Por lo general, las preocupaciones nos afectan más de la cuenta. Deberíamos tomarnos el tiempo suficiente para relajarnos y así entender que, aunque pasemos por situaciones difíciles, nada sacaremos desvelándonos. Tanta ‘pensadera’ nos desgasta y nos quita energía.

Es común que las preocupaciones nos quiten el sueño y nos agoten física y mentalmente. No importa quiénes seamos, siempre pasaremos por esos días en los que los problemas nos roban la paz.
No obstante, la idea de evitar que las preocupaciones nos agobien durante las veinticuatro horas del día puede resultar más sencillo de lo que se cree. Para empezar, basta con tener voluntad y disciplina para comprender y convencernos de que, sea cual sea la situación que nos inquieta, sí podemos estar por encima de las circunstancias y jamás permitir que ellas sean las que nos dominen.
También es conveniente tener presente que si un problema no tiene solución, no es un problema sino una realidad inmodificable; y si eso es así, para qué preocuparnos. Lo que se debe hacer es asumir la situación y seguir adelante.
Además, algo que nos ayuda a controlar las preocupaciones y que permite modificar esa costumbre malsana y equívoca de estar todo el tiempo pensando en lo mismo, consiste en identificar si aquello que nos inquieta es real o si solo existe en nuestra imaginación.

Tengamos en cuenta que el término ‘preocupación’ significa ‘ocuparse previamente de algo que no ha sucedido’. Siendo así, ¿qué sentido tiene invertirle tiempo, atención y energía a un hecho que de pronto no ocurre?
La estadística no falla: de cada cuatro temores que nos desvelan, tres suelen ser exagerados por nuestras mentes.
Tampoco debemos tratar de dar solución a todos los problemas a la vez. Cuando caemos en el error de pensar al mismo tiempo en las dificultades que se tienen en las áreas afectivas, laborales, económicas y familiares, lo único que logramos es el “efecto licuadora”.
Ojo: intentar ‘revolver’ y ‘resolver’ todos los problemas de una, no siempre es posible. Eso solo contribuye a que nos desesperemos más y terminemos vislumbrando nuestra vida como un ‘callejón sin salida’.
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Asumir con madurez aquellos hechos que nos quitan la paz, tiene que ver con determinar cuál de todas las situaciones que nos atormentan exige una solución inmediata o urgente. ¡Cada problema tiene su tiempo y su hora de solución!
También será preciso tomarnos un tiempo para respirar, sabiendo que casi todas las cosas volverán a funcionar si las ‘desenchufamos’ por unos minutos.
Y a veces, cuando sentimos que vamos a tocar fondo, lo más útil es recuperar la esperanza, orar a Dios y saber que su misericordia estará al alcance de nuestras manos. Amén.
BREVES ESPIRITUALES
¿Sabía que un solo rayo de sol es suficiente para borrar millones de sombras? No es una metáfora, es una gran verdad. La ráfaga del astro rey nos brinda bienestar físico y también nos irradia con su significado espiritual.
Podemos sentirnos solos. Sin embargo, aunque el mundo caótico nos arroje a la soledad, Dios siempre está a nuestro lado. En los momentos más oscuros, cuando creemos que todo está perdido, Él nos da su mano y nos bendice.
Si siente que las tragedias lo ahogan y su barco no viene a salvarlo, nade hacia él para encontrarlo. No se quede atornillado, so pena de hundirse. Eso sí, debe tener fe, pues ella será indispensable para su supervivencia espiritual.
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La vida nos trae desvíos, pruebas y dificultades. Probablemente todos hemos pasado por momentos en los que la angustia y el desaliento nos atosigan. En esos casos debemos orar a Dios y, con la plegaria, solicitarle una dosis de entereza.
EL CASO DE HOY

Testimonio: “Confíe demasiado en algunas personas que creía mis amigas y, al final, me defraudaron en el alma. ¡No me cumplieron con sus promesas y me traicionaron de una forma cruel! Aunque eso pasó hace cinco años, no olvido lo que me hicieron. ¿Cómo hago para que ese recuerdo no me atormente tanto? Gracias por atender mi carta”.

Respuesta: Lamento que los dolores del alma que hoy lo tienen mal hayan sido causados por las traiciones perpetradas por aquellas personas en las cuales usted confío; sin embargo, no debe quedarse en las lamentaciones o en las amarguras.
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Ese recuerdo no tiene por qué atormentarlo más, sobre todo sabiendo que eso ocurrió hace ya cinco años. ¿No cree que debe pasar la página y mirar hacia el frente? Aunque debe tener memoria de lo que le hicieron, tiene que desterrar sus rencores.
Su corazón necesita liberarse de esos sentimientos negativos y resentimientos. ¡Cambie su perspectiva y sea más propositivo!
De ahora en adelante, tenga claro que no debe ser ingenuo ni creer al pie de la letra todas las cosas que la gente le prometa por ahí. Recuerde lo que dice la sabiduría popular: “El término justo será siempre la mitad de la mitad”.
Aprenda esa lección y ponga punto final a esta historia de una vez por todas. Ha llegado la hora de practicar esa fórmula llamada ‘perdón’; descubra el efecto sanador de su terapia.
Aunque piense que tener rencor hacia quienes le hicieron daño es algo justificado, en últimas es usted quien se está haciendo daño. En cambio, al perdonar estará más listo y mejor instrumentado para seguir adelante y, sobre todo, para superar las dificultades; incluso para entender que siempre será mejor confiar en Dios que en los hombres. ¡Hágame caso y no se atormente más!


















