A veces nos sentimos tan sobrepasados por una situación o abrumados por problemas que nos ocurren a la vez, que no sabemos por dónde empezar a resolverlos. ¿Le ha sucedido?

Suele suceder que tenemos la sensación de que todo se desmorona a nuestro alrededor y que la vida nos pesa demasiado. En medio de esa confusión, solemos sentir que cada paso que damos nos lleva a un callejón sin salida.
En esos momentos, lo peor que podemos hacer es permitir que el abatimiento nos arrastre hacia la desesperación y la tristeza. Lo menciono porque, sin darnos cuenta, nuestra propia forma de pensar puede encerrarnos en un círculo del que parece imposible salir.
Nada ganamos quedándonos de brazos cruzados y sumidos en sentimientos como la pena, la rabia, el victimismo o la culpa. Es fundamental comprender dónde y por qué estamos atascados. ¡Resolver esas dudas será clave para seguir adelante!

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No es lo mismo hacer una pausa para evaluar nuestra vida que dejarnos llevar sin rumbo, sin emociones y sin un mínimo de cordura y comprensión.
Recordemos que siempre hay una salida. Lo que hoy vemos como “problema” puede ser, en realidad, una oportunidad para aprender y descubrir caminos que antes no habíamos considerado. A veces, esas situaciones nos ayudan a salir de nuestra zona de confort y a crecer.
Sé que los momentos difíciles pueden hacernos sentir agotados, pero, en lugar de dejarnos vencer por las adversidades, intentemos encontrar en ellas una forma de fortalecernos.

¿Cómo lograrlo?
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La manera como afrontamos los problemas es un factor determinante para superarlos, ya que influye directamente en nuestro estado de ánimo, en nuestra autoestima y, en general, en nuestra vida personal.
Reflexionemos sobre las áreas en las que necesitamos trabajar y busquemos estrategias para mejorar. La clave está en no rendirse y seguir avanzando, aunque sea a paso lento.
Ahora bien, no todo en la vida es preocupación y trabajo. Regalémonos momentos de descanso y alegría. Salgamos al aire libre, viajemos si podemos, disfrutemos de un buen libro, veamos una película o, simplemente, tomemos un tiempo para relajarnos y compartir con las personas que queremos. A veces, pequeños detalles como estos pueden marcar una gran diferencia.
Y no olvidemos hablar con Dios. Pidámosle fuerzas, no para resolverlo todo como por arte de magia, sino para que nos ayude a enfrentar lo que venga.
Con Dios encontramos la fuerza, la valentía y el coraje para seguir adelante y salir de situaciones difíciles. Cultivemos nuestra fe e invoquemos sus bendiciones.
Suele suceder que, en los momentos más oscuros, es cuando más nos acercamos a nuestra fe. Puede que, en algún punto, sintamos que todo está perdido, pero, cuando menos lo esperemos, algo cambiará y veremos una luz en el camino.
Con Dios podemos alcanzarlo todo y mucho más de lo que imaginamos. Con sus sagradas bendiciones, hacemos realidad nuestros sueños, metas, planes, propósitos o aspiraciones.
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Ante un problema, la clave es recuperar el dominio de nosotros mismos y, con ello, hacerle frente a la adversidad. Que los acontecimientos no nos paralicen. ¡Es mejor afrontar y resolver el lío!
Si ha llegado hasta aquí y siente que está abrumado por los problemas, lo invito a elevar la siguiente plegaria:
Jesús, mi Señor, en este momento de dificultad que estoy viviendo, no quiero perder la fe ni la esperanza. Me urge una gota de serenidad y una bendición suya. Quiero mantenerme firme, saber tomar decisiones y también saber esperar. Sé que, muchas veces, debo dejar que las cosas fluyan según su voluntad. Amén.
La pregunta del día

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Veamos el caso de hoy:
Testimonio: “Debo confesar que vivo con rabia y, en algunas ocasiones, estallo más de la cuenta. Parezco un fosforito. A veces me trago todo, me contengo, pero eso resulta ser peor. Sé que está mal, pero no logro controlarme. Siempre termino más frustrado y aburrido. ¿Qué puedo hacer para controlar esa emoción negativa?”
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Respuesta: Todas las emociones cumplen una función, pero algunas no están ‘bien vistas’, como es el caso de la rabia emocional. El enojo o la frustración hacen que usted pierda el control, tal y como lo menciona en su carta. Sin embargo, no está bien que actúe de forma pasiva ni que intente reprimirlo todo, porque eso acaba generando rabia contenida y desarrollando más resentimientos. Esto significa no haber olvidado lo ocurrido y permanecer en el dolor, el enfado y la misma rabia, como si acabara de suceder.
Reflexione sobre lo que puede estar ocurriendo en su vida: ¿acaso acumula tristezas, tratos injustos o traiciones? ¿No ha logrado cumplir sus expectativas?
Para dejar ir emociones de este tipo, lo mejor es reflexionar sobre estas preguntas. Hay quienes saben canalizar la rabia a través del deporte, el yoga, la meditación, la oración, la lectura, entre otras prácticas que se convierten en bálsamos.
Es cuestión de encontrar el método más adecuado para usted, sin que por ello tenga que alejarse de su realidad. Si la situación es muy grave, es clave acudir a terapias planteadas por profesionales de la psicología, que le permitan aprender a manejarla.
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Usted mismo puede ayudarse tratando de empatizar en lugar de culpar a los demás. Lo que le propongo no es otra cosa que intentar comprender la visión de la persona que le provoca esa reacción y utilizar la asertividad al comunicarse con ella.
Breves del día

Sea sabio y agradezca por cada bendición recibida, por cada experiencia vivida y por cada circunstancia experimentada. Estos consejos son, sin duda, muy acertados. Recuerde que la sabiduría consiste en dejar de luchar contra la vida misma y comenzar a abrazarla con la mayor serenidad posible.

Si siente que vive con miedo o sufre en una relación que lo asfixia, tome hoy la decisión de salir de esa oscuridad, aunque al principio la luz del exterior parezca deslumbrarlo. Sólo dese una oportunidad, elija con conciencia y comprenderá que regresar a la oscuridad no tiene sentido.

El cambio debe empezar por nosotros mismos. ¡Es momento de ponernos manos a la obra! Cada paso que demos nos transformará y traerá beneficios para nuestra existencia. Con ese primer paso hacia los sueños diseñados, abonamos los cimientos y edificamos los más nobles propósitos














