Ante situaciones adversas, es preciso aprender a recuperarnos y a mantener un equilibrio emocional. No se trata de escapar de las dificultades, sino de enfrentarlas de manera constructiva y aprender de ellas.

Muchas plantas son resistentes a la sequía y, a pesar de las duras condiciones que afrontan, ellas siempre producen preciosas flores. Son capaces de renacer en medio de terrenos grises y llenos de grietas.
¡En efecto! Las especies naturales logran surgir más allá de las borrascas y de estar atadas a un terreno hostil. ¿Cómo lo logran? La verdad es que encuentran una oportunidad para extender sus raíces hacia la profundidad, buscando el agua y los nutrientes que necesitan para crecer.
Así como las plantas son capaces de sobreponerse a las adversidades, nosotros también podemos resurgir a pesar de las temporadas difíciles en las que estemos inmersos. Solo que en nuestro caso es la entereza la que nos da la fuerza interior, la esperanza y la fe para no desistir.
Debemos reconocer, eso sí, que los momentos difíciles suelen tener un gran impacto en el estado de ánimo y en la salud física y mental; incluso a veces las vicisitudes hacen que nos sintamos impotentes y abrumados por el estrés y la ansiedad. ¡Permitámonos sentir esas emociones! Al hacerlo, vamos descubriendo que incluso los sentimientos más intensos y molestos pasarán y que el trauma de esos momentos adversos comenzará a desvanecerse.
Claro está que hay que tener paciencia, porque aunque las temporadas complicadas no duran para siempre, rara vez terminan pronto. Así las cosas, conforme avancemos por la oscuridad, necesitaremos encontrar formas para mantener la motivación y la perseverancia.
Recuerde: Nadie dijo que superar una adversidad sea algo fácil, pero tampoco vinimos a este mundo a sufrir eternamente. Aunque los problemas aparecen de manera inesperada, no son el fin del mundo: ¡No nos dejemos achantar!
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Desde dicha perspectiva, hemos de tener claro que detrás de cada momento difícil viene el descubrimiento de fortalezas que desconocemos y que podemos aprovechar.
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La entereza no es solo una cualidad de las personas fuertes. ¡Todos la poseemos! Solo que ella se va cimentando a través de un proceso continuo, que requiere un esfuerzo adicional para aumentarla y mantenerla. Es decir, aunque las duras épocas nos golpeen, también nos podemos ir poco a poco fortaleciendo con acciones que nos permitirán salir adelante.

Cada obstáculo, además de obligarnos a salir de la zona de confort, nos permite mirar más allá de nuestra cotidianidad. Por muy afligidos que estemos, ante las adversidades siempre debemos levantar la cabeza para mirar hacia un horizonte distinto al de vivir resignados a llorar.
A usted, a mí y a muchos también nos hace falta calma para ver cada traspié como algo relativamente normal que, con una gota de entereza, podremos superar.
Los invito a despejar los caminos de los problemas. Cada prueba se convierte en una maestra que nos revela la grandeza de lo que tenemos y lo que a menudo damos por sentado.
Dios siempre estará con nosotros y nos guiará hacia un entendimiento más profundo de lo que significa vivir con plenitud y gratitud. Abramos nuestros corazones al Señor, dejemos en sus manos nuestros afanes y con entereza superemos los problemas, pues ellos finalmente hacen parte de la vida misma.
BREVES REFLEXIONES

Así nos enojemos, nunca podemos salirnos de casillas. Eso nos hace daño y afecta a quienes se encuentran a nuestro alrededor. ¡Aprendamos a manejar la rabia y siempre tengamos compostura! Antes de irnos ‘lanza en ristre’ contra los demás o de estallar, respiremos profundo.
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Los fuertes también se derrumban, la diferencia es que no hacen tanto ruido como nosotros. Todos debemos tener presente que el cambio empieza en nosotros mismos y que, para ser espiritualmente fuertes, debemos hacernos responsables de nuestros actos. ¡Afrontemos lo bueno y lo malo que nos ocurra!

Las palabras son como llaves: si las usamos mal, todas las puertas se cierran; pero si las usamos bien, nos llueven bendiciones. No permitamos que de nuestras bocas salgan groserías o reproches. Midamos el alcance de lo que decimos y evitemos, en la medida de lo posible, hablar más de la cuenta.
EL CASO DE HOY

Testimonio: “Atravieso por una época de oscuridad. Nada en mi vida se ve claro y mi estado de ánimo se ha ido apagando. Es como si se me estuviera congelando el espíritu. ¿Qué me puede estar ocurriendo?”
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Respuesta: ¡Hasta en la oscuridad más profunda brilla una luz! Se trata de una chispa de esperanza que siempre está presente y, aunque no la detecte, en el fondo de su corazón yace esa energía para reconectarse con la vida. A través de ese rayo podrá tener una perspectiva diferente.
El tema es que debe asumir la sana actitud de enfrentar la situación que vive con decoro y tiene que buscarle una salida a ese embrollo anímico que lo embadurna.
Haga una autoreflexión para que pueda definir con exactitud las razones que lo han llevado al estado en el que se encuentra.
Aunque atraviese por momentos en los que parece que la vida se le está “congelando”, tal y como usted lo escribe en su carta, siempre podrá renacer y recuperar la calidez.
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Lo que afronta no es eterno; es tal vez una etapa que, aunque es complicada, también puede ser una oportunidad para aprender. Ojo: debe permitirse sentir eso que le preocupa, pero también debe darse la oportunidad de sanarse.
Es mi responsabilidad decirle que debería buscar un concepto médico, para descartar un posible diagnóstico de depresión. Un sicólogo le plantearía terapias que le permitirían tener la visión propositiva que ahora le falta.
En este momento difícil le sugiero que le pida a Dios serenidad para saber actuar. Lo animo a seguir buscando la belleza en cada pequeño rincón de su mundo, pues cada amanecer lo sorprende para bien, y su espíritu tiene una fortaleza que tal vez no ha podido reconocer de manera plena.

















