sinónimo de ser bobo; y no hay nada más alejado de la realidad.

La verdad es que para ser buenos también hay que ser muy inteligentes, porque precisamente siempre van a existir personas que quieran aprovecharse de nuestra nobleza, tal y como decía el icónico Chapulín Colorado.

Así que el problema no radica en ser nobles, sino en cómo somos nobles. Si hace un análisis se dará cuenta de que muchas de esas personas a las que quiso ayudar en realidad no eran dignas de ese apoyo que usted les quiso brindar.

Muchas veces actuamos con el corazón y no vemos más allá de nuestros ojos, y ahí es cuando cometemos errores.

Le recomiendo que no pierda esa capacidad de ayudar a sus semejantes, pero que al mismo tiempo sepa hacerlo de forma inteligente y asertiva para que esos actos le den frutos en el futuro. Así estará más tranquilo y no pasará momentos bochornosos por querer ayudar a todos.

Nunca ayudar a los demás será un acto del que deba avergonzarse o sentirse mal. Aquí estamos para apoyarnos unos a otros. Además siempre debemos darle gracias a Dios por la vida misma. Bendiciones y éxitos en este 2020 que está a punto de comenzar.

REFLEXIONES CORTAS

* Jamás difunda lo que daña a otros, sobre todo si se trata de un chisme o de una calumnia.

En ciertos momentos usted debe tomar la decisión de hacerse a un lado para no seguir propagando el incendio de los necios. Aléjese de las personas grises, pues a ellas les encanta robarle sus colores.

* Nuestra alegría proviene de la certeza de que el Señor está cerca con su ternura, su misericordia, su perdón y su amor.

* Diga lo que siente o ese silencio le hará ruido toda la vida.

* El sentido de la vida radica en tener historias para contar, no cosas para mostrar. Y el mayor valor de su mundo no es lo que consigue, sino en lo que se convierte.

* Cuando hace las cosas con amor y pensando en hacerle el bien al otro, nunca pierde. Entregue su corazón en todo lo que haga, ese es el mejor regalo que puede hacerle al mundo. Quédese con esa paz de haber hecho lo correcto.

* El cerebro no es un vaso por llenar, sino una bombilla por encender. ¡Dele luz a cada uno de sus sueños!

Publicado por: Euclides Kilô Ardila

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