Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta columna. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Por más que les imprima ganas a mis iniciativas, nunca me salen bien. Cada vez que anhelo una cosa, se me aleja la posibilidad de alcanzarla. ¿Por qué me pasará eso?”.
Respuesta: Son muchas las situaciones en las que aspiramos a algo, con todas nuestras fuerzas, y no se nos da. Lo que más nos decepciona es que hacemos grandes esfuerzos para alcanzar ese proyecto y, aún así, nos es esquivo: a veces es una relación, en otros casos es acceder a un empleo o tal vez ganar dinero; incluso vencer algún tipo de vicio es una misión titánica.
Comprendo su frustración, pero no por eso debe sentirse derrotado. ¿Sabe algo? Suele suceder que, cuando dejamos de querer ese objetivo con tanta intensidad, de repente se nos abre esa posibilidad que nos permite conquistarlo. A mí me ha pasado que, al dejar de obsesionarme por algo, un tiempo después lo consigo.
También he emprendido iniciativas y, por más que luché por ellas, nunca se me dieron. ¡Tal vez no me correspondía realizarlas o no era mi momento!
He aprendido que, los caminos de los hombres nobles y constantes siempre se despejan para bien. Creo en la sincronía del universo y que él diseña circunstancias para que todo gire como debe ser.
Piense qué puede estar pasando con sus anhelos. Y el primer autocuestionamiento debe girar en torno a si aquello que tanto desea tiene el poder transformador que le otorga. De pronto usted desea algo utópico. Si es así, no se quede preso en deseos imposibles o fantasías irrealizables.
Si diseña retos viables, si es constante, si se tiene fe y si derriba las barreras que surjan, saldrá adelante. ¡Dios lo bendiga!
BREVES REFLEXIONES
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Cada día dedique cinco minutos para dialogar con Dios. En silencio pídale por lo que le apena, lo que le preocupa, lo que le duele y lo que teme. También agradézcale por las cosas que le ha dado. Recuerde que todo lo que sube al Creador en forma de oración, baja luego a usted en forma de bendición.

Tal vez usted ha sentido que la vida lo pone contra el suelo y que el mundo se le derrumba. Aunque la vida le dé ‘motivos’ para renunciar, si tiene fe podrá levantarse y recomponer el camino. Además, en este proceso, Jesús le da más de una señal para que no desista y mire la vida con esperanza.

Ayudar a otras personas es un gran medio para alcanzar el bienestar espiritual. A través de un gesto solidario puede poner en práctica la empatía y la nobleza, sobre todo con los que dependen de otros: niños, niñas, adolescentes, personas con discapacidad o de escasos recursos económicos.
















